
Hasan Piker ayudó a llamar la atención sobre una misión de ayuda humanitaria a Cuba. El grupo fue criticado por hacer turismo e ir a una fiesta mientras los cubanos enfrentaban otro apagón.
Hasan Piker se defendió, con una diminuta taza de café en la mano, desde La Habana.
Piker, comentarista político de izquierda con millones de seguidores en internet, se encontraba en Cuba como parte de una misión humanitaria para entregar suministros a los cubanos y exigir, dijo, el fin de las medidas estadounidenses que han aislado a la isla y contribuido a su colapso económico.
La misión humanitaria --denominada Convoy Nuestra América-- forma parte de un movimiento más amplio para sensibilizar a la opinión pública sobre la difícil situación de Cuba. En medio de la escasez de combustible provocada por el bloqueo estadounidense, que ha paralizado la vida en la isla, el convoy está entregando miles de kilos de alimentos, medicinas y paneles solares.
Al grupo de Piker, que viajó a la isla en avión, pronto se le unirán activistas que transportarán más ayuda en barco.
Sin embargo, la misión ha tropezado con minas terrestres políticas. El gobierno de Cuba, que dio su bendición al convoy, ha sido ampliamente criticado por la represión, incluida la detención de unos 1000 presos políticos, y por vigilar a su población.
El grupo también fue criticado este fin de semana por hacer lo que normalmente sería corriente, como alojarse en un hotel con generador eléctrico y usar vehículos motorizados.
Los críticos, incluidos algunos cubanos de la isla, se apresuraron a señalar que Cuba tiene tan poca gasolina que los hospitales han tenido que racionar la energía y la basura se ha amontonado en las calles.
Piker y otros activistas se alojaron en el Iberostar Marqués de la Torre de La Habana, que mantuvo las luces encendidas gracias a un generador cuando, por segunda vez en una semana, Cuba quedó sumida en la oscuridad en medio de un apagón nacional el sábado por la noche.
En una entrecortada retransmisión en directo, Piker defendió la decisión, diciendo que era el único lugar donde se les permitía alojarse a los estadounidenses. "El gobierno estadounidense prohíbe que los estadounidenses se alojen donde quieran cuando están en Cuba", dijo Piker. (La lista de hoteles aprobados por Estados Unidos también incluye alojamientos con calificaciones inferiores).
Los organizadores del convoy dijeron que, aunque algunos miembros optaron por hoteles con capacidad para grupos numerosos, otros participantes se alojaron en establecimientos más pequeños, incluidas casas particulares.
Los comentaristas de derecha y los exiliados cubanos --quienes detestan al gobierno comunista de Cuba-- no tardaron en atacar.
El Convoy Nuestra América incluye un amplio abanico de participantes, desde figuras de la cultura, como Piker, y activistas del grupo estadounidense Code Pink, hasta organizadores sindicales y políticos de toda América Latina y Europa.
Los críticos en internet los insultaron diciéndoles "socialistas de champán" y "comunista de caviar".
Algunos cubanos de la isla, entre ellos la destacada periodista independiente Yoani Sánchez, también cuestionaron la presencia del grupo.
Piker dijo en un comunicado que los ataques pretendían servir de "distracción" del trabajo de activistas y políticos para mostrar cómo el trato del gobierno de Estados Unidos a Cuba había "asfixiado a la isla" y para restar importancia a cómo el gobierno de Trump estaba "emprendiendo otro injustificable intento de cambio de régimen" en Cuba.
Algunos cubanos de la isla, entre ellos la destacada periodista independiente Yoani Sánchez, también cuestionaron la presencia del grupo.
"Dicen que han venido a apoyar al pueblo cubano pero se reúnen con el hombre que dio 'la orden de combate' para reprimir a quienes salieron a las calles el #11J exigiendo '¡Libertad!'", escribió Sánchez en X, y publicó una foto del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Utilizó la etiqueta #11J para referirse a las protestas masivas del 11 de julio de 2021, las mayores manifestaciones del país en décadas, que provocaron una enérgica represión por parte de las fuerzas gubernamentales, con centenares de detenciones.
Los organizadores dijeron que el presidente había dado la bienvenida a los miembros de la delegación en un acto informal celebrado en un centro de convenciones.
Los exiliados cubanos también señalaron que a ellos mismos les gustaría entregar ayuda a sus conciudadanos, pero que no podían hacerlo con facilidad debido a las restricciones de viaje estadounidenses y cubanas.
Mientras los primeros miembros del convoy llegaban este fin de semana, distribuyendo ayuda y reuniéndose con cubanos, varios barcos se dirigían hacia Cuba desde México, encabezados por el Granma 2.0, que lleva el nombre del yate utilizado por Ernesto "Che" Guevara, Fidel Castro y otros revolucionarios para llegar a Cuba en 1956.
La misión incluye a miembros del Parlamento Europeo; a Christian Smalls, líder sindical estadounidense; y a una delegación de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos, el partido de izquierda del que forman parte el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y Alexandria Ocasio-Cortez.
Otros participantes destacados son Jeremy Corbyn, exlíder del Partido Laborista británico, e Isra Hirsi, hija de la representante demócrata por Minnesota Ilhan Omar.
Uno de los líderes de la iniciativa, David Adler, organizó el año pasado una flotilla similar hacia Gaza que fue frustrada por las fuerzas israelíes, que mantienen allí un bloqueo.
Piker, cuya participación pareció atraer más atención al convoy de Cuba, también ha criticado abiertamente la política exterior de Donald Trump en Medio Oriente. El año pasado dijo que lo habían interrogado en un aeropuerto estadounidense acerca de sus opiniones sobre Gaza y Trump.
Los miembros de la misión también fueron criticados por aparecer en una fiesta en La Habana en la que actuó el grupo irlandés de hip-hop Kneecap, que también forma del convoy. Uno de sus miembros enfrentó cargos por terrorismo en Inglaterra por exhibir una bandera de Hizbulá. (Los cargos fueron desestimados posteriormente). Hizbulá es el grupo militante libanés que se opone violentamente a Israel.
Los asistentes a la fiesta gritaron: "¡Cuba sí, bloqueo no!".
Los organizadores dijeron que los delegados no habían planeado una fiesta --no existía un programa formal para la visita--, sino que se habían unido a un festival al aire libre en La Habana que ya estaba en marcha, y que Kneecap había ofrecido una actuación improvisada.
En internet, algunos críticos de la misión también compartieron imágenes de lo que parecían ser participantes sentados en pequeños autobuses turísticos, aplaudiendo y cantando. La diputada Maria Elvira Salazar, republicana cubanoestadounidense por Florida, volvió a publicar el video y criticó a la izquierda.
Adler, uno de los principales organizadores de la convoy, culpó a Salazar de defender el bloqueo que estaba "causando directamente el sufrimiento del pueblo cubano", y añadió: "Rechazamos esta lógica de castigo colectivo".
La respuesta pública de los demócratas a la crisis humanitaria y al bloqueo estadounidense a Cuba, que ya dura un mes, ha sido relativamente escasa. La representante Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, es de las pocas que se han pronunciado, criticando la política estadounidense y calificándola de parte de una "nueva era de depravación".
En un video publicado este fin de semana, Piker dijo que su objetivo al ir a Cuba era "llamar la atención sobre lo que mi gobierno --el de Estados Unidos-- ha hecho a la población cubana. Uno de los embargos más ridículos de todos los tiempos".
Piker se ha convertido en una figura influyente de la izquierda estadounidense tras años de ganarse seguidores fuera de los medios políticos tradicionales.
Desde que Trump fue elegido para un segundo mandato, ha recibido una mayor atención por parte de los demócratas y de los principales medios de comunicación, visto como alguien que podría lograr que más jóvenes --sobre todo hombres jóvenes-- volvieran al redil progresista.
En la retransmisión en directo desde su hotel, Piker abordó las últimas críticas.
Reconoció que su alojamiento en La Habana representaba "prosperidad". Dijo que la "dicotomía" entre el hotel y el modo de vida de los cubanos normales l0 había ―utilizó una expresión impronunciable― trastornado definitivamente.
"Definitivamente", añadió.
Luis Ferré-Sadurní ccolaboró con reportería desde Bogotá, y Jack Nicas y Emiliano Rodríguez Mega desde Ciudad de México.
Annie Correal es corresponsal para América Latina del Times.
Luis Ferré-Sadurní ccolaboró con reportería desde Bogotá, y Jack Nicas y Emiliano Rodríguez Mega desde Ciudad de México.
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