Resiliencia familiar en pandemia: cómo utilizar este recurso y por qué conviene hacerlo crecer

Fortalecernos a partir de la difícil experiencia que nos está tocando afrontar es la piedra basal junto a una comunicación clara, positiva y sincera. Siete ideas para poner en práctica en casa

La resiliencia es la capacidad que le permite a ciertas personas anteponerse a las distintas adversidades que se les presentan en la vida diaria (Getty)
La resiliencia es la capacidad que le permite a ciertas personas anteponerse a las distintas adversidades que se les presentan en la vida diaria (Getty)

¿En cuantos brazos estará tatuada la “resiliencia”? ¿Cuántas remeras o posteos en redes se habrán hecho sobre esta palabra? Sin dudas, este término está en boga, casi de moda desde hace unos años. Incluso antes de la pandemia, esta capacidad que les permite a ciertas personas anteponerse a las distintas adversidades que se les presentan en la vida diaria, apareció como un especie de norte zen, un rumbo que muchos empezaron a poner en práctica en el día a día.

Y si de adversidades se trata, la pandemia de coronavirus -lo fuimos aprendiendo- tiene varias.

Sin repetir y sin soplar: suspensión de clases, idas y vueltas en torno a las medidas preventivas, pérdida de seres queridos, no ver a los amigos, no festejar cumpleaños, convivencia 24/7, el homeoffice compitiendo con el homeschooling, computadoras y espacios que no alcanzan, falta de recursos, pérdida de trabajos...

La lista sigue porque aún se esta escribiendo la bibliografía del COVID-19, una enfermedad que nos atraviesa de forma transversal no solo en cuanto a la salud, sino a través de planos socio económicos a nivel global.

Todas estas situaciones, han llevado a un estado de inestabilidad generalizada, que repercute mucho en ese lugar donde mayormente la gente tuvo que encerrarse: la casa.

“La resiliencia aparece como un recurso que podemos hacer crecer, tanto en lo personal como en lo familiar, y tiene que ver con desarrollar la capacidad de hacer frente a la adversidad y salir fortalecidos”, dice Carolina Sánchez Agostini (Getty)
“La resiliencia aparece como un recurso que podemos hacer crecer, tanto en lo personal como en lo familiar, y tiene que ver con desarrollar la capacidad de hacer frente a la adversidad y salir fortalecidos”, dice Carolina Sánchez Agostini (Getty)

Más allá de las crisis sociales, cada crisis familiar es única. “Las atravesamos en primera persona. Las sufrimos en la intimidad de nuestros hogares. Las vivimos como podemos, a veces a gran costa de nuestra estabilidad emocional y afectiva”, dice a Infobae Carolina Sánchez Agostini, Investigadora doctoral y directora de la diplomatura en Educación Sexual Integral de la Universidad Austral.

La resiliencia aparece como un recurso que podemos hacer crecer, tanto en lo personal como en lo familiar, y tiene que ver con desarrollar la capacidad de hacer frente a la adversidad y salir fortalecidos. Es esa esperanza que nos ayuda a comprender que, aunque todo esté oscuro, no estamos en un pozo sino en un túnel: si seguimos caminando, la luz aparece siempre”, agrega Sánchez Agostini.

María Fernanda Rivas, licenciada en Psicología, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), especialista en parejas y familias y autora del libro La familia y la ley. Conflictos-Transformaciones, sostiene que el contexto actual, en la sociedad y en las familias, aparecen afectos ligados al duelo, la angustia y el trauma, pero por otro lado también conductas de “adaptación activa” a la nueva realidad. “Este fenómeno se llama “resiliencia”, que alude a la capacidad de transformar lo traumático y doloroso en fuerza impulsora. En psicoanálisis, un concepto afín al de resiliencia es el de “virtualidad sana”, que se utiliza para designar el potencial autocurativo que posee toda persona y que puede ser desarrollado o entorpecido por el entorno. Otro concepto afín es el de “esperanza”, que fue utilizado por Winnicott y García Badaracco, explica Rivas a Infobae.

Otra de las cuestiones, sugiere Agustina Fernández, psicoanalista de APA, es que resulta fundamental en este contexto, no quedar atrapado en el exceso de información. “Puede saturar la capacidad de pensar y dejar agotados”, dice a Infobae. “Tomar conocimiento de las situaciones y cuidados en su justa medida sin aturdirse. No intentar controlarlo todo, justamente porque es imposible lograrlo, lo cual va a deparar irremediablemente una mayor frustración. Cuidarse, implica también cuidar a los otros. La pandemia nos pone a prueba como sociedad y tenemos mayor probabilidad de éxito cuando logramos ser solidarios. El pensar cada quien en sí mismo y descuidar al otro, hace mucho más difícil el progreso. Existe un cansancio generalizado, que por supuesto tiene que ver con el terrible exceso de tareas que cada quien ha asumido, la sobreproducción de pantallas a conectar diarias y la falta de intervalos entre las actividades. También una falta de contacto con otros, con otros cuerpos, con la voz, la mirada, la piel, el olor, de otros cuerpos vivos en el mismo espacio- tiempo”, agrega Fernández.

Las 7 claves

“La resiliencia aparece como un recurso que podemos hacer crecer, tanto en lo personal como en lo familiar", dicen los expertos (Getty)
“La resiliencia aparece como un recurso que podemos hacer crecer, tanto en lo personal como en lo familiar", dicen los expertos (Getty)

Sánchez Agostini propone 7 claves para pasar de la crisis a la resiliencia familiar.

1. Brindarse apoyo mutuo y funcionar como un equipo, buscando soluciones alternativas a lo que hoy parece que no tiene salida.

2. Reconocer cuando el otro/a no puede más y necesita consuelo en lugar de reclamos.

3. Compartir la gran riqueza del intercambio intergeneracional y comprender qué tiene cada uno/a para aportar -niños, niñas, adolescentes, adultos, abuelos-, sin dejar de lado a nadie.

4. Comunicarse de manera clara, positiva y sincera.

5. Tener identificados cuáles son los recursos positivos que cada miembro de la familia tiene y puede poner en común para salir de la crisis (buen humor, practicidad, proactividad, etc.).

6. Generar espacios frecuentes de actividades compartidas que sean ocasión de disfrutar todos juntos -puede ser un día fijo a la semana-.

7. Desarrollar sentido del humor -clima familiar afectivo y positivo-, y a la vez compartir valores profundos.

Ubicarse ante la realidad

Siempre depende de la lectura que hagamos y cómo nos ubiquemos frente a la realidad (Getty)
Siempre depende de la lectura que hagamos y cómo nos ubiquemos frente a la realidad (Getty)

Ante la angustiante sensación de que tenemos por delante otro año igual al anterior, el solo hecho de pensarlo, genera en muchas personas un parate mental que no ayuda. Y hasta paraliza. “Dependerá de la lectura que hagamos y cómo nos ubiquemos frente a la realidad. Nos será de mucha utilidad poder ver “lo diferente” que encontremos en cada situación que -a primera vista- podría parecer “idéntica””, dice Rivas.

Y ejemplifica: “La creación de vacunas en un tiempo récord -inédito para los protocolos habituales- es uno de los ejemplos. El avance en las tecnologías de comunicación, también ha sido enorme. Cómo se ha reformulado el concepto de “distancia geográfica” es otro cambio fundamental: el estar cerca o lejos, ya es algo relativo. Esto equivaldría a ensayar una actitud resiliente: fortalecernos a partir de la difícil experiencia que nos está tocando afrontar. Aún en las situaciones más extremas, el potencial autocurativo incide enormemente en la capacidad de recuperación”.

Fernández, en cambio, dice que no cree tanto en las claves. “Cada quien hará lo que pueda con sus propias herramientas para crear a su modo. No hay recetas a seguir”, esgrime. Pero sin dudas cuestiones como el humor o la solidaridad con los otros, dice, son buenos aliados. “El humor puede ayudar a las personas a despegar por un rato de esa alienación fatídica a la realidad y hacer más tolerable la verdad. Ese: “no es en serio” del humor, pacifica, regula el dolor y da alivio. En cierta medida, habilita al sujeto, relativiza las certezas y releva al deseo de culpa. Freud lo consideraba “un don precioso y raro”, explica.

El estudio, la lectura, algún hobbie que permita el despliegue de creatividad, el seguir planteándose objetivos y proyectos, son algunas de las claves
El estudio, la lectura, algún hobbie que permita el despliegue de creatividad, el seguir planteándose objetivos y proyectos, son algunas de las claves

En la misma línea, sugiere Rivas: “Un recurso muy importante es la posibilidad de darnos cuenta cuánto nos afectan los estados emocionales de los otros. La angustia y el pesimismo se contagian tanto como el Covid, pero el buen humor y el optimismo también se contagian y ayudan a crear barreras de protección frente a los estímulos traumatizantes. Se logran de esta forma procesos de “inmunización psíquica” que sirven para afrontar con mayores recursos las vicisitudes de una crisis”.

La solidaridad es uno de los modos que asume el lazo humano. “El ser humano es por definición un ser social, no sólo necesita de otros para sobrevivir desde su nacimiento en un sentido biológico, sino que se constituye como sujeto con otros. En tal sentido, el lazo con otros es fundamental. Y justamente, es una de las cosas que se ha visto más afectada en la pandemia. La prevención del contagio obligó al aislamiento, al distanciamiento social. Una distancia física, no compartir el mismo espacio, que se derramó y devino también distancia afectiva. Conservar los lazos con los otros, los encuentros a pesar de la distancia física, es no sólo saludable sino necesario para las personas. La solidaridad tiene que ver con el dar al otro, tomarlo en cuenta en sus necesidades, ponerse un poco en su lugar para ayudarlo. Ese modo de lazo, de vínculo propiamente humano, dignifica y fortifica a los sujetos y a la vida en sociedad”, agrega Fernández.

Proyectar, esa es la cuestión

La idea es bajar la exigencia, desarrollar más paciencia con nosotros mismos y con los otros, considerando el contexto totalmente atípico en el que nos encontramos (Getty)
La idea es bajar la exigencia, desarrollar más paciencia con nosotros mismos y con los otros, considerando el contexto totalmente atípico en el que nos encontramos (Getty)

En el contexto actual se puso de manifiesto la importancia de la posesión de un mundo interior y de encontrar alguna actividad de la cual disfrutar, aunque sea de a ratos: el estudio, la lectura, algún hobbie que permita el despliegue de creatividad, el seguir planteándose objetivos y proyectos. Dice Rivas: “La capacidad de soportar la buena soledad, es una condición para poder estar disponibles para otros. Y el cuidado y la valoración del lazo con aquellos que sostienen nuestra cotidianeidad. Para muchos padres, ha resultado tortuoso tener que acompañar a sus hijos en este proceso desde el año pasado, que equivalió casi a “hacer de nuevo el colegio” y encima a través de medios a los que nadie estaba acostumbrado. Sin embargo, paralelamente a esto, también se ha realizado un inevitable aprendizaje familiar de estos recursos de emergencia, que hoy forma parte del acervo que poseen grandes y chicos. La idea es bajar la exigencia, desarrollar más paciencia con nosotros mismos y con los otros, considerando el contexto totalmente atípico en el que nos encontramos. Es importante aprender a valorar y sostenerse en esos pequeños logros que los niños y las familias han podido hacer en esta realidad tan convulsionada”

Sánchez Agostini concluye: “Hay situaciones en las que puede hacerse insostenible la crisis. Sin embargo, en muchas otras, como leí hace un tiempo por ahí, “la solución no es irse, sino cambiar la manera de quedarse”. En este tiempo, en el que el encierro puede haberse vuelto expulsivo, la invitación es volver a pensar en nuevas maneras de convivir, de desarrollar recursos y salir fortalecidos de esta situación. Recordemos que estamos en un túnel y que, cuando todo esto pase y salgamos, lo más probable es que queramos compartirlo con esas personas tan importantes en la vida de cada uno/a de nosotros: nuestras familias”.

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