Dulce María Alavez desapareció del Bridgeton City Park el 16 de septiembre (Foto: Hannah Yoon de The New York Times)
Dulce María Alavez desapareció del Bridgeton City Park el 16 de septiembre (Foto: Hannah Yoon de The New York Times)

La desaparición de Dulce María Álvarez ha despertado una sensación de seguridad en la zona rural, mayoritariamente en el centro latino al sureste de Nueva Jersey.

Una madre se negó a que su hija de 13 años caminara sola hasta la tienda a dos minutos. Un padre hizo una barricada en el frente a su entrada con sillas para evitar que su hija jugara en la acera. Otra madre regañaba a su hijo de dos años cada vez que se acercaba a la puerta del patio.

Los padres de esta comunidad rural al sureste de Nueva Jersey han estado obsesionados con la misma cuestión por las últimas dos semanas. ¿Qué pasó con la pequeña Dulce María Álvarez?

La desaparición de Dulce, de 5 años, y la posibilidad de que fuera secuestrada a plena luz del día de un parque local, se ha apoderado de la región, destruyendo la sensación de inseguridad intrínseca de cualquier pueblo pequeño.

Pero en Bridgeton, que tiene un enclave muy unido de inmigrantes mayormente latinos, el caso empujó a los residentes a enfrentarse al discurso nacional sobre inmigración y xenofobia del que habían estado mayormente aislados.

La investigación, resultado de la creciente atención en Bridgeton, también aumentó los temores de los residentes indocumentados sobre la aplicación de la ley y la deportación.

“No habíamos visto racismo aquí antes – en nuestro pequeño pueblo no había nada como eso”, dijo Licho Ruiz, de 37 años, una residente y madre de un pequeño niño, agregando que “es realmente increíble. Las personas realmente tienen miedo ahora”.

Dulce desapareció la tarde del 16 de septiembre después de que su madre, Noema Álvarez Pérez, la llevó a ella, a su hermano de 3 años y a su sobrino de 8, a comprar un helado en una tienda del vecindario.

Cuando llegaron a Bridgeton City Park alrededor de la 16:00 horas de la tarde, Dulce y su hermano corrieron a la zona de juegos mientras Álvarez Pérez se sentó en el carro con el pequeño de 8 años, aproximadamente 30 yardas más lejos, de acuerdo con los reportes policíacos.

Minutos después, encontró al hermano de Dulce llorando. Cuando preguntó donde estaba su hermana, él apuntó a un grupo de edificios cercanos al parque.

Álvarez Pérez entró en pánico, de acuerdo con miembros de su familia. Incapaz de encontrar a Dulce, llamó a la policía y a su familia, frenéticamente les dijo que fueran al parque.

“Ella me llamó sollozando, difícilmente podía entenderla, pero ella dijo que Dulce había desaparecido, que la policía estaba buscándola y que fuera al parque en ese momento”, recordó entre lágrimas Norma Pérez, madre de Álvarez Pérez, quien ayudó a criar a Dulce.

“Sentí que mi corazón se detuvo” dijo Pérez, de 40 años.

Más tarde, una Alerta Ámber identificó a un hombre de complexión delgada y piel clara que llevaba tenis naranjas, pantalón rojo y playera negra, como una persona implicada en la desaparición de Dulce.

La policía sospecha que, mientras jugaba en el columpio con su hermano, Dulce fue atraída de alguna manera hacia una camioneta roja que tenía puertas corredizas para pasajeros y vidrios polarizados.

A parte de eso, existe poca información pública sobre lo que podría haber sucedido. La investigación se ha extendido hasta su tercera semana.

“Ella siempre estaría con mi mamá y conmigo, nunca se alejaría de nosotras”, dijo Álvarez Pérez a reporteros locales y agregó que “ella no se iría con un extraño que no conoce”.

Las noticias de la sospecha de secuestro pronto se extendieron en el pueblo. Los residentes se unieron para encontrar a la pequeña niña.

Empresas locales donaron dinero para una recompensa, la cual creció a 35,000 dólares, por información sobre el supuesto secuestro. El propietario de un restaurante local, que donó al fondo, voló su dron sobre los 1,100 acres del parque con la esperanza de encontrar pistas. Se llevó a cabo una vigilia con velas en el parque.

Dulce se encuentra ahora en la lista de las personas secuestradas o desaparecidas más buscadas por el FBI.

“Es muy trágico ver a una madre perder a su hija” dijo la residente de Bridgeton Lucía Domínguez, de 52 años. “Yo misma tengo una hija y no puedo imaginar el dolor que debe sentir. Solo queremos que la niña sea encontrada”.

Dos semanas después de la desaparición de Dulce, una sensación de incredulidad todavía envolvía a la aislada comunidad.

Como los abuelos de Dulce, una gran cantidad de residentes emigraron de México hace 20 años. Muchos se dirigieron directamente a Bridgeton, donde les habían dicho que existía una amplia oportunidad de trabajo en la granjas vegetales y fábricas de procesamiento de alimento.

El pueblo de 24,000 habitantes, rápidamente se convirtió en un enclave inmigrante: una vez que los edificios comenzaron a adornarse con brillantes letreros verdes y rojos en español que anunciaban lavanderías y panaderías. El vecindario se llenó de tiendas de conveniencia en donde había vainas de chiles y hojas de árnica. Un puesto de pupusas también apareció en la misma cuadra que la oficina del alcalde.

Los hijos de inmigrantes nacieron en la misma atmósfera comunitaria que sus padres conocían en casa, jugando libremente en las calles después de la escuela, mientras los adultos platicaban en las entradas de las casas.

Pero algunos inmigrantes en Bridgeton se han mantenido en Estados Unidos de manera ilegal, causando la preocupación de algunos funcionarios estatales, incluido el fiscal general de Nueva Jersey, Gurbir Grewal, porque residentes se han negado a dar información sobre Dulce a la policía por temor a que se les ponga en el radar de ICE.

La preocupación de Grewal creció cuando ICE arrestó al novio de la madre de Dulce, Edgar Martínez-Santiago, un ciudadano mexicano, después de la desaparición de la niña. Un vocero de ICE dijo que Martínez-Santiago, de 27 años, fue puesto en libertad el 19 de septiembre y que esta formando parte de la investigación en curso.

“ICE no apunta a los testigos. ICE invita a los inmigrantes indocumentados a cooperar con las autoridades locales, estatales y federales sin miedo a represalias”, dijo el vocero.

Los residentes dijeron que la comunidad ha evadido ampliamente los crecientes esfuerzos de aplicar leyes de inmigración en los últimos años, sin embargo, temen que la desaparición de Dulce pueda cambiar eso.

“Algunas personas fueron recogidas aquí y allá, pero no hemos perdido a tantas personas, dijo Alberto Peresia, de 41 años. “Pero con el secuestro, ahora hay dos cosas que nos preocupan: una es la seguridad de nuestros niños y otra la aplicación de la ley sobre inmigración”.

Mucho de los que viven en la misma zona que la familia Álvarez Pérez describen a dulce como una niña juguetona con una sonrisa casi constante. Ella a menudo jugaba con su hermano en el patio familiar y regañaba a sus primos más grandes por mostrarle video de Peppa Pig en Youtube, dijo su primo de 16 años, José Álvarez Pérez.

“Ella es una niña muy feliz”, dijo.

Estos días, la madre de Dulce pasa su tiempo en casa o sentada en las sillas de cojines azules de la iglesia local Pentecostal rezando por que su hija regrese, dijo la abuela de Dulce.

Además de la angustia por la que está pasando, Álvarez Pérez, quien tiene cinco meses de embarazo, ha sido fuertemente criticada y agredida con comentarios xenofóbicos. Las críticas en líneas han atacado su figura como madre y una extraña la reprendió por tomarse un descanso para comer una rebanada de pizza mientras los miembros de la comunidad buscaban a Dulce en el parque, contó Álvarez Pérez a periódicos locales.

El incidente más público surgido de esta situación fue cuando una maestra al sur de Jersey pareció culpar a la herencia mexicana de la madre por la desaparición de la menor.

Al comentar en una publicación de Facebook preguntando porqué la madre se Hewitt Bishop escribió: “Son mexicanos, es su cultura”, agregó: “Ellos no supervisan a sus hijos como nosotros”.

Bishop enfrenta actualmente medidas disciplinarias en su escuela y no pudo ser contactada para hacerle preguntas.

Para la mayoría de los residentes Bridgeton ha sido un refugio seguro de la corriente subterránea del sentimiento antiinmigrante que había hervido en comunidades vecinas, predominantemente blancas. Pero la desaparición de Dulce los ha obligado a enfrentar discursos que antes solo habían escuchado en televisión.

“La única tensión que hemos tenido aquí ha sido entre personas con papeles y personas sin papeles”, dijo María de 41 años, quien prefirió ser identificada solo por su primer nombre debido a su estado migratorio. “Nunca me he encontrado con racismo por parte de otras personas, especialmente con lo mexicanos, aquí. Eso es muy malo para todos nosotros. Y viene de parte de una profesora. ¿Qué pensarán los niños que ella enseña cuando crezcan?”.

El viernes, los niños corrían por el patio de juegos en donde Dulce desapareció. Pocas señales indicaban que el área cubierta de pasto era el escenario de la peor pesadilla de una madre: la cinta policíaca amarilla colocada alrededor de un banco de metal y un tributo a Dulce estaba cerca del campo de béisbol localizado a poca distancia del lugar.

Algunos se detuvieron a mirar las tradicionales velas de oración, o “veladoras”, de la reciente vigilia. Sobre ellos estaba colgada una cartulina rosa brillante con una frase garabateada con grandes letras negras: “Trae a Dulce a casa”.