Hablando de Britney… ¿qué hay de todas esas otras mujeres?

Monica Lewinsky. Janet Jackson. Lindsay Lohan. Whitney Houston. Vivimos en una época de reevaluaciones

En 2007, Britney Spears, Lindsay Lohan y Paris Hilton al parecer estaban provocando un debate entre los padres sobre los hijos y los “valores”, tanto así que Newsweek publicó un artículo de portada titulado “El efecto de las chicas que se vuelven locas”.

El artículo describía las imágenes e historias omnipresentes sobre estas mujeres —sus fiestas, sus periodos de rehabilitación, lo que se ponían o no— y cómo podían estar afectando a los jóvenes seguidores.

Yo era una reportera junior en Newsweek en ese momento, apenas un par de años después de la universidad, y tenía más o menos la misma edad que esos supuestos casos de locura. No sabía muy bien qué me molestaba tanto del artículo, pero sabía que no me agradaba.

Tal vez fuera que los editores de la revista en aquella época rara vez parecían poner a mujeres en la portada, así que el hecho de que fueran esas mujeres señalaba algo. El artículo afirmaba, según una encuesta, que el 77% de los estadounidenses creía que esas mujeres tenían “demasiada influencia sobre las jóvenes”, pero ¿que ellas no solo eran jóvenes? Y luego estaba la óptica masculina, desde los ejecutivos del mundo del espectáculo que las moldeaban hasta los paparazzis que las fotografiaban y los editores que las ponían en las portadas de las revistas.

Más de una década después, volvemos a hablar de esas mujeres, esta vez a través de una óptica moderna. Tras años de lucha de los fans por liberar a Britney de la tutela que preside su padre con el movimiento #FreeBritney —y ahora con un nuevo y popular documental sobre el tema—, el ascenso y la caída (¿y de nuevo el ascenso?) de Britney Spears se ven con ojos nuevos.

Al mismo tiempo, una serie de otras celebridades femeninas de la década de 1990 están siendo —o quizás deberían ser— reexaminadas: Lohan, que ahora está fuera de las cámaras y vive en Dubái, donde por primera vez en su vida, según ha dicho, se siente segura; Hilton, que en un documental de 2020 detalló los abusos emocionales y físicos que sufrió en su adolescencia; Janet Jackson, que fue incluida en la lista negra tras el “fallo de vestuario” del Super Bowl de 2004 que dejó su pecho al descubierto, mientras que el hombre que lo expuso, Justin Timberlake, siguió alcanzando la fama (e incluso fue invitado de nuevo a actuar en el espectáculo del medio tiempo en 2018).

Solo Jackson sufrió consecuencias por el incidente
Solo Jackson sufrió consecuencias por el incidente

La cantante y estrella de “Moesha”, Brandy, ha descrito haber fingido su matrimonio por miedo a que ser madre soltera amenazara su carrera. Anna Nicole Smith, la problemática actriz y modelo, fue tachada de ser “basura blanca” en vida y de “intrusivamente voluptuosa” en su obituario cuando murió. Y luego está Whitney Houston, cuyos problemas matrimoniales y su lucha contra la adicción a las drogas fueron transmitidos al mundo en una serie de Bravo a principios de la década de 2000.

“Viví a Britney en la televisión y, cuando se afeitó la cabeza, recuerdo que pensé: ‘¿Por qué todo el mundo actúa como si estuviera bien? ¿Cómo puede ser esto divertido para la gente? ¿Por qué se presenta esta situación como entretenimiento?’”, dijo Danyel Smith, ex editora jefa de la revista Vibe y conductora del pódcast “Black Girl Songbook”.

“Yo sentí lo mismo con Whitney”, dijo. “Era asombroso ver la cantidad de regocijo que se vivía al verla desmoronarse”.

Estas revalorizaciones se han convertido en algo habitual en los últimos años. En medio del movimiento #MeToo y de un ajuste de cuentas sobre la injusticia racial, la gente ha empezado a reexaminar el arte, la música, los monumentos y los personajes a los que se ha dado importancia cultural.

Sin embargo, esta ola actual no gira tanto en torno a los individuos como en torno a la máquina que los produjo: los periodistas, los fotógrafos y los fans, que leían, veían y compraban el contenido.

“Para mí, la pregunta es esta: ¿qué hacemos cuando toda una cultura se convierte esencialmente en la subyugadora?”, dijo Monica Lewinsky en una entrevista reciente. “¿Cómo procesamos eso, cómo seguimos adelante?”.

Monica Lewinsky, de 22 años, fue culpada por la relación que tuvo con el presidente estadounidense (Shutterstock)
Monica Lewinsky, de 22 años, fue culpada por la relación que tuvo con el presidente estadounidense (Shutterstock)

‘Eran otros tiempos’

En su libro The Naughty Nineties, David Friend, un editor de Vanity Fair, describió cómo el mercado de la humillación prosperó a principios de la década de 1990, una tendencia que se puede achacar, en parte, al ascenso de los programas de entrevistas sensacionalistas como The Jerry Springer Show.

Las revistas de chismes reinaban en esa época, lo que significaba que los paparazis también lo hacían. Fotografiaban por debajo de las faldas y perseguían a los autos por carreteras sinuosas, compitiendo, a menudo por decenas, para obtener imágenes que podían alcanzar cifras millonarias.

No obstante, la carrera por obtener la fotografía más salaz nunca fue un juego de igualdad de oportunidades. No eran hombres jóvenes los que aparecían en las fotos mostrando los tirantes de su sostén y con el maquillaje embadurnado o a los que se les aumentaban los pechos en la posproducción sin su conocimiento, como fue el caso de Spears en una portada del año 2000 de la revista británica GQ, según el fotógrafo, que recientemente publicó sobre ello en Instagram. Mientras las mujeres blancas enfrentaban el escrutinio en las portadas de las revistas, a las artistas negras se les decía, como a Beyoncé, que nunca conseguirían portadas, “porque los negros no vendían”.

“Las revistas de aquella época se guiaban por la narrativa de la damisela en apuros”, dijo Ramin Setoodeh, editor ejecutivo de Variety y autor de “Ladies Who Punch”. “Era casi un deporte ver a una mujer autodestruirse”.

“Eran otros tiempos”, dijo en una entrevista telefónica Rosie O’Donnell, que entrevistó a Spears en su programa de entrevistas en 1999. “Eres una chica sensata y espero que sigas así”, le dijo entonces.

‘Todos somos daños colaterales’

En los últimos años, Hollywood ha revalorizado a Anita Hill, una profesora de Derecho que ahora dirige la Comisión de Hollywood sobre acoso sexual, décadas después de que su propio caso de gran repercusión fuera desestimado; a Tonya Harding, la expatinadora artística olímpica cuya rivalidad con Nancy Kerrigan y su violento clímax se enmarcaron en una historia de abusos en la infancia, y a Lorena Bobbitt, cuyo daño físico a su marido se ha replanteado en el contexto de años de abuso doméstico.

Lorena Bobbitt (Heather Sten/The New York Times)
Lorena Bobbitt (Heather Sten/The New York Times)

Algunas mujeres han vuelto a contar sus historias. Jessica Simpson publicó en 2020 un libro de memorias sobre su época debajo de los reflectores, incluida su batalla contra el alcoholismo. Christina Aguilera describió la sensación de que la opusieran a Spears —”Britney como la chica buena y yo como la mala”— en un reportaje de 2018 en Cosmopolitan.

Sin embargo, Lewinsky fue quizá la primera de esa era de mujeres en reivindicar su historia.

Después de ser excoriada en los medios de comunicación por su aventura con el entonces presidente Bill Clinton cuando era una becaria de 21 años, obtuvo una maestría en Psicología Social. Reapareció cuidadosamente ante la mirada pública en 2014, con un ensayo y una charla TED sobre la vergüenza pública. Ahora está produciendo un documental sobre el tema y cómo la situación permea la sociedad.

“Tendemos a olvidar la experiencia colectiva”, dijo Lewinsky por teléfono. “Dirigimos este tipo de hostilidad y misoginia hacia una sola mujer, pero en realidad repercute en todas las mujeres. Todas somos daños colaterales, seamos el objeto o no”.

Ahora, los periodistas del mundo del espectáculo que trabajaron en la época de los tabloides reflexionan en retrospectiva con una mirada crítica; algunos expresan su arrepentimiento e incluso piden disculpas.

Steven Daly, que escribió el infame artículo de portada de Rolling Stone de 1999 sobre Spears, dijo que, en retrospectiva, el hecho de que una niña de 17 años le mostrara a él, un hombre de 30 años, el dormitorio de su infancia era ligeramente perturbador.

Pero le preocupan más las fotografías que aparecieron junto a su artículo: Britney en sostén y calzoncillos sosteniendo un Teletubby; Britney en ropa interior de algodón blanco rodeada de muñecas en su habitación, fotografías que a la estrella del pop a menudo se le pidieron justificar, en lugar de que lo hicieran el fotógrafo o los editores.

Eran fotografías de porno soft de una chica menor de edad”, dijo Daly, que ahora tiene 60 años. “Si hicieras eso actualmente, te lincharían”.

© The New York Times 2021