
La detención se produjo días antes de que se ordenara al expresidente el inicio de una condena de 27 años de prisión por planear un golpe de Estado fallido.
La policía de Brasil detuvo el sábado al expresidente Jair Bolsonaro ante el temor de que pudiera escapar del arresto domiciliario para evitar cumplir una condena de 27 años de prisión por una conspiración fallida para cometer un golpe de Estado, según una orden judicial brasileña.
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Bolsonaro, político de derecha que dirigió Brasil de 2019 a 2022, fue condenado en septiembre tras ser declarado culpable de liderar un plan para aferrarse al poder tras perder su intento de reelección.
Las autoridades brasileñas vigilaban estrechamente a Bolsonaro, quien llevaba un monitor de tobillo desde agosto en su domicilio de Brasilia, la capital. Alexandre de Moraes, magistrado del Supremo Tribunal Federal que supervisa el caso, había considerado que existía riesgo de fuga.
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Bolsonaro no había comenzado a cumplir su condena porque el tribunal, hasta hace poco, estaba revisando sus apelaciones.
Fue detenido por agentes de la policía federal el sábado por la mañana. Se trataba de una medida preventiva para proteger su seguridad y mantener el orden público antes de una manifestación planeada por sus partidarios frente a su domicilio, según un alto cargo policial con conocimiento directo de la situación, quien habló de forma anónima para comentar un caso confidencial.
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Una orden del Supremo Tribunal que autorizaba la detención, a la cual tuvo acceso The New York Times, afirmaba que el monitor electrónico de tobillo de Bolsonaro había sido manipulado poco después de la medianoche del sábado. La manipulación, decía la orden judicial, demostraba que Bolsonaro pretendía romper su monitor de tobillo y escapar, "facilitado por el tumulto provocado por la manifestación".
Los abogados de Bolsonaro no respondieron inmediatamente a una solicitud de comentarios.
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En agosto, la policía dijo que se había incautado un documento que sugería que Bolsonaro había planeado solicitar asilo en Argentina el año pasado, poco después de que las autoridades llevaran a cabo una amplia operación contra el expresidente, confiscaran su pasaporte y detuvieran a algunos de sus aliados cercanos.
Días después de esa operación, Bolsonaro pasó dos noches en la embajada de Hungría en Brasil, en un aparente intento de obtener asilo en un país dirigido por un aliado de derecha, el primer ministro Viktor Orbán. En una entrevista a principios de año, Bolsonaro se negó a explicar por qué había dormido en la embajada.
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La detención del sábado se produjo apenas unos días antes de que el Supremo Tribunal de Brasil tuviera previsto ordenar que comenzara a cumplir su condena.
Los abogados de Bolsonaro habían pedido al tribunal que le permitiera cumplirla en casa debido a problemas de salud, que él atribuyó a complicaciones derivadas de un ataque con arma blanca durante la campaña electoral de 2018.
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La condena de Bolsonaro se basó en multitud de pruebas que demostraban que él y su círculo íntimo habían pasado meses socavando la confianza de los votantes en los sistemas electorales de Brasil y luego, después de que perdiera por un estrecho margen la votación frente a Luiz Inácio Lula da Silva, habían intentado mantenerlo en el poder.
Esos planes preveían disolver el Supremo Tribunal, anular el resultado de las elecciones y otorgar amplios poderes a los militares. Los fiscales también acusaron a Bolsonaro y a sus aliados de conspirar para asesinar a supuestos enemigos, entre ellos Lula, su compañero de fórmula y un juez del Supremo Tribunal que había abierto varias investigaciones sobre Bolsonaro.
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Finalmente, fue condenado por planear un golpe de Estado, socavar violentamente la democracia y formar parte de una organización criminal armada, entre otros delitos.
Bolsonaro siempre ha negado las acusaciones y ha afirmado que no tenía conocimiento de ningún plan de asesinato. Dijo que buscó vías dentro de la Constitución de Brasil para corregir lo que, según él, fueron unas elecciones robadas, aunque una revisión realizada por el ejército brasileño no encontró pruebas de fraude electoral.
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Leonardo Coelho colaboró con reportería.
Ana Ionova es una colaboradora del Times que vive en Río de Janeiro y cubre Brasil y países vecinos.
Leonardo Coelho colaboró con reportería.
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