EE. UU. podría designar a las bandas brasileñas como terroristas

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El gobierno de Trump está considerando designar como grupos terroristas a las dos mayores organizaciones de narcotraficantes de Brasil, tras la presión ejercida por los hijos del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro.

El gobierno de Donald Trump está sopesando designar a las dos mayores organizaciones de narcotraficantes de Brasil como grupos terroristas, tras la presión ejercida por dos hijos del expresidente Jair Bolsonaro, quien está encarcelado y es aliado de Trump, según funcionarios estadounidenses y brasileños.

La seguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los votantes brasileños, y una designación podría dar mayor relevancia a la cuestión y ayudar a uno de los hijos de Bolsonaro, Flávio Bolsonaro.

Este competirá contra el presidente brasileño, el político de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, en las elecciones nacionales de octubre, y lo ha acusado de ser blando con la delincuencia.

La propuesta, debatida en las últimas semanas en el Departamento de Estado, ha suscitado preocupación entre los funcionarios brasileños por la posibilidad de que Estados Unidos intente inclinar la balanza electoral a favor de otro Bolsonaro.

El año pasado, Trump recurrió a aranceles y sanciones para tratar de evitar que Bolsonaro fuera a la cárcel, acusado de haber supervisado un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula. Bolsonaro fue finalmente declarado culpable y condenado a prisión.

El gobierno de Trump ha designado a más de una decena de bandas latinoamericanas como organizaciones terroristas en el marco de una campaña dirigida contra grupos delictivos que, según las autoridades estadounidenses, amenazan a Estados Unidos, incluidos los principales cárteles de la droga mexicanos. Las designaciones significan que el gobierno estadounidense puede imponer restricciones financieras a los grupos y a sus asociados.

Sin embargo, las organizaciones criminales brasileñas, el Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho, no desempeñan un papel importante en el tráfico de drogas a Estados Unidos. Principalmente envían cocaína a Europa y otras partes del mundo.

Pero el secretario de Estado, Marco Rubio, hizo un esfuerzo a principios de este mes. El 8 de marzo, un día después de que Trump organizara una cumbre de líderes conservadores latinoamericanos para hablar sobre la delincuencia y las drogas, Rubio dijo al ministro de Relaciones Exteriores de Brasil que el gobierno de Trump planeaba realizar la designación, según funcionarios con conocimiento de la conversación.

Rubio también pidió al ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, que calificara a las organizaciones criminales como grupos terroristas, pero Vieira dijo que su gobierno no lo haría, según los funcionarios.

Los funcionarios hablaron bajo condición de anonimato para tratar conversaciones privadas.

Se espera que Rubio vea a Vieira en una reunión diplomática en Francia el viernes, y el tema de las designaciones podría surgir si se reúnen cara a cara.

El Departamento de Estado no ha finalizado las designaciones, y cualquier decisión interna podría ser revocada.

El Departamento rechazó hacer comentarios sobre las posibles designaciones, pero reconoció que ambas organizaciones criminales brasileñas estaban en su radar.

Los grupos representan "amenazas significativas para la seguridad regional debido a su implicación en el tráfico de drogas, la violencia y la delincuencia transnacional", dijo el Departamento de Estado en un comunicado.

La oficina de Lula tampoco quiso hacer comentarios sobre las designaciones estadounidenses.

Un funcionario brasileño dijo que Lula y Trump habían negociado en las últimas semanas medidas para combatir el blanqueo de dinero y el tráfico de armas por parte de ambas organizaciones criminales. Las designaciones podrían poner en peligro esas conversaciones, dijo el funcionario, quien pidió el anonimato para hablar de discusiones políticas internas.

En un comunicado a The New York Times, Flávio Bolsonaro dijo que no apoya la injerencia extranjera para resolver los problemas de Brasil con las organizaciones de narcotraficantes, pero que está "a favor de la cooperación internacional" en la materia. Eduardo Bolsonaro no respondió a una solicitud de comentarios.

Entre bastidores, los aliados más cercanos del expresidente han trabajado durante meses para convencer a funcionarios estadounidenses de que las organizaciones narcotraficantes brasileñas representan una amenaza directa para la seguridad y los intereses de Estados Unidos, según dos personas conocedoras de la situación que hablaron de forma anónima para describir las delicadas discusiones.

Flávio Bolsonaro, que además de candidato a la presidencia es senador, viajó a Washington la primavera pasada para reunirse con funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, según estas personas.

Dijeron que lo acompañó su hermano Eduardo, quien ha estado viviendo en Estados Unidos mientras cabildea para que Trump ayude a su padre y al movimiento conservador de la familia.

Durante la visita, Flávio Bolsonaro, quien en aquel momento dirigía una comisión de seguridad en el Senado de Brasil, presentó a los funcionarios estadounidenses un informe sobre las actividades de las organizaciones criminales en Brasil y Estados Unidos, según una persona que asistió a la reunión. El dossier incluía detalles sobre presunto tráfico de armas y blanqueo de dinero, dijo la persona.

Al gobierno de Lula le preocupa que la etiqueta terrorista pueda permitir a Estados Unidos imponer sanciones a bancos brasileños que puedan haber hecho negocios con las organizaciones criminales sin saberlo, dijo el funcionario brasileño.

El gobierno brasileño también teme que la designación abra la puerta a operaciones militares unilaterales de Estados Unidos en el país, dijo el funcionario.

Trump ha utilizado la designación de organizaciones de narcotraficantes para justificar una serie de acciones militares en América Latina, incluidas decenas de ataques letales contra barcos que, según dijo sin presentar pruebas, transportaban drogas a Estados Unidos. La designación de grupos venezolanos también influyó en la justificación pública del gobierno de Trump de la operación militar estadounidense de enero para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

A principios de este mes, las autoridades estadounidenses dijeron que habían bombardeado un campo de entrenamiento de narcotraficantes en Ecuador, pero resultó ser una granja, según una investigación del New York Times.

Brasil tiene leyes antiterroristas, pero no clasifica el narcotráfico como terrorismo ni mantiene una lista propia de grupos terroristas. En cambio, actúa en consonancia con el Consejo de Seguridad de la ONU, aplicando sanciones a los grupos que el organismo internacional califica como organizaciones terroristas.

Si el gobierno brasileño calificara de terroristas a las organizaciones de narcotráfico, supondría un cambio importante de política. Y ceder a la presión estadounidense contradiría la postura de Lula contra la intromisión de Estados Unidos en los asuntos de su país, que ha calificado de amenaza para la soberanía de Brasil.

Por parte estadounidense, Darren Beattie, recién nombrado enviado del gobierno de Trump para Brasil, y Ricardo Pita, asesor del Departamento de Estado, han sido los principales impulsores de la designación, según dos funcionarios.

Beattie, quien ha afirmado que a Bolsonaro le robaron las últimas elecciones en Brasil, provocó tensiones diplomáticas este mes cuando intentó visitar a Bolsonaro en prisión. Esto llevó a las autoridades brasileñas a revocarle la visa.

Beattie, quien hasta hace poco supervisaba la diplomacia pública en el Departamento de Estado, ha intentado estrechar lazos entre el gobierno de Trump y los partidos políticos de extrema derecha en el extranjero. En el primer gobierno de Trump, Beattie fue despedido de un puesto de redactor de discursos en la Casa Blanca tras intervenir en una conferencia a la que asistieron nacionalistas blancos.

Durante un viaje a Brasil en mayo de 2025, Pita visitó a Bolsonaro mientras esperaba el juicio y se hizo fotos con el expresidente, según publicaciones de Eduardo Bolsonaro en las redes sociales.

Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por planear un golpe de Estado, aunque se espera que pase pronto a arresto domiciliario debido a su mal estado de salud.

Aunque Lula se ha resistido a la presión estadounidense para designar a las organizaciones de narcotraficantes como grupos terroristas, ha intentado señalarle a Trump que comparte sus preocupaciones.

La oficina de Lula dijo que tiene previsto hablar con Trump sobre el narcotráfico durante una próxima visita a la Casa Blanca.

La lucha contra los cárteles de la droga se ha convertido en una cuestión política de primer orden en toda América Latina, dando energía a los partidos políticos de derecha que tachan a la izquierda de débil frente al crimen.

En Brasil, Flávio Bolsonaro y otros legisladores de derecha han intentado promover leyes que clasificarían a las bandas de narcotraficantes como organizaciones terroristas, aunque estos esfuerzos se han estancado.

"Está claro que la derecha quiere explotar políticamente esta cuestión", dijo Fábio Kerche, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro. "Intentan vender la idea de que la izquierda protege a los delincuentes".

El Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho se han expandido por todo Brasil y amenazan incluso a comunidades remotas de la Amazonía mediante la violencia y la extorsión. Las autoridades brasileñas dicen que los grupos también se han infiltrado en el sistema financiero, amasando participaciones en la distribución de gas, el sector inmobiliario y las criptomonedas.

La lucha contra el narcotráfico es principalmente responsabilidad de los estados y ciudades brasileños, pero Lula ha respondido a la presión política aumentando los poderes de la policía federal para luchar contra el crimen organizado e incautar activos financieros.

Ahora, la cuestión del crimen organizado podría resultar decisiva en época de elecciones: una nueva encuesta mostró que el crimen y la violencia eran la principal preocupación de casi la mitad de los brasileños.

"La realidad es que Lula se encuentra entre la espada y la pared", dijo Thomas Traumann, analista político y secretario de prensa de una expresidenta brasileña de izquierda.

Jack Nicas ccolaboró con reportería desde Ciudad de México, y Lis Moriconi colaboró con investigación desde Río de Janeiro.

Edward Wong cubre los asuntos globales, las políticas internacionales estadounidenses y el Departamento de Estado para el Times.

Ana Ionova es colaboradora del Times con sede en Río de Janeiro y cubre Brasil y los países vecinos.

Jack Nicas ccolaboró con reportería desde Ciudad de México, y Lis Moriconi colaboró con investigación desde Río de Janeiro.