¿Cuándo se jodió Europa?

El continente sigue siendo expresión de historia y cultura, destino de emigración y de turismo, pero sin duda ha tomado malas decisiones, y en los últimos siglos, cuesta encontrar otro momento donde importara menos que ahora

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Pese a ser una expresión de historia y cultura, Europa ha tomado malas decisiones en los últimos tiempos (REUTERS/Yves Herman)
Pese a ser una expresión de historia y cultura, Europa ha tomado malas decisiones en los últimos tiempos (REUTERS/Yves Herman)

¿En qué momento se jodió el Perú? preguntaba en forma retórica el periodista Zavalito en “Conversaciones en la Catedral”, la novela de Mario Vargas Llosa, desde entonces incorporada al mundo para ser usada en muchas ocasiones en relación con otros lugares. A mi juicio, el autor no miraba al pasado, sino que era una herramienta de gran fuerza para analizar tanto el presente como el futuro, ya que, al entender el origen, esa realidad podía ser mejorada.

Es en ese sentido que la utilizo, es decir, entender que hizo Europa o que decisión tomó que inició esta etapa de notoria irrelevancia como potencia, lo que es aún más perjudicial en estos días de evidente predominio de la geopolítica. Por cierto, Europa sigue siendo expresión de historia y cultura, destino de emigración y de turismo, pero sin duda ha tomado malas decisiones, y en los últimos siglos, cuesta encontrar otro momento donde importara menos que ahora, pesando poco en la balanza de poder desde el punto de vista estratégico, ya que por lo mostrado en el actual conflicto del golfo pérsico, no parece haber tocado fondo, por lo que a pesar de su historia y la importancia económica de su mercado común, todo indica que habrá que acostumbrarse a un mundo donde su protagonismo continuará declinando. Lo que no sabemos es por cuanto tiempo, ya que su proceso de toma de decisiones es tan lento y complicado, que no se ve que pueda salir con facilidad de esta postración, afectada como está, además, por enfermedades que dificultan recuperar el sitial de potencia como lo son el buenismo, la superioridad moral y un pobre liderazgo.

También le afecta un retraso en innovación, visible en la poca cantidad de empresas de rango mundial en nuevas tecnologías, hecho notorio en un siglo caracterizado por la competencia entre China y EE. UU., distancia que probablemente se va a acrecentar con la irrupción de la inteligencia artificial. A lo anterior, la actual situación de molestia mutua con EE. UU. que se ha hecho presente a partir de las decisiones que Washington ha tomado en relación con Ucrania, y que se ha profundizado con el rechazo de la Casa Blanca a la falta de apoyo que ha recibido en su conflicto con Irán, y que, aunque no conduzca al fin de la OTAN, por lo menos se va a evidenciar en la redistribución al interior del continente de las bases militares estadounidenses. Por su parte, en años de pobre crecimiento económico, la necesidad que se sigan aumentando los aportes a la Defensa europea, sin duda, va a afectar el apreciado estado de bienestar que pudo ser creado por el ahorro que en el pasado significó que EE. UU. financiara parte importante, lo que hoy está en duda.

Para mi persona, el momento fatal en que Europa perdió la brújula, su sentido de misión y se alejó de sus magníficas tradiciones e historia fue el 15 de julio de 2003, día en que Valery Giscard d’Estaing presentó la Constitución europea. El expresidente francés había sido nombrado presidente de la Convención Europea para elaborar un proyecto de constitución, que resumiera y simplificara los distintos tratados. Sin embargo, aunque fue firmada por los entonces 25 miembros de la Unión, el fracaso fue total, ya que no volvió a hablarse de ella después que los procedimientos de ratificación sufrieran en referéndum el voto negativo de dos países fundadores tan importantes como Países Bajos y Francia.

Sin embargo, a mi juicio lo peor no estuvo allí, sino que el verdadero fracaso fue la negativa a incorporar alguna referencia potente a lo que era Europa, ya que no se quiso incorporar al cristianismo, toda vez que sin duda Europa como entidad histórica es una creación cristiana. Fue además penoso que haya existido esa omisión selectiva. No se trataba en caso alguno de algún artículo específico, sino que tal como lo reflejan las actas quedó afuera incluso de la enumeración de las fuentes culturales de las cuales derivarían los valores europeos, toda una renuncia que recordaba la persecución judicial que antes había sufrido quien anticipara los problemas europeos actuales, como fue el caso de Oriana Fallaci, ya que sin duda alguna la herencia cristiana es al menos tan importante como Atenas y Roma, en la definición de la esencia de lo que Europa es y representa.

Juan Pablo II (AP)
Juan Pablo II (AP)

Conocidas estas dificultades, ni siquiera se siguió un camino por el cual hizo lobby Juan Pablo II que era emular el exitoso camino de la constitución estadounidense, utilizando el Preámbulo de la Constitución europea. Ese fue el lugar donde el Vaticano pidió que el cristianismo fuera mencionado. Sin embargo, fue su redactor el propio Valery Giscard, quien aduciendo falta de consenso no lo incorporó y, por lo tanto, no hubo referencia.

A mi juicio, a falta de una unidad y una misión, aún más que el rechazo electoral en sus dos primeras votaciones, representó el momento donde Europa se jodió por la carencia de un propósito para la Unión, problema que aún la afecta, ya que, a diferencia de la constitución estadounidense, no había en el proyecto europeo, una explicación que le diera sentido, motivo y razón al propósito para el cual se estaban uniendo culturas, estados y trayectorias diferentes.

Por cierto, la culpa del fracaso en los referéndums, no se le puede achacar al político francés quien hizo campaña por su aprobación, sino que mejor se explica por el exceso de confianza de la elite y de los medios de comunicación, error arrogante que se repetiría en el Brexit triunfador en el Reino Unido años después. Algo similar a lo que ha pasado durante tantos años en la OTAN con la falta de interés europeo en temas estratégicos y militares, confiando que siempre estaría EE. UU. y sus recursos, hasta que tanto va el agua al cántaro, que termina rompiéndose. De hecho, en los años que me correspondió presidir la Comisión de Fuerzas Armadas y Sociedad del órgano mundial de la disciplina, la International Political Science Association, casi coincidentes con el fracaso constitucional, siempre fue notorio el creciente desinterés de los colegas europeos en esas materias.

Evidentemente el problema se mantiene hoy, y detrás está la dificultad de presentarse y hablar como una unidad de propósitos, en otra cosa que no sea la unión económica, ya que la Unión parece ser solo eso, y no desear el poder geopolítico o militar, como tampoco se ha querido avanzar hacia una estructura federal que represente algo más que la suma de sus partes.

Quizás, por ello, aun ahora, después del shock que significó la invasión rusa a Ucrania, todavía no se habla en serio de un ejército europeo, un proceso que necesariamente va a ser lento y laborioso, sino que se habla de un “Schengen militar”, aludiendo al espacio común donde se han abolido los controles internos de circulación de un lugar a otro, es decir, aludiendo a una especie de realismo mágico para obtener algo que va a necesitar paciencia y recursos, que al igual que lo que fue el euro, corresponde a un proceso donde hay una meta más que un acto repentino.

Mas aún, hoy, la falta de propósito se nota en el intento de contraponer a China con EE. UU., idea que se cae por sí sola, ya que, como respuesta a los aranceles de Trump, es poco creíble la idea de presentar a Beijing como lo que no es, como un “aliado”, además que en el horizonte de líderes no se vislumbra a nadie capaz de jugar el rol que con relación a la URSS jugara el general De Gaulle, menos, que nadie Macron.

Esta falta de presencia política de Europa es también una expresión de un proceso de toma de decisiones que muchas veces, de partida en decisiones importantes, requiere unanimidad, lo que con frecuencia se transforma en una verdadera pesadilla, y que en la práctica ha llevado a un tremendo déficit democrático, ya que la solución encontrada no ha sido buena, ya que consiste en funcionarios que no han sido sometidos a ninguna validación por los votantes, en la forma de la Comisión Europea, es decir, funcionarios designados y solo ratificados en órganos comunitarios, quienes toman decisiones que superan su rol burocrático, y cual Politburó se imponen a los países, muchas veces confrontando a líderes nacionales electos, que sin embargo, no coinciden con los gustos ideológicos de la cúpula. Tampoco es un problema de ahora. Ello ya se demostró en la actuación europea en la ex Yugoslavia en los 90, donde le solicitaron a EE. UU. que ya que la URSS había desaparecido, dejaran al continente resolver ese “problema”, para en definitiva verse obligados a recurrir a la administración Clinton, quien resolvió el tema militar bombardeando Serbia. Por lo demás, hoy, hasta el propio Reino Unido, si quisiera enviar la flota a las Malvinas no estaría en condiciones de hacerlo de un día a otro, como también es posible que no contaría con el apoyo de EE. UU. dada la relación existente entre Trump y Milei, en el contexto de la actual personalización de las decisiones en la Casa Blanca.

Europa sufre una falta de presencia política (ADRIAN DENNIS/Pool via REUTERS)
Europa sufre una falta de presencia política (ADRIAN DENNIS/Pool via REUTERS)

Los problemas de Europa para mantener su relevancia son muy notorios en el Medio Oriente, lo que también recuerda en algunas cosas a la URSS, ya que igual que ellos, culpar casi siempre a Israel la ha alejado de cumplir un rol importante, como lo acaban de demostrar los casos de España quedando afuera del organismo internacional preocupado de la situación humanitaria de Gaza, y el de Francia, afuera de las conversaciones de paz entre Israel y El Líbano.

Si mencionamos a estos países, es porque ambos han expresado reiteradamente su interés y la importancia para ellos de esas participaciones. Y si Europa no quiere que Israel desarme a Hezbolá, ello debe ser aceptado como una decisión privativa, pero si quiere seguir siendo relevante Europa, uno esperaría que ayudara al Líbano a desprenderse de esa intromisión iraní para recuperar su soberanía, lo que no va a ocurrir, ya que las potencias coloniales que tanta responsabilidad tuvieron, hoy, no están disponibles para ayudar a ese país con una fuerza armada de verdad, una de verdad a diferencia de los efectivos de la ONU.

Por lo demás, el Medio Oriente no es un lugar secundario, lo que hace difícil entender el desinterés que Europa ha demostrado en el tema de la libertad de circulación en Ormuz dada su dependencia en el petróleo y el gas de esa parte del mundo, a lo que hay que agregar la responsabilidad del Reino Unido en el origen del problema israelí-palestino o la de Francia en el origen de la tragedia libanesa.

Las deficiencias no solo aparecen en la política internacional, sino que a veces son aún más notorias en lo interno, como por ejemplo cuando se manifiestan en el fracaso de su multiculturalismo, en el efecto de una política inmigratoria que cuenta con insuficiente respeto por las tradiciones, ya que no solo no se les solicita a los recién llegados apreciar la cultura que los recibe, sino que tampoco se les entrega la información que necesitaría una historia que es magnífica en muchos aspectos.

En la práctica, en vez de integración ha habido una destrucción desde adentro, una Europa que se hace irreconocible, cuando en algunos barrios de sus ciudades la policía duda de entrar, y hay vigencia de la sharía sobre la ley común, hasta en países escandinavos.

Así lo descubrieron varios países, cuando en condiciones de la guerra civil siria, jóvenes nacidos y educados allí, viajaron con pasaportes de esos países a apoyar a movimientos fundamentalistas y hasta terroristas, al combate los hombres y a desposarse, las mujeres. En paralelo, a través de nuevos nacimientos en lugares donde apenas se reproduce la población, al ser admirables democracias, comienzan a adquirir una importancia electoral que crecientemente condiciona decisiones políticas, tanto en lo interno como en lo internacional, lo que se hace notorio en temas como Gaza y en las críticas surtidas a EE. UU. por los bombardeos a la República Islámica, sin prestar la atención debida a hechos como el programa de misiles que ha probado que desde allí puede llegar a cualquier capital europea.

Los países europeos mostraron indiferencia ante el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz por parte del régimen de Iran (AP Foto)
Los países europeos mostraron indiferencia ante el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz por parte del régimen de Iran (AP Foto)

Es indudable que, aunque ello no se expresa todavía en el despliegue de su fuerza militar a nivel mundial, EE. UU. enfrenta en casi todo otro nivel, el desafío chino como superpotencia mundial. Por su parte, a su nivel, Europa enfrenta una competencia similar, aunque no parece consciente, la de India, que en este siglo XXI avanza a pasos agigantados para desplazarla del tercer lugar, tanto como potencia geopolítica como poder económico, felizmente sin comportamiento agresivo.

Lo terrible de lo que le está ocurriendo a Europa, es que no parece estar consciente de la profundidad de su pérdida de importancia. Malas son dos cosas, que la actual situación es consecuencia de decisiones ya tomadas, como también no se ve cómo pueda recuperar lo perdido en el futuro cercano. Estando reunidos en Islamabad EE. UU. e Irán no sabemos qué va a determinar éxito y fracaso en esta tercera guerra del Golfo, ya que mientras no se resuelva militarmente o por negociación Ormuz, no sabemos cuál será el desenlace, pero por ahora, Europa no hace nada para abordar su presente irrelevancia, a pesar, que al igual que la invasión rusa de Ucrania, va a ser uno de los lugares más perjudicados.

El resultado de decisiones propias, donde nadie más puede ser responsabilizado, se muestra en el fracaso mencionado en la integración de los inmigrantes, no solo en comparación a otros lugares del mundo, sino también en la existencia de barrios segregados, donde en vez de sentir a la vez orgullo por sus raíces familiares y por el país donde nacieron, al igual que a cuál selección apoyar en el mundial, los jóvenes se ven obligados a optar.

Del mismo modo, grave es la forma como en energía Europa ha tomado decisiones que contribuyen a su actual situación, no solo en una política nuclear que clausuró centrales que entregaban electricidad más barata sin contaminar, sino también en la imposición de un verdadero extremismo medioambiental que prohibió el fracking que tanto ha ayudado a EE. UU. como también condujo a que no se utilizaran las reservas de gas y petróleo que se poseen en el Mar del Norte, considerando el hecho que es un continente con pocos depósitos de combustibles. Estas decisiones hipotecan su futuro ya que hoy la energía no es solo calefacción y transporte, sino, sobre todo, es determinante para la inteligencia artificial, los centros de datos y la minería de bitcoins, ya que todos ellos consumen grandes cantidades de electricidad equivalentes a miles de hogares durante meses. Uno de los grandes triunfos que ha logrado Europa es la creación de una zona de paz, que después de las ruinas dejadas por dos guerras mundiales, ha hecho olvidar siglos de guerras territoriales y religiosas. En ese sentido, la situación actual no es solo un problema geopolítico, sino que afecta la propia idea de una unión. Y aunque el Reino Unido sigue siendo en los hechos parte de Europa, ya se produjo un Brexit, y seguramente, van a surgir diferencias entre los países, no solo entre gobiernos liberales e iliberales, sino también entre países, incluyendo después de mucho tiempo, a quienes buscan reivindicar estrategias nacionales.

Es lo que está teniendo lugar en Alemania, alguna vez la locomotora económica europea, pero hoy en crisis económica, entre otras razones, al no poder seguir disponiendo de la energía barata que creía haber encontrado la Sra. Merkel en Rusia. Una Alemania que alguna vez tuvo una relación privilegiada con la Francia de Mitterrand y que en los últimos años, a veces ha buscado protagonismo internacional en forma conjunta con París y Londres, pero que ahora no solo hay rearme por vez primera desde su derrota bélica, sino que además está teniendo lugar lo que The Economist destaca como “una revolución para los servicios de inteligencia” alemanes, tanto que para lo interno como para el exterior, sus servicios secretos estarían “a punto de obtener nuevos y amplios poderes”, con la duda que si los cambios que la inmigración ha generado en la política interna van a permitir que el islamismo militante pase a figurar como un peligro prominente, duda alimentada por lo que ha tenido lugar, tanto en la política francesa como en la del Reino Unido.

Alemania atraviesa un momento de inestabilidad y crisis económica (REUTERS/Lisi Niesner)
Alemania atraviesa un momento de inestabilidad y crisis económica (REUTERS/Lisi Niesner)

En todo caso, ojo con Alemania que tal como dijera el entonces canciller Olaf Scholz en el 2022, está en “Zeitenwende” es decir, en punto de inflexión desde el ataque ruso a Ucrania, por lo que quizás va a buscar por sí sola lo que ya no encuentra en Europa o en las antiguas potencias coloniales.

Además de la desdicha de no haber podido encontrar un elemento común de unión y proyección continental al haber rechazado que el cristianismo fuera ese elemento del que hoy carece, creo que la presente situación de escasa relevancia también se debe a que sus actuales líderes han encontrado que es más fácil imitar a Chamberlain que a Churchill, de claridad meridiana en su actitud hacia el Medio Oriente y en el apaciguamiento a un Irán que nunca ocultó durante años que su programa atómico buscaba la desaparición de un país llamado Israel, lo que no debiera ser desligado de lo que hoy ocurre, al igual que el permanente ataque a EE. UU. desde el día primero que se instalara la República Islámica con el secuestro de los diplomáticos en 1979 y atentados terroristas posteriores como aquel de Hezbolá donde murieron 241 militares estadounidenses en Beirut en 1983.

No solo eso, sino que Europa parece confundida al haber reaparecido un viejo problema, cual lo es el antisemitismo, claramente, la judeofobia, que se ha convertido en “estrategia electoral”, tal como denuncian a la Francia Insumisa cien intelectuales franceses o como ya el 2018, años antes de la invasión de Hamas a Israel y la terrible situación posterior en Gaza, lo dijo desde Viena la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea que “la incitación al odio antisemita, el acoso y el miedo a ser reconocido como judío: estas son algunas de las realidades de ser judío hoy en día en la Unión Europea” que correspondió a un estudio importante sobre la población judía europea, donde alrededor de 800 judíos de 13 países miembros fueron entrevistados, y el 96% dice haber encontrado antisemitismo en la vida diaria.

Como conclusión, me cuesta reconocer a Europa hoy, incluso a tres lugares, que fueron importantes en mi vida y donde fui feliz, En primer lugar, Inglaterra donde hice mi máster y mi doctorado, los que me formaron intelectualmente, a Suecia, donde acudí por años en los veranos para financiar la matrícula, y donde se sumaban tres ocupaciones, pero que me dieron la disciplina laboral que acompañó mi vida profesional, la misma Suecia a donde volví después a enseñar en sus universidades, y España, donde hice en Barcelona la Licenciatura en Derecho, pero en este siglo no quise adquirir la nacionalidad que se le otorgó con facilidad a quienes descendíamos de los judíos que fueron expulsados por no querer convertirse en 1492, ya que creo que no me sentiría cómodo con el nivel de judeofobia existente en ese país donde hoy tienen residencia tan pocos judíos.

Siento que tengo una conexión con Europa en mi sangre, no solo por esa familia que debió abandonar Toledo y después llegó a través de mis abuelos a Chile desde Esmirna, Turquía, sino también por mis otros abuelos que emigraron desde el Imperio Austrohúngaro, mi abuela desde Viena y mi abuelo, nacido en una aldea que hoy es polaca, los cuatro después de la Primera Guerra Mundial.

Es por ello, que al inquirir en lo que le ha pasado a un continente que a pesar de generar algo de lo peor de la historia como el colonialismo o el nazismo, por sobre ello prefiero destacar su inmensa obra civilizatoria que nos entregó algo de lo mejor de la trayectoria humana como el Renacimiento y la Ilustración, por lo que al preguntarme cuando se jodió, lo hago para que se recupere lo que la hizo grande y admirada.

Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)