
En la Zona Metropolitana de Nuevo León hay un problema que todos sentimos todos los días, pero que todavía no hemos dimensionado con la seriedad que merece: el tráfico.
No es normal perder una hora para recorrer distancias que hace unos años tomaban 20 o 30 minutos. No es sostenible vivir con traslados que se alargan todos los días. Y, sobre todo, no es justo para las familias. El tráfico no es solo incomodidad. Es tiempo de vida que se va.
De acuerdo con el TomTom Traffic Index, Monterrey se mantiene entre las ciudades con mayor congestión en América Latina. En horas pico, los tiempos de traslado pueden duplicarse. Lo que debería ser un trayecto de media hora se convierte fácilmente en 90 minutos.
Traducido a la vida diaria: miles de personas pierden entre 90 y 120 horas al año atrapadas en el tráfico. Son hasta cinco días completos al año detenidos, sin avanzar, sin producir, sin convivir y eso no se lo merece nadie.
A nivel global, ciudades como Londres superan las 100 horas anuales perdidas por conductor. En América Latina, Bogotá y Ciudad de México encabezan los niveles más críticos y, tristemente, Monterrey ya forma parte de esa conversación.
Sin embargo, el verdadero problema no está solo en el ranking. Está en lo que ese tiempo perdido significa. El Banco Mundial estima que la congestión urbana puede costar hasta el 3% del PIB de una metrópoli. Menor productividad, más gasto en combustible, impactos en salud física y mental, y menor competitividad.
Es decir, el tráfico también es un problema económico. Cada minuto en el tráfico es un minuto menos con la familia. Es menos descanso. Es menos tiempo para estudiar, para emprender, para vivir mejor. Y también es más estrés, más contaminación y más desgaste para 5.5 millones de personas que todos los días salen a trabajar, estudiar, vender, comprar o ganarse la vida.
Aquí es donde el tema deja de ser técnico y se vuelve profundamente político. Porque el tráfico no crece solo. El tráfico de la Zona Metropolitana de Nuevo León, hay que decirlo con todas sus letras, es consecuencia de decisiones, o de la falta de ellas, en planeación urbana, movilidad y coordinación metropolitana.
Durante años, el crecimiento se ha dado sin orden suficiente. Cada municipio resolviendo por su lado. Cada proyecto desconectado del otro. Cada decisión pensada en corto plazo. Unos trepados en el caballo de la frivolidad y el mareo del poder y otros pagando sus olvidos y lejanía de los problemas reales de las familias.
El resultado está a la vista: una deuda de gobernabilidad metropolitana que hoy se paga en tiempo perdido para la gente. Y esa deuda ya no se puede patear hacia adelante. Hoy lo que se necesita son gobiernos con resultados. Gobiernos que entiendan que la movilidad no es un tema de obra pública aislada, sino de calidad de vida. Gobiernos que dejen de pensar en soluciones espectaculares y empiecen a resolver lo que realmente les importa a los hogares.
Porque la respuesta no está en obras faraónicas sin planeación o iniciadas sin presupuesto o proyectos ejecutivos. Está en soluciones reales, responsables y viables hechas por quienes sí tienen experiencia en el tema y no sólo supuesta popularidad en las redes y los “likes” de la plataforma más de moda.
La respuesta al tráfico en la Metrópoli Regiomontana empieza por coordinar el transporte público, integrar mejor las rutas, mejorar la gestión del tráfico, usar tecnología de flujo vehicular, en planear con datos y en escuchar a Universidades y sus expertos y, sobre todo, a la gente que vive el problema todos los días.
La respuesta a las largas colas de autos y camiones también está en algo mucho más simple, pero poderoso: la cercanía. Cercanía para entender que el problema no es una avenida, es el tiempo de una madre que quiere llegar a casa. Es el trabajador que sale de madrugada. Es el joven que pierde horas para poder estudiar. Por eso, la movilidad tiene que dejar de ser un tema fragmentado y convertirse en una verdadera agenda metropolitana.
Porque al final, de eso se trata gobernar bien: de devolverle tiempo a la gente. Tiempo para vivir, para crecer, para estar con quienes más quieren. Y si resolvemos el tráfico, no solo vamos a mover mejor a una ciudad. Vamos a mejorar la vida de millones de familias y regresarle al ciudadano el tiempo que la torpeza de gobiernos acumulados le ha quitado con un impuesto irresponsable: el impuesto de días enteros de vida dilapidados en el congestionamiento vehicular.
*El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.
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