
Hay una cifra que debería quitarnos el sueño: quedan aproximadamente 196.600 sobrevivientes judíos del Holocausto en todo el mundo. Su edad mediana es de 87 años. El 97% eran niños durante la Shoá. Hace un año sumaban 220.000. Dentro de una década, el 70% ya no estará.
Este 13 y 14 de abril, cuando conmemoramos Yom Hashoá, no solo recordamos a los seis millones de judíos asesinados por el nazismo. También nos despedimos, en silencio, de la última generación que puede mirarnos a los ojos y decir: “Yo estuve ahí”.
América Latina: reconstruir desde las cenizas
Tras la guerra, miles de sobrevivientes eligieron América Latina para empezar de nuevo. Decenas de miles de personas desplazadas llegaron a la región en las décadas posteriores.
Esos héroes reconstruyeron sus vidas con las manos vacías y el alma rota: fundaron familias, levantaron comunidades y abrieron comercios. Hablaron ídish en casa y castellano en la calle. Guardaron el horror en el silencio y la esperanza en sus hijos.
Las comunidades judías de la región —en Buenos Aires, São Paulo, Ciudad de México, Santiago o Montevideo— crecieron de esa resiliencia. Todo lo que somos como judíos en América Latina tiene una raíz que atraviesa el horror del siglo XX.
Mientras ellos desaparecen, el odio crece
Hoy enfrentamos una paradoja inquietante: mientras los últimos sobrevivientes nos van dejando, el antisemitismo en América Latina crece con una virulencia alarmante.
Tras el 7 de octubre de 2023, el fenómeno cambió de escala: es más frecuente, más severo, más visible. Va del acoso digital a la agresión física y la hostilidad institucional.
Las cifras lo confirman. En Argentina, la DAIA registró 673 incidentes en 2025, un promedio de casi dos casos por día. Las agresiones físicas se multiplicaron por nueve desde 2022. En Brasil, según datos de CONIB, los incidentes aumentaron un 350% entre 2022 y 2024, al pasar de 397 a 1.788 casos. En 2025 se registraron 989 denuncias, consolidando niveles elevados de antisemitismo en el país.
Tres factores alimentan esta espiral: la retórica política inflamatoria, la desinformación que amplifica teorías conspirativas y la creciente influencia de redes alineadas con el régimen iraní en la región. La Liga Antidifamación (ADL) ha documentado cómo HispanTV difunde narrativas sobre el “poder judío” y glorifica a organizaciones terroristas ante una audiencia potencial de casi 600 millones de hispanohablantes.
A esto se suma un dato inquietante: el 58% de los encuestados en la región cree que “los judíos tienen demasiado poder en los negocios”; el 39% que “controlan los asuntos globales”; y solo el 45% considera que el Holocausto ha sido descrito con precisión, según la encuesta Global 100 de la ADL.
Los prejuicios más antiguos siguen vivos, con nuevas formas.
El verdadero peligro no es el odio, es la indiferencia
Como advirtió Jonathan Greenblatt, CEO de la ADL: “El antisemitismo no solo se ha vuelto asesino; se ha vuelto mundano”. Ese es el verdadero peligro.
El peligro no está solo en la bomba, sino también en la indiferencia.
No está solo en el insulto, sino también en el silencio.
No está solo en el extremista declarado, sino también en quien mira hacia otro lado.
Cuando un estereotipo se repite sin respuesta, cuando una conspiración se viraliza, cuando una agresión se minimiza, el odio se normaliza.
América Latina ya conoce las consecuencias. El atentado a la AMIA en 1994 —con 85 muertos— sigue siendo el ataque antisemita más mortífero fuera de Israel desde el Holocausto. Tres décadas después, pese a avances recientes en la búsqueda de justicia, las heridas siguen siendo profundas.
Una deuda que no admite demora
A los sobrevivientes que llegaron a nuestra región les debemos más que memoria. Les debemos acción.
Les debemos marcos legales que protejan a sus comunidades.
Les debemos datos transparentes.
Les debemos gobiernos que rechacen al antisemitismo y actúen.
Les debemos una región donde ser judío no sea motivo de miedo ni de exclusión.
Este Yom Hashoá, mientras encendemos las seis velas, recordemos también a los testigos de la memoria que ya no están. A los que cruzaron el océano con lo puesto. A los que aprendieron a vivir de nuevo. A los que plantaron raíces para que nosotros pudiéramos florecer.
En este Yom Hashoá, celebremos y honremos a esos héroes de la vida que aún están con nosotros. Su tiempo tal vez se agota. El nuestro para actuar, no.
*Marina Rosenberg es la vicepresidenta sénior de Asuntos Internacionales de la Liga Antidifamación (ADL).@_MarinaRos
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