Venezuela, en proceso

Escribo este artículo con la emoción contenida y la prudencia obligada. Solo tenemos los datos del último momento, desnudos de matices, aunque estén cargados de sentido

Guardar
Venezolanos con banderas en una
Venezolanos con banderas en una manifestación opositora (AP/Archivo)

Sabemos, por el propio Trump, que Estados Unidos ha lanzado un ataque a gran escala contra diversos puntos estratégicos del régimen venezolano, llevando a la práctica los avisos explícitos de los últimos días. “Maduro tiene los días contados”, aseveró el mandatario norteamericano hace apenas un mes, y parece que se ha cumplido, a tenor de la información que él mismo ha dado en su red social: “Nicolas Maduro has been, along with his wife, captured and flown out of the Country”. También lo ha confirmado el subsecretario de Estado, Christopher Landau, y la misma vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, lo ha dado por cierto exigiendo al gobierno de Trump “una prueba de vida inmediata”.

A la espera de mayor información, también hay un dato relevante que ha confirmado el senador Mike Kee, citando al secretario de Estado, Marco Rubio: la acción militar en Venezuela ha concluido con la captura del dictador, que será juzgado en Estados Unidos por cargos penales. Una acción militar que, sobre el terreno, ha atacado puntos de primer nivel estratégico: Fuerte Tiuna, base militar más importante de Venezuela; La Carlota, base aérea en Caracas; la antena de comunicación en el cerro El Volcán; La Guaira, principal puerto de Venezuela; y el aeropuerto de Higuerote, donde está la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda.

El ataque se inició a las 2 de la madrugada con misiles Tomahawk que, lanzados desde el mar, cruzaron los cerros de El Ávila, al norte de Caracas, hasta llegar a los destinos fijados. Media hora después, aviones de combate F-35 y aviones de cobertura F-22 sobrevolaron Caracas, junto con helicópteros CH-47G Chinooks y Black Hawks apoyados por los famosos “Night Stalkers”, la unidad de élite 160 SOAR, y los “Little Birds” de la Fuerza Delta. Fueron los helicópteros de los Delta los que desplegaron el operativo que capturó a Nicolás Maduro y a su mujer Cilia Flores, sin haber encontrado ninguna resistencia. Fuentes internas de Venezuela no descartan la colaboración de miembros del ejército venezolano en algunas de las operaciones de ataque. De hecho, bases aéreas tan importantes como El Libertador o Barcelona, no fueron atacadas.

Nicolás Maduro (EFE/Miguel Gutiérrez)
Nicolás Maduro (EFE/Miguel Gutiérrez)

Estos serían los hechos conocidos en estos momentos aún confusos, pero, al mismo tiempo, suficientemente clarificadores como para permitir llegar a algunas conclusiones. La primera conclusión es que Trump está haciendo ‘un Irán’ en Venezuela, al estilo de un mandatario que prefiere la injerencia indirecta, antes que la guerra abierta. Un plan Venezuela en paralelo al plan Irán. Es decir, ha ordenado un ataque militar perfectamente planificado, de precisión estratégica y enorme daño político, pero sin la intención de hacer caer el régimen por mano americana. De la misma manera que el ataque contra Irán fue de ida y vuelta, sin infantería, para provocar una guerra prolongada, y derrocar al régimen, parece que el ataque a Venezuela sigue el mismo patrón. La intención es doble: por un lado, infligir una derrota rápida y fulminante, y así demostrar la debilidad extrema del régimen; por el otro, con la derrota militar en ciernes, dejar que el régimen caiga por propia putrefacción, con la oposición organizada y cada vez más reforzada. Además, ello da tiempo a un vuelco en el sentir y actuar de las tropas venezolanas. Los misiles cayeron en las centrales nucleares iraníes y en las bases venezolanas, pero serán los ciudadanos los que harán caer a sus tiranos. Igual que se está viviendo una gran revuelta ciudadana en las calles de Irán (por cierto, con absoluta indiferencia por parte de los aficionados a las grandes manifestaciones de estos últimos tiempos), también llega el momento de la revuelta ciudadana que lidera María Corina Machado y que cuenta con millones de personas.

Además, para asegurar definitivamente la caída del régimen, Trump ha capturado a Maduro, descabezando una dirigencia que ya está asustada y profundamente fracturada. Si sumamos la huida de operativos cubanos y el aumento sensible de salida de ciudadanos rusos de Venezuela, todo apunta en la misma dirección: el régimen está tan desprestigiado y podrido que se ha convertido en tóxico, incluso para sus aliados. Es cierto que Rusia acaba de protestar por la acción militar de Trump en Venezuela (Putin condenando una agresión...), pero el tono es mucho más bajo que lo que podía imaginarse. “Creemos que todos los socios que puedan tener agravios entre sí deben buscar soluciones mediante el diálogo”, ha dicho Sergei Lavrov, el ministro de Exteriores ruso, lo cual es tanto como nada. De hecho, si Trump está haciendo un ‘Irán’ en Venezuela, Rusia parece que esté haciendo ‘un Siria’: dejar caer un régimen que ya no tiene salida.

Es posible que todo lo que ha empezado en Venezuela necesite aún un tiempo. Pero es indiscutible que, después de la acción militar de Trump, el régimen está viviendo su tic tac final, y que su caída se producirá por la presión de los propios venezolanos, probablemente con parte del ejército a su lado. En todo caso, la dictadura bolivariana está viviendo los coletazos de la agonía. Puede que aún respire, pero el oxígeno de las Delcy y los Cabello son de oxígeno asistido, y el tanque se les acaba. Venezuela está viviendo la historia en mayúsculas. Trump ha ayudado, pero ha sido la resiliencia extraordinaria de la oposición venezolana liderada por María Corina Machado, quien lo habrá hecho posible.