En Cozumel, los mapaches crean sus propios juguetes (y beben margaritas)

Reportajes Especiales - Lifestyle

An undated still image from video by Nessie O’Neil of one in a family of pygmy raccoons, near a beach club on Mexico’s island of Cozumel, that learned from one another to craft paper balls and play with them. Scientists said the activity is an indication that the animals have a culture. (Nessie O’Neil via The New York Times) — NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH RACCOONS TOYS BY TAYLOR MITCHELL BROWN FOR SEPT. 25, 2026. ALL OTHER USE PROHIBITED.
An undated still image from video by Nessie O’Neil of one in a family of pygmy raccoons, near a beach club on Mexico’s island of Cozumel, that learned from one another to craft paper balls and play with them. Scientists said the activity is an indication that the animals have a culture. (Nessie O’Neil via The New York Times) — NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH RACCOONS TOYS BY TAYLOR MITCHELL BROWN FOR SEPT. 25, 2026. ALL OTHER USE PROHIBITED.
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Mientras los turistas bebían margaritas y descansaban en un club de playa cercano en un cálido día de enero en Cozumel, México, una científica observó a una joven mapache hembra que disfrutaba de su propio tipo de ocio.

La investigadora observó cómo la mapache sacaba de un bote de basura un largo recibo de papel, le daba forma de pelota y comenzaba a golpearla entre sus patas como un balón de fútbol.

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Pero a continuación, dicen los investigadores, el animal hizo algo aún más sorprendente: enseñó a su familia a crear las pelotas y a jugar con ellas también.

Según los investigadores de la Universidad de Miami, este descubrimiento constituye la primera evidencia documentada de mapaches que fabrican y juegan con juguetes.

La investigación, publicada el mes pasado en la revista científica Wild, revela una práctica cultural hasta ahora desconocida y cómo la aprenden los animales.

Los científicos definen la cultura como información o comportamientos transmitidos a través del aprendizaje, en lugar de por herencia. Si bien la fabricación de herramientas, e incluso la de juguetes, se ha observado en otras especies, el estudio de Wild representa la primera vez que se registra que los mapaches participan en la cultura material: utilizar objetos y aprender de otros cómo usarlos.

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"He observado cientos de horas de mapaches", dijo Louis Lazure, biólogo y experto en mapaches de la Universidad de Concordia que no participó en la investigación, "pero nunca había visto algo así".

El estudio se centra en los mapaches pigmeos, una especie en peligro crítico de extinción de la que quedan menos de 200 individuos en la naturaleza y que viven exclusivamente en la isla turística de Cozumel. Los pigmeos son más pequeños y de color más claro que sus homólogos del continente, adaptaciones que les ayudan a prosperar en los veranos cálidos y húmedos del sureste de México.

Los animales, que viven en los bosques de manglares y ecosistemas costeros de la isla, tradicionalmente subsistían con una dieta de cangrejos y caracoles. Hoy en día, comen cada vez más la basura que desechan los turistas, lo que los acerca más y más a los botes de basura.

"Hay mucha desnutrición en estos mapaches debido a una dieta que es muy muy alta en totopos", dijo Nessie O'Neil, bióloga de mapaches y autora principal del estudio.

Los mapaches regularmente piden totopos a los turistas o los sacan de los botes de basura. Pero mientras observaba a los mapaches en enero, O'Neil notó que una mapache buscaba otra cosa.

"Vi a una de las más jóvenes correr hacia los botes de basura y, en lugar de ir a los botes normales de basura orgánica donde su mamá les enseñó a escarbar en busca de totopos, se metió a los de sintéticos", dijo O'Neil. Fue entonces cuando agarró el recibo y comenzó a darle forma de pelota; lo sumergió en el agua, lo hizo rodar en la arena y lo convirtió en un juguete con el cual jugar.

"Luego la puso en el suelo y simplemente la golpeaba de un lado a otro", dijo O'Neil.

"Obviamente", agregó, "fue adorable".

Durante un periodo de 64 horas distribuidas en incrementos de ocho horas, O'Neil presenció un total de 14 intentos de hacer pelotas. La hermana de la primera mapache también intentó hacer las pelotas, pero inicialmente tomó los tipos de material equivocados de la basura.

"Si lo haces con una toalla de papel o una servilleta, se deshace enseguida", dijo O'Neil. Una vez que la hermana tuvo el material correcto --un trozo de papel más resistente-- aun así fracasó. Eso llevó a la primera mapache a arrebatarle uno de los intentos fallidos y doblarlo adecuadamente para ella.

Después de observar, la hermana mapache logró crear con éxito sus propios juguetes. Más tarde, ella y su hermana usaron una de las pelotas fabricadas para jugar con un grupo de coatíes jóvenes, un mamífero emparentado que también es endémico de Cozumel.

"Vemos algún tipo de interacción social o aprendizaje social que es realmente fascinante y novedoso", dijo Michelle Szydlowski, bióloga de la Universidad de Miami y coautora del estudio.

La madre de las hembras también intentó hacer pelotas pero fracasó, según los investigadores, aparentemente porque estaba ebria. Después de sorber los restos de una margarita abandonada, la madre mapache se alejó tambaleándose e intentó hacer una pelota. Pero al fracasar, la mapache mayor se resignó a desfallecer sobre la arena cálida.

Esa fue "la parte realmente emocionante", dijo Szydlowski. "Debido a que los mapaches son tan táctiles, que manipulara objetos no fue una gran sorpresa, pero que la otra intentara copiar a la primera, y luego la primera lo tomara y en cierto modo lo rehiciera, y que luego la madre lo intentara, ahí es donde se pone realmente emocionante".

Hacer juguetes no es inaudito en el reino animal. En 2010, unos investigadores informaron que las hembras de chimpancé salvajes en Uganda hacían y jugaban con "muñecas" de palos. También se ha observado a delfines que hacen juguetes con conchas, estrellas de mar e incluso peces globo vivos. Los delfines provocan a los peces globo para que se inflen y se conviertan en bolas espinosas antes de pasárselos de un lado a otro.

El comportamiento de los mapaches documentado recientemente se asemeja al de otros mamíferos, a cuyas crías les gusta jugar mientras los adultos se mantienen al margen, relativamente desinteresados, dijo Lazure. Aun así, el comportamiento aquí es mucho más complejo, lo que subraya la capacidad cognitiva de los mapaches, dijo.

Szydlowski cree que el descubrimiento resalta los distintos rasgos culturales que pueden desarrollarse en los animales, lo que podría ayudar a reunir apoyo para su protección. "Siempre que podamos demostrar que hay una sociedad aquí, que hay una cultura aquí, tenemos una mejor oportunidad, con suerte, de encontrar protección para ellos", dijo.

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