Qué es lo que no estamos viendo en Venezuela

Entre el referéndum y las presidenciales de 2024

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Un hombre vota durante un
Un hombre vota durante un referéndum electoral sobre los derechos de Venezuela a la región de Esequiba, potencialmente rica en petróleo, que durante mucho tiempo ha sido objeto de una disputa fronteriza entre Venezuela y Guyana, en Caracas, Venezuela, el 3 de diciembre de 2023. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Las últimas semanas han sido cooptadas por el tema Guyana, con un alcance de blancos múltiples, donde el tema soberanía ha ido siendo desplazado por temas como referéndum sí, referéndum no, Corte Internacional de Justicia –también sí o no-, amenazas y aprestos militares; y en general, el tema se ha politizado a tal punto, y con tal movimiento de recursos, que nos lleva a la pregunta retórica de: ¿qué es lo que no estamos viendo?

En 2018, Guyana acudió unilateralmente a la CIJ, principal órgano judicial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para pedir resolver el diferendo, la cual se declaró competente para examinar la disputa sobre el Esequibo.

El viernes 1 de diciembre, la CIJ emitió unas recomendaciones provisionales hasta tanto se adopte una decisión final de la controversia; donde indica que las partes deben evitar empeorar la situación, “considera que el derecho de Guyana es plausible”, que se apoya en el Laudo Arbitral de París de 1899, que Venezuela no reconoce y se apoya en el Acuerdo de Ginebra de 1966 como el “único instrumento válido”.

Lo más fuerte del documento es cuando reconoce que es un territorio “bajo administración de Guyana” lo cual hace un corrimiento desde un cierto centro equilibrado de justicia, hacia el lado de Guyana, promoviendo todo lo contrario de lo que pregona (que sería no agravar el conflicto), dando pie a que Venezuela reaccione, intentando “administrar” también ella ese territorio.

Lo cierto es que la actuación de la CIJ no parece la más justa, sino con una parcialización evidente hacia el lado de Guyana.

El siguiente movimiento debe hacerlo Venezuela como reacción justa y natural, y contando con todo el instrumental jurídico y constitucional, para tomar un amplio abanico de decisiones que no se ciñan a un referéndum, que hasta podría limitar o contradecir los pasos que deberían darse.

Ojalá tengamos la claridad de no mezclar lo interno con este tema, y nos dediquemos a jugar con las reglas que el sistema nos va imponiendo, de forma tal de evitar que nos lleven a un camino muerto, dentro del cual ya no tengamos derechos prácticos reivindicativos.

Si lográramos que las decisiones de fondo se pospusieran, esperando superar las vulnerabilidades que tenemos ahora, ya habrá sido un gran logro, pensando que las siguientes generaciones sigan contando con el derecho que adquirimos con la independencia de España.

Así como se sabe que el gobierno no está preparado para entregar el poder, también podría anticiparse que tampoco está preparado para involucrarse en una asonada militar, ni contra Guyana, ni contra nadie más. Y ya sabemos que como Malvinas no puede ser, porque aquello se trató de un acto sorpresivo e inesperado, mientras que aquí, se dispararon las alarmas y, si contra todo pronóstico ocurriera, pues todos estarían esperándonos. Creo que ya ni patrullar podemos, porque pudieran considerarlo un acto de guerra.

El referéndum fue una acción defensiva, de perfil comunicacional, y como decía la convocatoria, “no vinculante”; pero que no le aporta ningún nuevo elemento de prueba a la causa, la cual ya está en la CIJ, así no nos guste, así no nos convenga, y así esté fuera del ámbito del Acuerdo de Ginebra, debido a lo cual, es que parece cada vez más claro que se trata de un acto político con perfil más electoral que de delimitación de territorio y soberanía.

Porque colocado en el contexto de los acuerdos de Barbados, y habiendo probado “las mieles” de la suspensión de sanciones, está claro que la toma de decisiones no deja mucho margen de maniobra; porque si bien Maduro pueda haberse acostumbrado a vivir con sanciones, el resto del chavismo no siente lo mismo; y una mala decisión que pudiera hacer a los gringos retroceder, pudiera tener un costo de cara adentro del chavismo que sigue sin estar seguro de quién debería ser su candidato presidencial para el 2024.

Y lo que pareciera cada vez más claro, es que se ha ido construyendo una especie de institucionalidad de cara adentro del chavismo, que da por hecho que debe haber elecciones en el 2024, y que una “nicaragüización” sería solo de última instancia y tendría costos internos muy altos. Por lo que, razonablemente, sí podríamos contar con elecciones para el 2024.

Lo que pudiera asociarse a una campaña electoral nacional, tal vez debería verse como una campaña electoral de cara adentro del chavismo, que es el paso previo (aun no reconocido abiertamente), para poder pensar en una verdadera campaña electoral: estamos moviéndonos en las primarias no declaradas del chavismo. Y así, ya podemos ver un poco más...

Independientemente de quién resulte ser el candidato, del otro lado tendrá a María Corina Machado, quien ha ido aglutinando las preferencias de las bases, dejando casi sin plataforma a los posibles contendientes de la oposición extra-primarias, incluyendo el que más medía, que era “er conde”. Pero bueno… ese es otro tema, y la prioridad del chavismo ahora, parece ser la propia tropa, donde no están muy contentos.

Hoy, tal vez como nunca antes, el liderazgo interno del chavismo está seriamente cuestionado, y cada decisión, cuenta… a favor o en contra, según el caso. Y entre el Esequibo y las sanciones, tienen razones para estar preocupados.

Creo que lo que no estamos viendo es el brutal desgaste del proceso chavista que se ha ido haciendo insostenible, y que actos como estos del referéndum, muy poco importantes para la gran masa del pueblo que no tiene una idea clara de qué es lo que allí ocurre, se convierte en un bumerang que expone la gigantesca brecha entre lo que al gobierno le preocupa, y las necesidades de la gente.

Hace tiempo vengo diciéndoles que el proceso revolucionario ya se agotó, y que lo mantienen vivo con procesos artificiales que le dan como una vida vegetativa, donde nada mejora y todo empeora. Es momento en que, como sociedad, nos hagamos la pregunta sobre si esto tiene que seguir así o si hay que hacer cosas para cambiarlo.

Como país y como sociedad, nos merecemos algo mejor.

Como se desprende de lo anterior, el foco político no está en la oposición sino en el chavismo, que se muestra, de cara afuera, como si no pasara nada; todo bajo el paraguas referencial del caso de los 80 uniformes naranja de presidiarios, que pudieran extenderse si aparecieran más amenazas de contendores potenciales.

Claro que es posible que, en febrero pasado, cuando se descubrió la trama de toma del poder nacida en PDVSA, las condiciones no estaban dadas. Pero desde entonces hasta ahora han pasado muchas cosas y el chavismo ha acelerado su desgaste y generado mayores niveles de descontento en sus bases; por eso es cada vez más potable el tema de una candidatura alterna.

Aun es solo por las redes… pero hay que recordar que antes era traición su sola mención; y pronto se hablará abiertamente, apuntando a que este referéndum aglutinador, se convierta en el ensayo general de las primarias del chavismo; las cuales, si bien aún no están maduras como para convocarlas, en algún momento se deberá “blanquear” la situación; porque la presión va aumentando en la medida que la población la va pasando peor.

El tema del dead line del 30 de noviembre que estableció EEUU para liberar presos y levantar inhabilitaciones, podría ser un check point sobre las verdaderas intenciones del chavismo de cumplir con la manifestación de voluntad de abrirse a lo democrático. Siendo que, para esta administración, el principal riesgo no es María Corina, sino una confrontación interna que deje sin defensas a los actuales dirigentes, frente a nuevos (no tan nuevos) que estén libres de sanciones personales y puedan emprender una gira por el mundo sin temor a ser detenidos.

Claro que para eso deben ganar la contienda interna primero, y a María Corina después. Lo cierto es que, a partir del lunes 4 de diciembre, habrá un nuevo juego, el cual no cambiará las condiciones objetivas, pero permitirá tener lecturas más amplias sobre lo que hoy, aun no podemos ver.

En el límite del plazo del 30 de noviembre, el gobierno de Venezuela presentó un protocolo de revisión de las inhabilitaciones, que conduce a que, al final del circuito, el mismo gobierno, a través del TSJ, las levante o las confirme; lo cual lleva a pensar que confirmará la más peligrosa, la de María Corina, y levantará la de Capriles. Lo cual no parece fair play, y lo más probable es que María Corina no se preste a ese juego.

Porque el dead line era para “definir medidas para levantar inhabilitaciones a candidatos de la oposición, comenzar la liberación de presos políticos venezolanos y también de estadounidenses injustamente detenidos”; y aun no hay presos liberados y el protocolo no parece razonable. En fin… habrá que esperar…

Por el momento, todo el peso está puesto en un referéndum que no aportará nada al sistema de pruebas ante la CIJ, máximo tribunal del mundo, y que será parte de la cadena de eventos para la sobrevida artificial, de un proceso que, como vengo diciendo, ya se agotó y no tiene nada nuevo para ofrecer.