España desclasifica los archivos del golpe de Estado fallido de 1981

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Tras más de cuatro décadas de conjeturas, el gobierno español publicó documentos de una investigación mantenida en secreto durante mucho tiempo sobre un golpe fallido de 1981.

Poco después de las 6:00 p. m. del 23 de febrero de 1981, un bigotudo líder militar que extrañaba la dictadura de Francisco Franco, condujo a más de 150 guardias civiles al Parlamento español, disparando al techo y obligando a los legisladores a refugiarse detrás de sus escritorios, como parte de un intento de golpe de Estado destinado a detener la incipiente transición de España a la democracia.

Diecisiete horas después, el líder del golpe, el teniente coronel Antonio Tejero Molina, se rindió. El enfrentamiento ha inspirado 45 años de teorías conspirativas, libros, películas, programas de televisión y un interminable debate público --a menudo partidista-- sobre lo que ocurrió exactamente en esas horas en las que prácticamente toda España se detuvo y muchos temieron que su frágil democracia se hubiera hecho añicos.

El miércoles por la mañana, el gobierno desclasificó 153 documentos de una investigación oficial sobre el golpe, conocido simplemente como 23-F (por 23 de febrero), haciendo públicos todos los archivos que las autoridades dijeron haber encontrado sobre el tema.

Los documentos no ofrecían revelaciones impactantes, pero sí aportaban nuevos detalles que profundizaron la comprensión pública del fallido golpe de Estado, incluidos los diagramas de flujo trazados a mano por los conspiradores sobre posibles operaciones militares; transcripciones de llamadas telefónicas en las que el rey decía a los conspiradores que desistieran; la implicación de agentes de inteligencia; y las conversaciones intervenidas de un soldado que dijo que se le había ordenado "disparar a matar".

La revelación, luego de décadas de secretismo, se produce meses después de que España celebrara el 50 aniversario de su transición a la democracia. "Las democracias deben conocer su pasado para construir un futuro más libre", dijo Pedro Sánchez, presidente del gobierno, al anunciar el lunes que liberaría los documentos.

La publicación desencadenó una carrera entre estudiosos y periodistas --además de partidarios políticos y de un público español aparentemente insaciable-- en busca de información nueva. Gran parte de la búsqueda se enfocó en el papel del rey Juan Carlos I, el sucesor designado por Franco, quien renunció a los poderes absolutos que heredó del dictador en 1975 y luego surgió del golpe de 1981 como el guardián de la democracia española.

El golpe fracasó después de que la televisión española emitiera un mensaje de Juan Carlos, vestido con uniforme militar completo, en el que instaba al resto de las fuerzas armadas de España a rechazar el intento de toma del poder y a respetar la joven Constitución española.

Los golpistas habían afirmado durante mucho tiempo que el rey sabía lo que se avecinaba y que él alentó el golpe, pero Juan Carlos --que ahora tiene 87 años y se encuentra autoexiliado en Abu Dabi después de los escándalos financieros, sexuales y de caza de elefantes que provocaron su abdicación hace una década-- hasta el momento no ha resultado afectado por la desclasificación. De hecho, el nuevo material dejó intacta, e incluso reforzó su reputación de defensor de la democracia, que sus partidarios consideran el verdadero pilar de su legado.

"Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el rey, es contra el rey ", dijo Juan Carlos en una tensa llamada telefónica a uno de los golpistas, el teniente general Jaime Milans del Bosch, según muestran los documentos. Después ordenó al general que retirara todas las unidades que tenía desplegadas, y añadió: "Quien se subleve, está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil".

La desclasificación representa un esfuerzo más de España por pasar página a su dolorosa transición de la dictadura en un momento en el que el pasado parece estar filtrándose en el futuro. Franco goza de una renovada popularidad entre los jóvenes. El antiguo rey lucha por su legado. Una nueva novela superventas sobre la Guerra Civil española ha reabierto viejos debates.

Elma Saiz, portavoz del gobierno, dijo que la desclasificación pretendía impedir "que la ultraderecha siga utilizando los bulos, las conspiraciones, la desinformación, para difundir teorías que no merece nuestra democracia, y también para desinformar a los jóvenes, a chavales que piensan que con Franco se vivía mejor".

Los líderes de la derecha española dijeron que el gobierno estaba utilizando el material para ganar puntos políticos.

"Yo no voy a contribuir a eso", dijo Santiago Abascal, dirigente de extrema derecha, cuando le preguntaron sobre la desclasificación en la televisión española.

Los académicos estaban más interesados en la esencia del golpe que en la narrativa que se construyó en torno a este.

"Tras décadas de trabajo de los historiadores, y ahora con esta desclasificación, nadie nunca podrá decir que no sabemos lo que ocurrió el 23-F", dijo Julián Casanova, destacado estudioso de la historia contemporánea de España en la Universidad de Zaragoza.

Javier Cercas, autor de Anatomía de un instante, un libro superventas sobre el golpe, coincidió. En noviembre, en un evento realizado en el Congreso, pidió a Sánchez que desclasificara todos los documentos. La verdad sobre el golpe ya se sabía, dijo, pero una publicación masiva de documentos ayudaría a restar ímpetu a lo que calificó como una "industria de la mentira".

Los documentos proceden de una investigación estatal de 1982 sobre los preparativos y la ejecución del golpe, que sucedió mientras los legisladores sometían a votación el nombramiento de un nuevo presidente del gobierno. La investigación derivó en la condena de 22 acusados, entre ellos sus líderes, Tejero Molina, quien dirigió el ataque contra el Parlamento, y Milans del Bosch.

Tejero Molina declaró a los investigadores que, con dinero de su propia familia y un anticipo de su sueldo, había adquirido seis autobuses de 50 plazas e impermeables para que 288 guardias civiles pudieran trasladarse de manera discreta por Madrid.

Las conversaciones telefónicas interceptadas revelaron que un soldado que participó en el asedio a la televisión española dijo que su capitán ordenó a sus subordinados que dispararan un tiro de advertencia; después debían "tirar a matar".

Otra llamada intervenida mostró que la esposa de Tejero Molina se quejó con una amiga de que su marido había sido abandonado a su suerte. "Han dejado tirado a mi marido como una colilla", dijo.

Otros documentos sugirieron que los conspiradores intentaron implicar al rey Juan Carlos en un intento de desviar la culpa y revelaron que seis miembros de los servicios secretos españoles estaban al tanto o ayudaron a planear el golpe. Un informe hecho en 1982 por un agente de los servicios secretos españoles sugería que una reunión entre funcionarios reales y Milans del Bosch "por encima de todo" tenía el propósito de "que la Corona no salga lesionada del proceso".

Milans del Bosch fue condenado a 30 años de prisión, pero fue puesto en libertad en 1990 y murió en 1997. Tejero Molina también fue condenado a 30 años, pero fue puesto en libertad en 1996. (Él murió a los 93 años el miércoles, día de la publicación de los documentos, según el abogado de su familia).

Entre los documentos hay una nota escrita a mano por un golpista que se queja del fracaso del golpe, que atribuye a que los conspiradores no capturaron al rey y lo trataron "como si fuese un caballero".

Carlos Barragán colaboró con reportería desde Madrid.

Jason Horowitz es el jefe del buró en Madrid del Times; cubre España, Portugal y cómo vive la gente en Europa.

Carlos Barragán colaboró con reportería desde Madrid.