
En 2009, Chris Wetherell estaba a la cabeza del equipo que se encargó de crear el botón de retuit en la red social Twitter. En ese momento le emocionaba el hecho de que con esa herramienta, las comunidades con poca representación tendrían una voz con mayor alcance. Sin embargo, el uso del botón cambió completamente y hoy día se arrepiente de su creación.
Wetherell, quien es desarrollador, recientemente mencionó en una entrevista con el portal estadounidense BuzzFeed que ni él ni sus compañeros anticipaban que los usuarios emplearían la función para compartir mensajes sin reflexionar si se trataban de noticias falsas o ataques hacia alguna persona o grupo determinados.
Su sentir de arrepentimiento respecto a la herramienta es tal que incluso la compara con "entregarle un arma cargada a un niño de cuatro años". Y es que antes para replicar un mensaje, los usuarios debían copiar y pegar el texto, así como escribir "RT", lo cual hacía el proceso tedioso. Con el botón, la compañía estandarizó la acción y ésta se normalizó.
Antes de Twitter, Wetherell trabajó en Google y declaró que hasta el lanzamiento de la función de retuit no se había dado cuenta de que facilitaba a los tuiteros compartir información que tal vez ni siquiera habían leído. Antes, explica, tenían que pensar al menos lo que compartían pues debían copiar y pegar, con el botón de retuit, "la reflexión desapareció y fue sustituida por el impulso".

Para el creador de este botón, actualmente "las redes están rotas y el retuit es una gran razón de ese problema". Un ejemplo de ello sucedió a finales de 2014, cuando acaeció el Gamergate, la cual fue una campaña de acoso contra las mujeres en la industria de los videojuegos.
En ese entonces, Wetherell se dio cuenta de que su creación era utilizada para coordinar ataques en contra de personas o a través de ella se reproducía información errónea a un ritmo muy acelerado, lo cual le parecía algo "espeluznante".
"Me di cuenta de que no se trataba de un pequeño subconjunto de personas que actuaban de manera aberrante. Esta podría ser la forma en que se comportan las personas. Y eso me asustó mucho", declaró. Y es que de un total de 316, 669 tuits del Gamergate publicados en tres días, 217, 384 fueron retuits, de acuerdo con un análisis del especialista Andy Baio.
Desde su perspectiva, para los atacantes fue muy sencillo dañar la reputación de alguien más y el retuit les daba la capacidad de hacerlo con una rapidez tal que ni siquiera podían responder o defenderse: "Construimos una vía ofensiva, pero no construimos una defensa frente a eso".

Actualmente, Jack Dorsey, CEO de Twitter, ha declarado que también han examinado la función del retuit y le podrían incluir la obligatoriedad de hacer comentarios con el fin de que los usuarios lean lo que comparten y lo reflexionen, sin embargo, reconoce que eso no necesariamente resolvería los problemas de Twitter.
La alternativa sencilla para acabar con la toxicidad en las redes generada por la reproducción de mensajes podría ser desactivar los botones de retuit, pero eso traería más problemas tanto para los anunciantes como para la propia plataforma, pues las visitas disminuirían, así como los ingresos por publicidad.
Una reversión completa de los botones no es realista ni una buena idea. Si esos botones estuvieran universalmente desactivados, explicó, la gente "podría pagar a los usuarios con grandes audiencias para que transmitan su mensaje, dándoles un poder desproporcionado".

Para poner fin a esta situación Chris propone limitar la cantidad de veces que se puede retuitear un tuit, así como lo hizo WhatsApp a inicios de año y con lo cual limitó la reproducción de rumores y desinformación en esa red.
Otra sugerencia de Wetherell es hacia las compañías de redes sociales: éstas deben dirigir su atención al público, ofrecerles una plataforma donde se pueda revocar o suspender la capacidad de reproducción de mensajes terribles o que inciten al odio.
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