
El 19 de julio pasado se cumplieron 35 años del inicio de las ejecuciones masivas de presos políticos que ensangrentó a Irán y que se prolongaron por unos 5 meses.
Las ejecuciones obedecieron a una orden secreta del Ayatola Jomeini, una fatwa formal que estableció Comisiones Especiales con órdenes de llevar a cabo las ejecuciones después de procesos sumarísimos.
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Se llevaron a cabo en secreto y se enterró a las victimas en tumbas colectivas sin que sus familias pudieran darles sepultura y con enorme dificultad para que pudieran conocer su suerte.
No se conoce la cantidad exacta de prisioneros ejecutados. Amnistía Internacional registró los nombres de 4.482 prisioneros ejecutados, pero los grupos de oposición consideran que fueron más de 30.000 personas, y alrededor del 10% fueron mujeres.
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Un informe de 1990 de Amnistía Internacional indica: “La mayoría de las ejecuciones fue de prisioneros políticos, incluyendo una cantidad indeterminada de prisioneros de conciencia, que ya había cumplido varios años en prisión. Podrían no haber desempeñado parte alguna en las incursiones armadas y no estaban en posición de participar en actividades de espionaje o terrorismo. Muchos de los muertos habían sido juzgados y sentenciados a penas de prisión a inicios de los años 1980; muchos, por delitos no violentos, como distribuir periódicos y folletos, participar en manifestaciones o recolectar fondos para las familias de los prisioneros”.
Desdichadamente las investigaciones de organizaciones internacionales de derechos humanos y de las Naciones Unidas fueron muy omisas.
En 2017, la anterior Relatora Especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Irán, Asma Jahangir, informó a la Asamblea General: “Entre julio y agosto de 1988, miles de prisioneros políticos, hombres, mujeres y adolescentes, fueron ejecutados supuestamente bajo una fatwa emitida por el entonces Líder Supremo, el Ayatola Jomeini. Se creó supuestamente una comisión de tres hombres para determinar quiénes debían ser ejecutados”. “A lo largo de los años, se han emitido numerosos informes sobre las masacres de 1988. Si bien se puede poner en duda el número de personas que desaparecieron y fueron ejecutadas, hay pruebas abrumadoras de que miles de personas fueron asesinadas sumariamente. Recientemente, estos asesinatos han sido reconocidos por algunos de los máximos niveles del Estado. Las familias de las víctimas tienen derecho a conocer la verdad sobre estos eventos y el destino de sus seres queridos sin correr el riesgo de represalias. Tienen derecho a un recurso, que incluye el derecho a una investigación efectiva de los hechos y la divulgación pública de la verdad; y el derecho a la reparación”.
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El pueblo de Irán merece libertad. Merece vivir con dignidad y que se respeten sus derechos humanos. Es un derecho inherente de cada persona.
Ahora el pueblo iraní de nuevo ha sufrido una cruel violación a sus más fundamentales derechos humanos
Desde septiembre de 2023 hemos presenciado una notable muestra de valentía por parte del pueblo de Irán, guiados por la firme determinación de sus mujeres. Han tomado una postura en favor de la libertad, la democracia y la igualdad de derechos de las mujeres.
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Lamentablemente, en respuesta a este amplio levantamiento popular, el gobierno autocrático de Irán eligió el camino de la brutalidad. Se estima que aproximadamente 750 manifestantes han perdido la vida y alrededor de 30,000 han sido detenidos injustamente.
Me siento honrado de haber firmado hace unos meses, junto con 123 distinguidos exlíderes mundiales, una carta dirigida a las autoridades de Canadá, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea instándoles a solidarizarse con el pueblo de Irán.
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Por demasiado tiempo, la comunidad internacional ha permanecido en silencio e inactiva ante las transgresiones de Irán. Este silencio ha contribuido a perpetuar una cultura de impunidad dentro del país. Es imperativo que el mundo responsabilice a la dirección de la República Islámica de Irán por sus crímenes contra su propio pueblo.
El próximo 21 de agosto tendrá lugar en París una reunión de dirigentes de varios países para rendir tributo a las víctimas y poner de relieve los atroces asesinatos de presos políticos de hace 35 años. Me he debido excusar de asistir, pero no puedo dejar de levantar mi voz en favor del respeto a la vida, la dignidad y los demás derechos humanos del pueblo iraní.
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Los latinoamericanos debemos prestar especial atención a los hechos de Irán dadas las estrechas relaciones del gobierno de ese país con las autocracias de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
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