
El encuentro entre Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro en Manaos terminó produciendo más ruido ideológico que resultados concretos. La declaración del presidente colombiano, que comparó los ataques de Israel en Gaza con Auschwitz, generó controversia internacional y desvió la atención de lo que realmente debería importar: la cooperación entre dos países vecinos que comparten desafíos urgentes.
Es legítimo que los mandatarios latinoamericanos se pronuncien sobre crisis humanitarias. Pero reducir un espacio de diálogo bilateral a comparaciones históricas extremas es, en el mejor de los casos, un gesto retórico vacío y, en el peor, una banalización de tragedias como el Holocausto. Además, criticar a Israel sin mencionar la toma de rehenes ni los actos de terrorismo que originaron la actual escalada equivale a vestir el debate con una culpa ideológica, no con una lectura histórica consistente.
Brasil y Colombia tienen mucho que ganar si concentran sus energías en la agenda regional. El potencial de cooperación es inmenso: desde la integración económica en las fronteras hasta la preservación conjunta de la Amazonía, pasando por el combate al narcotráfico, el intercambio científico y la construcción de instituciones democráticas más sólidas. Estas son cuestiones concretas que podrían transformar la vida de millones de ciudadanos, en lugar de discursos encendidos que se agotan en aplausos momentáneos.
El riesgo de este tipo de comparaciones no es solo la pérdida de oportunidades pragmáticas, sino también el desliz hacia un antisemitismo velado. Criticar la política israelí es legítimo, pero equipararla al nazismo trivializa la memoria del Holocausto y abre espacio para estigmatizaciones peligrosas. Y hacerlo sin reconocer la violencia inicial de Hamas, con sus atentados y secuestros, revela una visión sesgada que erosiona la credibilidad de los líderes que la sostienen.
El encuentro en Manaos podría haber sido un hito para la cooperación latinoamericana. En cambio, quedó marcado por un exceso de retórica y una carencia de propuestas. Si Lula y Petro desean realmente fortalecer su liderazgo, deben abandonar las comparaciones inflamadas y apostar por una diplomacia práctica, centrada en resultados. De lo contrario, seguirán demostrando que, en la política regional, la ideología continúa imponiéndose sobre el pragmatismo.
* El autor es Comisario de Asuntos de Antisemitismo del Congreso Judío Mundial.
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