'The Last of Us' con ocho patas

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Una especie de araña recién descubierta en la Amazonía ecuatoriana imita a un patógeno, conocido como el hongo zombi, para protegerse.

Alexander Bentley, herpetólogo, suele guiar a grupos de turistas por un tramo de la selva amazónica de Ecuador. Observa lagartos, víboras y ranas, y disfruta especialmente cuando señala el Cordyceps, un hongo parásito que mata a sus insectos hospederos y es la inspiración de la franquicia postapocalíptica The Last of Us.

Pero en una noche lluviosa del pasado agosto, encontró algo que no había visto nunca. Después de dar la vuelta a una hoja para mostrarle a su grupo algunos Cordyceps, pinchó el crecimiento fúngico, los tallos peludos y amarillentos en forma de zarcillo que suelen ser señal de que el Cordyceps ha matado a su huésped.

De pronto, la masa fúngica se movió. Bentley se sobresaltó: ¿había encontrado un Cordyceps que había descubierto cómo obligar a su huésped a moverse después de que sus zarcillos hubieran atravesado el exoesqueleto de la criatura?

Bentley, fundador de Waska Amazonía, una fundación conservacionista, recogió el espécimen y publicó su descubrimiento en iNaturalist, una plataforma de ciencia ciudadana. Los usuarios del sitio dijeron que no se trataba de un hongo, sino de una araña que fingía estar infectada por uno. El hongo que imitaba la araña era Gibellula, un género de hongos parásitos de la misma familia que Cordyceps.

Los usuarios de iNaturalist ayudaron a identificar el grupo de la araña, que era un género poco frecuente conocido como Taczanowskia. El colega de Bentley, David Ricardo Díaz-Guevara, curador de arácnidos del Instituto Nacional de Biodiversidad de Ecuador, estudió el espécimen y quedó "impactado" al identificar la araña como una nueva especie: Taczanowskia waska.

Ambos, junto con Nadine Dupérré, del Museo de la Naturaleza de Hamburgo, publicaron sus hallazgos en la revista Zootaxa el mes pasado.

Los hongos parásitos dependen de los invertebrados para propagar sus unidades reproductoras, conocidas como esporas. Su ciclo vital comienza cuando las esporas se posan en una criatura, como una araña, y empiezan a crecer en su interior. Los hongos pueden digerir las entrañas de la criatura, interferir en su sistema nervioso y manipular su comportamiento para facilitar la dispersión de las esporas, y finalmente matan al hospedero. Por eso se les compara con los zombis.

Para estudiar la araña más a fondo, Díaz-Guevara la llevó a un laboratorio para observar su comportamiento, su manera de cazar y sus movimientos. Después, examinó los órganos y estructuras de la araña. Pero el mimetismo con los hongos fue "sin lugar a duda algo superloco y muy sorprendente", dijo. La araña imita el cuerpo fructífero del hongo --las estructuras en forma de cuerno de su abdomen-- mediante prolongaciones abdominales de su propio cuerpo.

Díaz-Guevara dijo que, efectivamente, "una araña ha logrado, con el paso del tiempo, evolucionar y darse cuenta de que si imita algo que está muerto, las probabilidades de que la cacen van a ser bajas".

Tras rastrear fotos tomadas por científicos ciudadanos, los investigadores encontraron arañas con mimetismo fúngico en todo el mundo. Todas las arañas pertenecían a la misma familia, Araneidae. Esta familia también se conoce como "tejedoras de orbes" por su capacidad para construir llamativas telarañas en forma de rueda.

Pero las arañas Taczanowskia no construyen telarañas para buscar comida. En su lugar, cazan emboscando a sus presas y agarrándolas en el aire con sus patas delanteras. Este grupo de arañas es difícil de encontrar en el campo. Según el Catálogo Mundial de Arañas, hay ocho especies descritas de Taczanowskia. Desde que se describió por primera vez en 1879, rara vez se han visto individuos de este género. Se sabe poco sobre su papel en el ecosistema y su comportamiento. Todos los especímenes, excepto uno, han sido hembras. Los machos de este género suelen ser mucho más pequeños que las hembras, algunos de tan solo 0,8 centímetros.

Gustavo Hormiga, investigador de arañas de la Universidad George Washington, quien no participó en el descubrimiento, dijo que la similitud de la nueva araña con el hongo patógeno era "sorprendente".

No parecerse a una araña es posiblemente una ventaja, dijo, "especialmente si te pareces a un hongo por el que nadie está particularmente interesado o atraído". Para permitir que su presa se acerque antes de atacar, la araña también podría estar imitando las feromonas femeninas que atraen a un insecto macho.

"Este estudio ofrece un magnífico ejemplo de mimetismo en un grupo de arañas muy poco conocido y escasamente representado en las colecciones, con muy pocos ejemplares de cada especie", dijo Hormiga. También demuestra lo mucho que queda por descubrir sobre las arañas, añadió.

Se conocen unas 53.000 especies de arañas. Algunos científicos calculan que quedan por descubrir entre 50.000 y 100.000 especies más. Desempeñan un papel esencial en los ecosistemas al alimentarse de insectos y regular sus poblaciones.

Según Bentley, muchas criaturas marginadas suelen considerarse "espeluznantes y asquerosas", pero aun así captan la atención de la gente.

A veces "una cosa espeluznante y asquerosa es totalmente nueva para la ciencia", dijo, "y eso es, por derecho propio, respetable".

Alexa Robles-Gil es una reportera de ciencia y forma parte de la generación 2025-26 de Times Fellowship, un programa para periodistas al comienzo de sus carreras.