Stephen Miller ofrece una visión del mundo donde reina la fuerza

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Stephen Miller ha pasado la mayor parte de su carrera en la Casa Blanca promoviendo políticas internas de extrema derecha que han resultado en deportaciones masivas, separaciones familiares y han desafiado los principios constitucionales que otorgan la ciudadanía estadounidense.

Ahora, Miller, de 40 años de edad, jefe adjunto de personal para políticas y asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, está dirigiendo su mirada de extrema derecha hacia el extranjero: concretamente, hacia Venezuela y el territorio danés de Groenlandia.

Miller lo hace, dicen los asesores del presidente, al servicio de las ambiciones de Trump en política exterior, que hasta ahora se parecen a los designios imperialistas de explotar países y territorios de todo el mundo menos poderosos con abundantes recursos y utilizar esos recursos en beneficio de Estados Unidos. Según Miller, el uso de la fuerza bruta no solo está sobre la mesa, sino que es la forma preferida del gobierno de Trump para actuar en la escena mundial.

"Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake, que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder", dijo Miller a Jake Tapper de CNN el lunes, durante una entrevista acalorada en la que se le presionó sobre el deseo que Trump ha tenido durante mucho tiempo de controlar Groenlandia.

"Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos", dijo.

Esta postura agresiva hacia Groenlandia --y, a la vez, hacia el resto del mundo-- es una encapsulación perfecta del poder bruto que Trump quiere proyectar, incluso contra Dinamarca, el aliado de la OTAN que controla Groenlandia. El momento también ilustra cómo personas como Miller han ascendido al círculo cercano de un líder a quien no le interesa que se controlen sus impulsos, y cómo ejercen su influencia una vez que llegan allí.

El momento también muestra cuán diferente ha actuado Trump en su segundo mandato en comparación con el primero.

Hacia la mitad de su primer mandato, el presidente empezó a bromear con sus asesores sobre su deseo de comprar Groenlandia para hacerse con sus recursos naturales, como el carbón y el uranio. En aquel momento, sus asesores le siguieron la corriente y le ofrecieron investigar la posibilidad de comprar el territorio semiautónomo. No creían que Trump hablara en serio, ni que pudiera llegar a ocurrir. Esos asesores ya no están.

Avancemos hasta el segundo mandato. Miller goza de la plena confianza del presidente, tiene una plantilla de más de 40 personas y varias tareas importantes que incluyen la protección de la patria y la seguridad de territorios más lejanos. Una broma sin importancia del primer mandato sobre la compra de Groenlandia por sus recursos naturales es ahora una amenaza presidencial del segundo mandato de atacar y anexionar el territorio danés por la fuerza si es necesario, con el pretexto de proteger a los estadounidenses de incursiones extranjeras.

"Ahora mismo, Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes", dijo Trump a los periodistas a bordo del Air Force One el domingo por la noche. "Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional".

El lunes, el secretario de Estado Marco Rubio dijo a los legisladores que Trump planea comprar Groenlandia en lugar de invadirla, aunque la Casa Blanca dijo posteriormente que el presidente no había descartado el uso de la fuerza militar.

Rusia y China actúan en el círculo polar ártico, pero Groenlandia no está rodeada por sus barcos, y Estados Unidos tiene una base militar en este territorio. Trump también se ha fijado en Groenlandia por su potencial riqueza en minerales críticos.

Otro aspecto crucial del primer mandato de Trump que se refleja en el ascenso de Miller: lo que antes era objeto de burla es ahora una amenaza que hay que tomarse en serio.

Miller, de 40 años, creció en Santa Mónica, California, una región acaudalada, y asistió a un bachillerato de tendencia izquierdista. Allí, una vez lo abuchearon y lo sacaron del escenario durante un discurso de campaña para el gobierno estudiantil en el que un punto central de su plataforma era investigar a los conserjes de la escuela por recoger inadecuadamente la basura. Sus antiguos compañeros recuerdan que parecía disfrutar de la atención.

Una cita de su anuario de 2003 se atribuye al presidente Theodore Roosevelt: "En este país no puede haber americanismo al 50 por ciento. Aquí solo hay sitio para el americanismo al 100 por ciento, solo para quien es americano y nada más", en referencia a Estados Unidos.

Como estudiante de la Universidad de Duke, Miller alcanzó cierta notoriedad en los círculos conservadores por defender a tres jugadores de lacrosse de Duke que habían sido acusados de violación.

"Con los jugadores por fin a punto de ser liberados de los cargos penales, se nos recuerda que la justicia no siempre es rápida", escribió Miller en una columna para el periódico de la universidad en 2007. "En lugar de eso, a menudo es un avance lento, que se arrastra suavemente hacia adelante y que, si adquiere suficiente impulso, puede convertirse en una avalancha. Unificados, podemos aprovechar este impulso".

Más tarde se descubrió que las acusaciones de violación eran falsas.

Después de graduarse, encontró el camino a Washington y en 2009 ya trabajaba para Jeff Sessions, entonces senador por Alabama. Miller ha recorrido una larga trayectoria desde su trabajo como miembro del personal del Senado, que inundaba regularmente las bandejas de entrada de todo Washington con historias de horror de migrantes indocumentados. Lo que entonces parecía a los destinatarios delirios nocturnos xenófobos de un miembro desconocido del personal no fue reconocido por lo que realmente era: un conjunto de creencias profundamente arraigadas que ayudaron a animar la primera campaña presidencial de Trump y, más tarde, contribuyeron a afianzar su segundo mandato.

Después de haber acumulado suficiente poder para moldear las medidas enérgicas del gobierno contra la inmigración en Estados Unidos y menospreciar a comunidades enteras de migrantes, así como a los hijos de estos, Miller se está haciendo eco de los objetivos de la política exterior de Trump.

En CNN, Miller reiteró la intención de Trump de gobernar Venezuela y explotar sus vastas reservas de petróleo después de que las fuerzas estadounidenses realizaron una incursión en la capital venezolana y apresaron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. Y dijo que nadie se opondría si Estados Unidos decidiera utilizar su ejército para anexionarse Groenlandia.

Los republicanos de Washington saben que Miller sigue el ejemplo del presidente cuando habla. Los dos hablaban casi a diario los cuatro años en que Trump estuvo fuera del poder, "charlando de cómo sería la agenda de un segundo mandato antes de que muchos de nosotros soñáramos siquiera con que habría un segundo mandato", dijo el senador Jim Banks, republicano por Indiana.

Banks calificó a Miller de "el tipo más inteligente que he conocido en Washington", y dijo que Miller había hecho sacrificios para desempeñar su trabajo, como enfrentarse a amenazas y trasladar a su familia a una vivienda militar en Washington. Dijo que Miller no iba a echarse para atrás.

"A menudo se le presenta como un ideólogo", dijo Banks. "Es increíblemente pragmático".

Al menos un republicano ha criticado públicamente las declaraciones de Miller sobre Groenlandia. El representante Don Bacon, congresista republicano retirado de Nebraska, calificó lo que declaró Miller de "realmente tonto". En X, Bacon dijo: "No hay nada bueno en degradar a nuestros amigos. Pero está causando heridas que tardarán en sanar".

Miller, por supuesto, cuenta con el respaldo pleno de la Casa Blanca de Trump.

"El presidente ha dirigido toda la política y Stephen ejecuta fielmente lo que el presidente quiere", dijo en un comunicado Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca. "Ya sea que se trate de inmigración, delincuencia, comercio, Groenlandia o Venezuela".

Restó importancia a la idea de que Miller estuviera impulsando decisiones políticas y rebatió que estuviera en televisión promoviendo sus puntos de vista más a menudo últimamente; señaló que había estado en televisión más de 200 veces en 2025. Lo que había cambiado eran las asignaciones.

Leavitt no dijo en qué aspectos de Venezuela se enfocaría más Miller en el futuro, pero dijo que él y otras figuras del gobierno, principalmente el vicepresidente y Rubio, participarían en la elaboración de estrategias sobre el futuro militar y económico del país.

Miller no respondió a una solicitud de comentarios para este artículo.

Su esposa, Katie, tampoco respondió a una solicitud de comentarios sobre el papel de su marido en el gobierno. Katie Miller, de 34 años, exfuncionaria del gobierno quien ahora dirige un pódcast sobre política y estilo de vida, compartió una foto de Groenlandia en las redes sociales el sábado, después de que las fuerzas estadounidenses invadieron Venezuela. En ella, el territorio aparecía cubierto con las barras y estrellas de la bandera estadounidense. "PRONTO", tituló la foto.

A esto le siguieron las preguntas sobre las intenciones de Trump respecto a Groenlandia.

"Solo quería restablecer, Jake, al dejar claro que la postura oficial del gobierno de Estados Unidos desde el inicio de este gobierno, francamente desde el anterior gobierno de Trump, ha sido que Groenlandia debe formar parte de Estados Unidos", dijo Miller en CNN el lunes por la noche. "El presidente ha sido muy claro al respecto. Esa es la postura formal del gobierno estadounidense".

Esta semana, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, instó a Trump a "detener las amenazas" de anexionarse Groenlandia, que atacan a un aliado de la OTAN. Frederiksen dijo que las amenazas eran una "presión inaceptable", pero que debían tomarse en serio.

"Creo que lo dice en serio", dijo en una entrevista a DR, la emisora danesa.

Desde hace décadas, está claro que Miller también lo cree.

Katie Rogers es corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Trump.