
En abril y mayo de 2020, uno y dos meses después del cierre de las escuelas, la organización sin fines de lucro Let Grow realizó encuestas de niños de 8 a 13 años, y de sus padres. En general los datos revelaron que los niños en realidad estaban menos ansiosos durante estos meses de encierro que antes de la pandemia. Encontraban cosas interesantes que hacer, estaban durmiendo más, comunicándose con amigos en línea, ayudando en casa y ganando un nuevo respeto y aprecio por parte de sus padres debido a lo bien que se estaban manejando a sí mismos. Según sus propias calificaciones y las de sus padres, era mucho más probable que se sintieran felices que tristes.
Recientemente la misma entidad dio a conocer más análisis de algunas de las preguntas abiertas en la encuesta de mayo pasado. Una pregunta abierta pidió a los niños que completaran la oración: “Algo que me gusta de esta época es...”. Cerca de 800 dieron sus impresiones.
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Los investigadores decidieron clasificar las respuestas en “tiempo para perseguir mis propios intereses” (debido al tiempo libre que tenían después de que cerraron las escuelas y otras actividades), o “más sueño” (porque no tenían que levantarse temprano para ir a la escuela), pero resultó que estos se ubicaron en el segundo (30%) y tercer (16%) lugar entre los más comunes. Con mucho, la categoría de respuesta más frecuente, que abarca el 47% de las respuestas, fue “más tiempo con la familia” (a menudo se indica como más tiempo con mi madre, mi padre o ambos; o como un tiempo más agradable con ellos).

Un informe de otra encuesta, realizada por un equipo de The Wheatley Institution, presidido por Jean Twenge reflejó las opiniones de 1500 adolescentes, descubrió de manera coincidente que de muchas maneras estos jóvenes estaban haciendo psicológicamente mejor durante la pandemia que antes.
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En particular, tenían menos probabilidades de estar deprimidos. Los investigadores también descubrieron que los adolescentes estaban durmiendo más, se los observó más fuertes y resistentes, e informaron que sus familias se habían vuelto más cercanas y tenían más probabilidades de cenar juntos que antes de la pandemia. Sorprendentemente, los adolescentes también informaron que se sentían menos solos que antes de la pandemia. “Eso tiene sentido si se asume que la reducción de la soledad se debió a la mayor cercanía de la familia”, afirma Twenge.
“Hay una lección de la pandemia que espero que se mantenga -dice, esperanzado, Peter Gray, profesor de investigación en Boston College y miembro fundador de la organización sin fines de lucro Let Grow-. Antes, los niños y adolescentes estaban tan ocupados con el colegio, el trabajo escolar y las actividades extracurriculares, y los padres con su propio trabajo y llevando a sus hijos de una actividad a otra, que los niños y los padres tenían pocas oportunidades de conocerse realmente. Luego los padres comenzaron a ver a sus hijos con otros ojos y, en su mayor parte, les gustó lo que vieron; y los niños empezaron a ver que sus padres realmente se preocupaban por ellos, como personas, no como calificaciones en una boleta de calificaciones”.
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El estudio de Twenge demostró que los adultos esperan que se use esta lección para cambiar algunas de las formas adquiridas durante la pandemia. “Reduzcamos el trabajo escolar, las actividades formales después de la escuela, algunas de las preocupaciones de los padres con sus profesiones fuera de la familia, la preocupación de todos por las marcas externas de logros y proporcionemos más tiempo para que las familias simplemente disfruten de la compañía de los demás”, afirma Twenge. Una buena forma de empezar es cenar juntos con regularidad, cenas agradables y relajadas, en las que el objetivo principal es disfrutar el uno del otro. Luego, tal vez, algunos juegos familiares, no para competir sino para reír.
Algunas de las respuestas de los niños a las preguntas abiertas fueron bastante conmovedoras. Un niño de 9 años dijo: “Todos están en casa y por primera vez en mucho tiempo estoy feliz. Me acosan en la escuela, esto es mucho mejor y todos están más felices. Mi mamá sonríe más ahora, ya no nos gritamos (culpa mía). Ella me ha ayudado con mi proyecto y todos están felices de ayudarme a identificar errores. Descubrí que mi mamá también sabe mucho sobre insectos. De hecho, mi mamá es muy inteligente y me alegro de que nos estemos divirtiendo de nuevo y me di cuenta de que estaba enojado con todos porque estaba tomando mis enojos de la escuela y los dejaba en casa. Después de que le conté a mamá lo que me estaba pasando en la escuela, ella me preguntó por qué no se lo dije antes para que pudiera hacer algo al respecto. Le pedí disculpas y ella lloró un poco y me dijo lo mucho que me amaba, luego yo también lloré. Entonces mi hermanita nos vio llorar y también lloró, lo que nos hizo reír a todos. ¡Me siento mucho mejor ahora!”.
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