Los expertos académicos e industriales todavía están analizando la mejor forma de cuantificar los efectos a largo plazo que pueden tener en el cambio climático los recipientes de un solo uso hechos de diversos materiales (plástico, papel, vidrio). (REUTERS/Carlo Allegri/File Photo)
Los expertos académicos e industriales todavía están analizando la mejor forma de cuantificar los efectos a largo plazo que pueden tener en el cambio climático los recipientes de un solo uso hechos de diversos materiales (plástico, papel, vidrio). (REUTERS/Carlo Allegri/File Photo)

En cierta medida, la empresa The Dart Container Corp. es una historia de éxito.

Esta empresa familiar fue cofundada en Míchigan por un veterano de la Segunda Guerra Mundial que tenía las licenciaturas de Matemáticas, Ingeniería y Metalúrgica, y desarrolló productos que, en gran parte, ayudaron a impulsar la economía moderna. Dart fabrica, por millones, vasos térmicos, estuches, tapas para vasos de café, así como tenedores y cuchillos desechables, es decir, los recipientes de un solo uso que permiten que los estadounidenses coman y beban cuando van en camino. Brinda empleo a aproximadamente 15.000 personas en catorce estados.

No obstante, ahora, los detractores han calificado a mucha de la mercancía que produce esta empresa de bajo perfil del Medio Oeste como una peste que contribuye al problema mundial de la contaminación por plásticos.

Las ciudades y los estados están prohibiendo cada vez más uno de los productos emblemáticos de Dart: los recipientes de unicel para alimentos y bebidas, los cuales pueden dañar a los peces y a otros tipos de especies marinas. En diciembre, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, propuso que en todo el estado se prohibieran los recipientes de un solo uso hechos de espuma de “poliestireno expandido”, conocido en inglés más comúnmente por su nombre comercial, y no tan preciso, de Styrofoam, una marca registrada de un material que se usa normalmente como aislante. El año pasado, los estados de Maine y Maryland prohibieron los recipientes hechos con espuma de poliestireno, y casi 60 países han promulgado prohibiciones similares o están en el proceso de aprobarlas. Algunos funcionarios electos y grupos ambientalistas afirman que es difícil reciclar de manera significativa los recipientes de poliestireno.

"Existen pruebas abrumadoras de que este material está dañando a la Tierra de modo importante”, señaló Brooke Lierman, una legisladora de Maryland que apoyó la prohibición en su estado.

Pero Dart Container, empresa que ha estado en manos de la familia Dart desde su fundación en la década de 1950, no cederá. Mientras muchas compañías de plásticos trabajan para proteger sus productos mediante cámaras de comercio y campañas de mercadotecnia que animan a la gente, Dart está desafiando directa y agresivamente a la normatividad.

Poco tiempo después de que en Maryland votaron por prohibir el unicel, Dart cerró sus dos almacenes de ese estado y despidió a 90 empleados, con lo que envió una señal a otras localidades para que consideraran mejor la aplicación de leyes parecidas. En fechas recientes, San Diego decidió suspender la implementación de su prohibición del poliestireno frente a la demanda de Dart y un grupo de restaurantes que argumentaron que la ciudad debió haber llevado a cabo un estudio detallado del impacto ambiental antes de aprobar esa ley. La ciudad está realizando ese análisis ahora.

“No creemos que existan motivos suficientes y objetivos para poner ciertos materiales en la lista negra”, comentó Jim Lammers, director general de Dart, en una entrevista reciente en las oficinas centrales de la empresa.

Fue una de las primeras veces que Dart había permitido que un periodista tuviera acceso sin restricciones a las instalaciones de su campus arbolado de Mason, donde hay pistas de atletismo, un jardín en homenaje a los empleados y bloques de piedras en las que están inscritas palabras como “Meritocracia”.

Dart está realizando una campaña general para argumentar que sus productos se están utilizando como chivo expiatorio para una sociedad que se nutre del consumismo ”para llevar”. Dart afirma que los detractores del poliestireno ignoran los efectos ambientales negativos de otros productos, como muchos vasos de papel, que se hacen con los árboles y pueden emitir gases de efecto invernadero mientras se degradan en los basureros. De acuerdo con la lógica de Dart, la mayoría de los materiales causan ciertos efectos negativos al ambiente, así que no tiene sentido prohibir uno y no el otro.

“Si cedemos así como así con el unicel, ¿qué van a querer hacer luego?”, comentó Michael Westerfield, director de reciclaje en Dart.

Muchas ciudades están declarando la guerra contra los vasos y botellas plásticas
Muchas ciudades están declarando la guerra contra los vasos y botellas plásticas

El ataque contra el unicel ya se está dejando sentir. Las ventas de la espuma de poliestireno han estado disminuyendo, y la empresa ha estado ampliando su oferta para integrar más productos de papel, como las tazas que se venden en Starbucks y Dunkin’. También está haciendo experimentos con envases que pueden convertirse en abono o que se fabrican con material reciclado.

En la actualidad, el unicel representa solo una quinta parte de todos los productos que vende Dart. La empresa dice que las ventas generales de recipientes para bebidas y alimentos, las cuales generan 3000 millones de dólares en ingresos anuales, prácticamente no varían.

Aun cuando el mercado del poliestireno se reduzca, muchos grupos ambientalistas quieren eliminar el unicel por completo porque si este termina en el basurero, con facilidad se puede descomponer en partes pequeñas y dañar a los peces y a los animales que lo ingieren. En el caso de los humanos, se han encontrado fibras plásticas en todo, desde el agua potable hasta la sal de mesa, pero se siguen estudiando las consecuencias a largo plazo.

Los expertos académicos e industriales todavía están analizando la mejor forma de cuantificar los efectos a largo plazo que pueden tener en el cambio climático los recipientes de un solo uso hechos de diversos materiales (plástico, papel, vidrio). Sin embargo, según los ambientalistas, el daño que la contaminación por plásticos puede causar en la vida marina es inmediato.

“Hasta donde sé, un vaso de papel nunca ha matado a ningún animal marino”, señaló Jan Dell, una ingeniera que trabajaba en la industria de los plásticos y que ahora dirige Last Beach Cleanup, un grupo de apoyo que se dedica a la contaminación por plástico.

Las mismas propiedades que pueden hacer que el unicel sea un problema ambiental también hacen rentable su fabricación. Los costos son bajos debido a que el unicel es 95 por ciento aire y puede fabricarse con relativamente poco plástico en bruto.

William A. Dart no inventó los vasos de unicel, pero sí se volvió un experto en su producción en masa.

Luego de regresar de la Segunda Guerra Mundial y de graduarse de la Universidad de Míchigan, William Dart pasó un año trabajando en la compañía de productos químicos DuPont. A finales de la década de 1950, con cientos de ideas relacionadas con el plástico, regresó a la fábrica de soldadura de su padre en Mason, una ciudad pequeña junto a Lansing. William Dart comenzó a experimentar con la creación de vasos hechos a partir de poliestireno (un material que al parecer tenía propiedades aislantes mágicas), los cuales serían útiles para la industria de la comida rápida que estaba teniendo un crecimiento acelerado.

Una de las primeras cuentas importantes de Dart fue Chick-fil-A. La empresa también vendía plástico a hospitales y escuelas, estadios deportivos, y a los gigantes en la industria de los alimentos Sysco y US Foods.

La empresa celebra su larga historia de fabricación en Estados Unidos. Mientras muchas otras fábricas se trasladaron a Asia con el objetivo de encontrar mano de obra barata, el unicel no puede importarse del extranjero de manera rentable; de acuerdo con Dart, el costo de importación de recipientes ligeros neutralizaría cualquier ahorro en mano de obra.

Lammers señaló que la empresa se sentía frustrada por la reacción cada vez más intensa contra el unicel.

“Cómo se empacan los alimentos y las bebidas, al igual que muchas otras cosas en la vida, no es una discusión que se solucione con meras consignas”, comentó Lammers, quien empezó a trabajar en la empresa en 1986.

La única zona que estaba restringida era el Edificio Número Uno, donde se fabrican los vasos de unicel blancos. La empresa dice que la maquinaria para el unicel, diseñada por William Dart en la década de 1950 y perfeccionada durante décadas, es un secreto tan bien protegido que solo se les permite pasar a esa parte de la fábrica a algunos empleados y clientes selectos.

Los herederos de William Dart también son muy reservados.

Desde la década de 1980, sus hijos, Robert y Kenneth Dart, han estado en la administración de la empresa en diferentes niveles.

En 2012, Dart adquirió Solo, otra empresa de envases del Medio Oeste, por 1000 millones de dólares. Gracias a este trato, Dart amplió su gama de productos a más recipientes de papel y de plástico rígido como los vasos de Solo que se encuentran por todas partes en las fiestas de los universitarios y en los convivios previos a los partidos de fútbol americano.

Sin embargo, incluso al diversificarse, Dart nunca renunció a la espuma de poliestireno.

Durante años, la empresa ha subrayado cómo se puede reciclar la espuma de poliestireno, exactamente igual que otros tipos de recipientes de plástico. El problema es que la mayor parte de los sistemas de reciclaje municipales no aceptan el unicel porque puede ser difícil encontrar compradores dispuestos a pagar suficiente dinero por el material usado. Así que Dart les ofrece a las ciudades recolectar y transportar sin costo alguno los recipientes de unicel usados.

La empresa dice que es posible que, en algún momento, el poliestireno usado pueda convertirse en una producción en masa de vasos nuevos, pero ahora mismo la capacidad de recolección y de procesamiento es limitada.

“Nos encantaría llegar a ese punto”, afirmó Westerfield, el director de reciclaje.

Además, algunas comunidades dudan que en algún momento lo hagan. En su niñez en Baltimore, Claire Wayner y su familia solían llevar sus cartones de huevo y envases de unicel a un punto de recolección que financiaba Dart en la ciudad. Los voluntarios de las escuelas locales solían limpiar los restos de macarrones, queso y el líquido que desprenden las hamburguesas de cientos de bandejas de unicel y llevarlas a un punto de reciclaje.

Claire Wayner, estudiante de segundo año en la Universidad de Princeton, posa para una fotografía dentro de su habitación en el dormitorio de Princeton, Nueva Jersey, el 12 de noviembre de 2019. (Andrew Mangum/The New York Times)
Claire Wayner, estudiante de segundo año en la Universidad de Princeton, posa para una fotografía dentro de su habitación en el dormitorio de Princeton, Nueva Jersey, el 12 de noviembre de 2019. (Andrew Mangum/The New York Times)

Pese a todas estas buenas intenciones, Wayner se preguntaba qué cantidad del poliestireno de la ciudad en verdad se estaba reciclando y se cuestionaba cuán grande era el mercado para el unicel usado además de los productos especializados como los portarretratos.

“Parece tan extraño y absurdo”, comenta Wayner, quien ahora es estudiante de segundo año en la Universidad de Princeton.

En bachillerato, Wayner y otros estudiantes fundaron Baltimore Beyond Plastic, un grupo que convenció a los funcionarios de las escuelas de que eliminaran las bandejas de unicel para los alimentos de las escuelas públicas de la ciudad.

Luego, este grupo de estudiantes, junto con otros ambientalistas, lograron que se prohibieran los recipientes de unicel en toda la ciudad. Después de las votaciones, Dart cerró el punto de reciclado que auspiciaba en Baltimore.

Cuando le preguntaron sobre el cierre, la vocera de Dart, Becky Warren, dijo en un comunicado: “Invertimos nuestros recursos de reciclaje en comunidades que apoyan a nuestros clientes y a nuestra empresa”.

Para Wayner y otras personas, esta acción demostró que Dart no consideraba el reciclaje de poliestireno como una iniciativa viable, sino como moneda de cambio para protegerse de las normas.

“Tan pronto como perdieron, fue como si recogieran sus canicas y se fueran a casa”, comentó Martha Ainsworth, dirigente de voluntarios de Sierra Club en Maryland.

©2020 The New York Times Company