
En su primer Informe de Gobierno, la Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, fue clara: el progreso sin justicia no es sostenible. Esa afirmación refleja un principio fundamental y transversal aplicable a toda América Latina: sin seguridad, la democracia se debilita, la economía se frena y la desigualdad se profundiza.
La propuesta central del Plan México, el plan nacional de desarrollo de nuestro país, es que la prosperidad debe compartirse. Pero para que esa prosperidad llegue a todos, tiene que construirse sobre un terreno seguro. No solo hablamos de patrullajes o detenciones, sino de la certeza de que cada persona puede vivir, trabajar y desarrollarse sin miedo. La seguridad, en este sentido, no es un fin en sí mismo: es la base del Crecimiento Equitativo.
El actual gobierno mexicano ha conseguido resultados que muestran que este enfoque sí es efectivo. Bajo la responsabilidad estratégica de Omar García Harfuch, el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, en menos de un año, los homicidios dolosos se redujeron un 25% a nivel nacional, y en estados estratégicos de la República Mexicana, la disminución fue aún más significativa. Estos números muestran que es posible avanzar cuando se combina firmeza en la aplicación de la ley con políticas sociales que atienden las causas de la violencia.
Para América Latina, la lección es evidente. Durante décadas, muchos gobiernos han oscilado entre dos extremos: la “mano dura” que lleva al enfrentamiento constante sin soluciones de fondo, y la “tolerancia pasiva” que puede hacer crecer la impunidad. Ninguno de los dos caminos ha logrado construir sociedades más seguras. Lo que el Plan México propone, y que puede inspirar a la región, es un modelo de seguridad equilibrado: fuerza institucional acompañada de confianza social; inversión privada acompañada de justicia distributiva.
Los retos regionales de América Latina son comunes: inseguridad, falta de oportunidades, deficiencias en movilidad, contaminación y escasez de agua. Esos son enemigos del bienestar colectivo que rebasan fronteras y que obligan a pensar en la seguridad como un tejido amplio, uno que abarca tanto la protección inmediata contra el crimen como las condiciones estructurales para el desarrollo.
Por eso, cuando la Presidenta Mexicana habla de una transformación que avanza, se refiere a un país que entiende que la seguridad es también educación, empleo, salud y cohesión comunitaria. Que un Estado confiable no solo combate delitos, sino que genera condiciones para que las familias puedan prosperar.
América Latina necesita este cambio de paradigma. Ver la seguridad no como un gasto reactivo, sino como la inversión estratégica que abre la puerta al crecimiento justo y duradero. México, con el Plan México y el impulso del Crecimiento Equitativo, ofrece hoy una hoja de ruta que bien puede ser punto de referencia para todo el continente.
En este marco, el Capitalismo Social y la 4TNorteña, como modelos de gestión empresarial y gubernamental, respectivamente, tienen en su eje central la noción del Crecimiento Equitativo: uniendo la disciplina productiva de sociedades emprendedoras con el sentido humano y el crecimiento económico con justicia social. Ambas metodologías de trabajo se nutren de la tradición fundacional del Norte mexicano de combinar el esfuerzo y la solidaridad, y encuentran en el Plan México la guía para demostrar que la seguridad es la primera garantía que debemos construir para que la prosperidad pueda compartirse.
Si la solución operable para los mayores retos sociales de nuestros países pasa por el Crecimiento Equitativo que propone la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, entonces lo mejor de las tradiciones industrialistas con responsabilidad comunitaria, tienen mucho que aportar en América Latina. Los frutos posibles por hacerlo así son valiosísimos en la realpolitik internacional e interna, y nada lo refleja mejor que la frase con la que el Secretario de Estado Norteamericano, Marco Rubio, enmarcó su visita a nuestro país: “No hay Gobierno en este momento que esté cooperando con nosotros más en la lucha contra la criminalidad que el gobierno de México, el gobierno de la Presidenta Sheinbaum, les agradecemos muchísimo”.
* El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.
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