Agregar Infobae enGoogle

Un juez de televisión y una cantante de R&B se enfrentaron a los trols en línea. No llegaron muy lejos.

Reportajes Especiales - Business

Imagen EQJPMOCUH5BHXOYUU3NI52WDIA
Guardar

Faith Jenkins Lattimore y Kenny Lattimore acababan de celebrar su quinto aniversario de bodas cuando empezaron a escuchar los rumores: ella lo había engañado. Él era gay en secreto. Estaban en una batalla judicial.

Normalmente, ignoran los chismes: ella es jueza de un programa de televisión, él es un cantante de R&B nominado al Grammy; tienen hijos pequeños y no tienen tiempo para rumores: pero estas historias provenían de familiares, amigos y desconocidos. La pareja decidió investigar.

Descubrieron videos en YouTube llenos de mentiras y contenido generado artificialmente sobre su matrimonio, un tesoro que también estaba contaminando los resultados de búsqueda sobre ellos en Google.

PUBLICIDAD

Muchas personas han sido difamadas de forma anónima en línea. La mayoría espera a que el escándalo se calme o tal vez publica una réplica.

Los Lattimore optaron por luchar.

Citaron a Google, dueño de YouTube, para que revelara la identidad de los creadores de los videos. Demandaron a los que pudieron identificar --una medida poco común-- y gastaron decenas de miles de dólares e innumerables horas en este esfuerzo, comentaron.

Aun así, el dinero, la experiencia legal y su determinación no lograron que se eliminaran todos los videos ni que se borraran las mentiras de las sugerencias de los motores de búsqueda. Los Lattimore descubrieron que la economía de la atención está estructurada para recompensar las afirmaciones más llamativas; esto permite que las narrativas sensacionalistas sin fundamento se propaguen y resurjan constantemente con poca resistencia por parte de las plataformas de las redes sociales. La agotadora lección de 16 meses sobre la desinformación moderna puso de relieve que contraatacar no solo es difícil, sino que rara vez repara el daño.

PUBLICIDAD

"Todos deben saber que esto es una advertencia: esto será una bola de nieve si no se controla", dijo Faith Jenkins Lattimore.

A través de un portavoz de Google, YouTube dijo que tomó medidas contra el contenido que infringía las reglas y ofreció vías legales a los que tuvieran quejas, pero que, por lo demás, no se pronuncia en disputas sobre hechos.

Los Lattimore, junto con expertos en desinformación que revisaron el caso, creen que los creadores de YouTube querían explotar la modesta fama de la familia para maximizar las visualizaciones y en última instancia, aumentar sus ingresos de YouTube al generar más tráfico hacia los anuncios o atraer a los suscriptores premium de la plataforma. Kenny Lattimore, de 56 años, ha sido descrito como alguien con una voz "suave y con un brillo similar a las sábanas de seda" y ha grabado 11 álbumes de estudio. Faith Jenkins Lattimore, de 48 años, exsubcampeona de Miss América y fiscal adjunta de distrito en la ciudad de Nueva York, ahora presenta un programa sobre crímenes reales en Oxygen, "Killer Relationship With Faith Jenkins". También ha aparecido como jueza en programas judiciales como "Divorce Court" y "Judge Faith".

Cada uno tiene más de 360.000 seguidores en Instagram, que no los convierte en famosos a nivel estratosférico, pero sí lo suficientemente conocidos como para convertirlos en objetivos. Cuando la pareja publicó un video de aniversario en marzo del año pasado recreando un baile de su boda, obtuvo 4,4 millones de visitas en Facebook y 1,4 millones en Instagram.

Pronto aparecieron los videos sensacionalistas de YouTube. Con títulos como "La jueza Faith CONFIESA todo" y "¡Kenny Lattimore HABLA!", afirmaban tener detalles exclusivos sobre la pareja. A veces estaban narrados con voces de mujeres generadas por inteligencia artificial, ilustrados con imágenes de la pareja generadas por IA y acompañados de citas falsas como "No podía quedarme callada". En total, la pareja encontró 35 videos diferentes en YouTube que especulaban sobre problemas en su matrimonio --contenido que el resumen de búsqueda generado por la IA de Google citó luego como evidencia de divorcio.

Nada de eso era cierto, expresaron.

"Fue desagradable", dijo Kenny Lattimore en una entrevista cerca de su hogar en el sur de California. "En ese momento, creo que me sentí completamente fuera de control".

Es posible que los creadores de los videos hayan intentado aprovecharse de la atención que atrajo el video del aniversario. También es posible que hayan apuntado a los Lattimore por ser negros: todas las cuentas de YouTube se enfocaban en la cultura de las celebridades negras, a pesar de que se operaban casi en su totalidad desde el extranjero, dijeron los Lattimore.

El público afroamericano ha sido un blanco desde hace mucho tiempo de desinformación digital sobre elecciones, salud, justicia social y celebridades, dijo Esosa Osa, fundadora de Onyx Impact, una organización sin fines de lucro que trabaja para proteger a las comunidades afroamericanas de los daños digitales. Los adultos afroamericanos también son más propensos que sus contrapartes blancas a usar regularmente las plataformas de redes sociales y a utilizar etiquetas.

Los mercenarios del sensacionalismo digital "se benefician de la tensión basada en la raza y se benefician de la participación basada en la raza", dijo Osa. "Van a ir donde esté la atención y las figuras públicas negras tienen un enorme alcance, credibilidad y resonancia emocional, lo que las convierte en un blanco único".

José Castañeda, portavoz de Google, dijo que YouTube había eliminado seis canales en el caso de Lattimore y había bloqueado a los propietarios de las cuentas para que no pudieran mantener ni crear otros canales. Diez de los videos no violaban las directrices de la empresa, señaló; los otros videos los eliminaron sus creadores.

Cuando se preguntó a Castañeda sobre la afirmación errónea del divorcio que aparecía en el resumen generado por la IA de Google, explicó que cuando la información verificada es escasa, puede aparecer contenido de menor calidad. Agregó que los resúmenes se actualizan con frecuencia.

Los Lattimore afirmaron que los videos de YouTube constituían tanto una afrenta personal como una amenaza al potencial de sus ingresos. La familia es un pilar clave de la identidad en línea de la pareja: publican retratos impecables con su hija pequeña e hijo de dos meses; promocionan el álbum de canciones de cuna de Kenny Lattimore y hacen referencia al libro de Faith Jenkins Lattimore, "Sis, Don't Settle: How to Stay Smart in Matters of the Heart". Cuando la pareja promocionó un viaje a Sudáfrica para parejas el invierno pasado, los seguidores enojados los tacharon de hipócritas, citando las afirmaciones de los videos de que su matrimonio era una farsa.

"Esto ya está afectando la manera en que nos ven nuestros familiares, cómo nos ve la comunidad empresarial y si confían en nuestra marca", dijo Kenny Lattimore.

Lo que la pareja hizo a continuación fue inusual, dijo Renee DiResta, profesora asociada de investigación en la Universidad de Georgetown que estudia las operaciones de influencia digital y asesoró a los Lattimore.

"Cuando ocurren este tipo de difamaciones, mucha gente tiende a asumir que simplemente tienen que aguantarse", dijo. "Es muy raro ver a alguien que de hecho tome medidas y se haga valer".

Dos meses después de descubrir los videos, Faith Jenkins Lattimore envió una queja formal al equipo de apoyo legal de YouTube, en la que describió una "campaña coordinada de acoso, desinformación sintética y abuso dirigido".

Los videos se enfocaban repetidamente en los Lattimore y los tergiversaban mediante afirmaciones falsas y representaciones generadas por IA, algo que violaba las reglas de YouTube sobre acoso cibernético y suplantación de identidad, escribió. No constituían comentarios, críticas ni uso legítimo, agregó.

La empresa respondió que "no estaba en posición de juzgar la veracidad de las publicaciones", según correos electrónicos compartidos con The New York Times. La única vía que le quedaba a Faith Jenkins Lattimore, dijo YouTube, era a través del sistema judicial.

En consecuencia, la abogada contrató a un abogado: Felton T. Newell, quien ha llevado diversas disputas en el mundo del entretenimiento. Él presentó lo que se conoce como una demanda contra "John Doe" en el Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles contra los usuarios anónimos que subieron el contenido, así como contra Google.

Para revelar la identidad de los propietarios de las cuentas, Newell citó a Google. Con los registros de la empresa, la pareja identificó por nombre a nueve propietarios de cuentas de YouTube. Todos eran hombres.

Willie L. Laney Jr. era el único que se encontraba en Estados Unidos, según una demanda que los Lattimore presentaron en su contra en Maryland. Su canal de YouTube sigue difundiendo narrativas sensacionalistas sobre celebridades afroamericanas como Solange Knowles y Denzel Washington. El video titulado "¡La jueza Faith Jenkins PIERDE EL CONTROL!" tiene más de 100.000 visitas.

Este mes, un juez rechazó la moción de Laney para desestimar el caso. Cuando lo contactaron vía correo electrónico, Laney escribió que los Lattimore estaban pintando una "narrativa sesgada y unilateral", pero no proporcionó detalles.

Los Lattimore finalmente retiraron a Google de la demanda. Los otros propietarios de las cuentas, que operaban desde Pakistán, India y Rusia, estaban en gran medida fuera del alcance de la pareja.

El sistema judicial de EE. UU. ofrece pocos recursos contra las personas que publican desde el extranjero, incluso si afirman ser estadounidenses, dijeron los Lattimore. Castañeda señaló que YouTube evita que los creadores de videos falseen su ubicación al exigirles que verifiquen su identidad y dirección y solo entonces, les permite monetizar el contenido.

Los Lattimore lograron identificar a un titular de cuenta extranjero: Shams Imran, con sede en Pakistán, quien, según ellos, administraba seis canales, varios de ellos tenían cientos de miles de seguidores y fingían tener sede en Estados Unidos. Él publicó (y luego eliminó) 11 videos sobre los Lattimore.

Imran luchó para evitar que Google lo identificara, pero los Lattimore se impusieron y llegaron a un acuerdo de 5 000 dólares en agosto. Imran y su abogado no respondieron a las solicitudes de comentarios.

Más de un año después de que comenzara el calvario, los Lattimore han avanzado más en su campaña de defensa que la mayoría --aunque aún no es mucho--. Varios videos siguen visibles. Algunos de los usuarios de YouTube cambiaron los nombres de sus cuentas y siguieron publicando. "Divorcio" sigue siendo una de las primeras sugerencias cuando los usuarios buscan a la pareja en Google. El interés por los cónyuges se extendió a plataformas como X, donde el número de publicaciones que los mencionan se ha disparado durante el último año, según Peakmetrics, una empresa de análisis de datos.

"No puedo aconsejarle a la gente que se meta en el laberinto de los litigios; simplemente no es una respuesta sostenible para lidiar con esta difamación en línea", dijo Faith Jenkins Lattimore, quien durante toda la disputa también estuvo enfrentando un embarazo complicado. "Por eso YouTube tiene que hacer algo; en este momento, es realmente su responsabilidad".

La pareja ahora está presionando a la plataforma para que implemente cambios más amplios.

En febrero, aparecieron junto a Ben Crump, un abogado especializado en derechos civiles, en una conferencia de prensa para anunciar las denuncias que él había presentado ante el fiscal general de EE. UU. y la Comisión Federal de Comercio sobre las políticas de monetización de YouTube. La pareja también presionará al Congreso este verano, uniéndose a un grupo bipartidista que desde hace tiempo busca modificar la Sección 230, una ley federal que protege a las empresas de Internet de cualquier responsabilidad por el contenido que alojan.

"¿Creen que esto va a parar solo con nosotros, como figuras públicas?", dijo Faith Jenkins Lattimore. "La barrera de entrada a este tipo de negocio es muy baja".

La sede de YouTube en San Bruno, California, el 18 de junio de 2024. (Anastasiia Sapon/The New York Times)

Faith Jenkins Lattimore con su esposo, Kenny Lattimore, en Los Ángeles, el 2 de julio de 2026. (Ariana Drehsler/The New York Times)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD