
No, esta vez no me refiero a los muertos por las protestas sociales en los enfrentamientos con la policía, tampoco a las muertes de mujeres en casos horroríficos de feminicidios, tampoco a las vidas perdidas en manos de sicarios ni la de los pacientes que mueren en hospitales públicos o en sus casas por medicinas que no llegan o doctores que no los atienden. Esta vez me refiero a otras muertes que de cotidianas ni siquiera sorprenden. Son las muertes en las calles, las que ocurren cada día, y que se las cobra la violencia vial a la que tanto nos hemos acostumbrado. Los muertos que no importan pues son invisibles. Siempre lo han sido. Solo duelen a sus familias y amigos. A nadie más.
Al triste fallecimiento de la activista ambiental Cecilia Melgar, atropellada mientras montaba su bicicleta, se le suma el de otro ciclista fallecido –también muerto al ser atropellado por un volquete- en las pistas de Ica. En el 2021 fueron 1.019 los ciclistas involucrados en siniestros viales registrados a nivel nacional, según datos de la PNP. Hago énfasis en la palabra “reportados”, puesto que la gran mayoría de casos vinculados a siniestros viales no se registran, ya sea porque la gravedad no lo amerita o porque el engorroso proceso administrativo para sentar la denuncia o involucrar a las autoridades desanima. Pero no son solo los ciclistas los que están en peligro. Según el Observatorio de Seguridad Vial, en los primeros siete meses del 2022, una de cada cuatro personas fallecidas en siniestros viales era peatón.
Por supuesto, del total de siniestros viales reportados en todo el 2021, 21.057 fueron causados por la imprudencia del conductor, otros 20.608 por el exceso de velocidad, 1.421 por invasión del carril y 205 por encontrarse el vehículo mal parqueado. Esto nos muestra que la responsabilidad del conductor es particularmente presente y se requiere impulsar programas de educación vial, mayor fiscalización y control para quienes conducen y penas que sean efectivas ante agravantes como el conducir en estado de ebriedad.
Sin embargo, y aunque se debe reconocer que hay una enorme responsabilidad por parte de los conductores, no podemos dejar de prestar atención al estado de la infraestructura vial y el diseño de las pistas, veredas y demás espacios de tránsito. En el 2021 solo se registraron 1.302 siniestros cuyas causas fueron las pistas en mal estado y 201 a causa de señalización defectuosa. Es necesario saber que estas cifras son un sub registro y que, de hecho, la cifra de siniestros viales que se podrían evitar de contar con un mejor diseño urbano y vial es altísima. No solo en el país no se realiza, realmente, una investigación a partir del suceso de siniestralidad que determine las causas sino que tampoco se registran apropiadamente los incidentes. Por ejemplo, el Observatorio de Seguridad Vial no tiene bien registrados los casos de siniestros donde murieron ciclistas y hay una importante discordancia con los reportados por los medios de comunicación.

La OMS ha declarado que las muertes producto de siniestros viales son una pandemia global, pero a diferencia de la del COVID estas muertes están normalizadas y, por ello, no se toman en serio. Y es que la seguridad vial debería ser un tema de preocupación nacional. Pero no lo es.
Volviendo al caso de Cecilia Melgar, sus familiares y amigos junto a grupos de colectivos ciclistas como Cicloaxión continúan buscando justicia y procurando dejar un legado a partir de su muerte. Ellos han logrado conversar con representantes del Ministerio de Transporte y han llegado a unos acuerdos para que lo de Melgar no vuelva a pasar. Así, se busca un mayor compromiso por parte de los actores públicos en la difusión de los artículos vinculados a ciclistas del Reglamento Nacional de Tránsito (RNT) para que los conductores tengan en cuenta qué comportamiento deben tener en relación a los ciclistas en la calle. Por ejemplo, el artículo 174-A del RNT indica que para adelantar a un ciclista, los conductores deben cambiar de carril. Es así que de impulsarse estas medidas de protección, los conductores deben ser informados y educados a través de campañas comunicacionales y, además, deberán ser multados cada vez que rebasen a un ciclista compartiendo el carril por el que va.
Y es que ya fue suficiente. No podemos seguir perdiendo vidas de formas tan absurdas pero, sobre todo, tan prevenibles.
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