
En Ucrania no solo se está jugando la libertad e independencia de los ucranianos; sobre todo, se está debatiendo la última fase del conflicto global. Un ciclo que empezó hace treinta años cuando se derrumbó la Unión Soviética y los Estados Unidos salieron victoriosos de la Guerra Fría.
Derrotada la Unión Soviética a principios de los 90´, el mundo ingresó a un período de juego de poder que, finalmente, permitiera a las potencias encontrar a los grandes socios con quienes compartir la alianza adecuada según sus intereses. El producto resultante de esa búsqueda es la próxima bipolaridad que veremos con más claridad, una vez que termine la inconcebible guerra que ha desatado Putin.
Los estudiosos de la “teoría del conflicto” afirman que todo conflicto tiende a bipolarizarse, y esto es así. Durante los treinta años que duró el reacomodamiento de alianzas -desde el fin de la Guerra Fría hasta que Vladimir Putin decidió, con la invasión a Ucrania, mostrar al mundo con toda crudeza el poder real de la Rusia de hoy-, se fue gestando el escenario en el que viviremos los próximos años.
Es por eso que, en todo este tiempo, tres décadas de confusión política global, han surgido insólitas teorías geopolíticas: el globalismo y su multilateralismo es una de ellas.
Estamos asistiendo a la última fase de ese reacomodamiento de alianzas y todo parece indicar que Rusia quedará relegada a un tercer puesto en el podio de potencias mundiales y, después de esta mala experiencia, preferirá ser aliada de China. De este lado de los Estrechos existe un bloque muy poderoso desde el punto de vista económico y militar (Estados Unidos y la Unión Europea).
Vladimir Putin deberá enfrentar a partir de los próximos días la respuesta de occidente. No, no me estoy equivocando. Lo que se viene es una ofensiva militar al estilo del nuevo paradigma de la guerra; ya están ingresando a Ucrania las tropas de operaciones especiales que las potencias europeas y los Estados Unidos han puesto a disposición del presidente Volodimir Zelensky para contribuir a la resistencia del pueblo y el ejército ucraniano.
Al planteo anacrónico que hizo Moscú -la guerra a través de un ejército invasor de ocupación-, Ucrania le está oponiendo la estrategia de guerra de resistencia híbrida, asimétrica, de guerrillas. Zelensky y su obstinado patriotismo, está obligando a las fuerzas rusas a defender cada metro cuadrado que conquistan; y ahora, las naciones occidentales no se atienen solo a asistirla proporcionándole el apoyo económico y político que necesita para resistir, sino que, además y aunque no esté a la vista, hacen uso de todos los recursos del nuevo concepto de la guerra; han movilizado combatientes y logística a través de Empresas Militares Privadas, paramilitares y fuerzas especiales que llevarán a cabo operaciones militares de baja intensidad, esas que se desarrollan en las sombras o al amparo de modernas maquinarias de guerra subrepticia y furtiva, apoyadas con modernos sistemas de comunicaciones e informática.
Una vez que se haya corrido el telón de esta época de incertidumbres geopolíticas, quedará a la vista una nueva bipolaridad de uno y otro lado de los Estrechos -para seguir con la metáfora-: Estados Unidos y sus Aliados y China y sus aliados.
Por cierto, que en este momento surgen muchas dudas; por ejemplo, sobre la sociedad entre China y Rusia. La Rusia actual no será confiable mientras la gobierne Putin. China ha construido una forma de expansión basada en los negocios que ha sido muy exitosa. No ha necesitado disparar un solo tiro para hacerse con mercados en Asia, África y América. Y, aunque su poder militar es enorme, está claro que a su política exterior expansionista -y es evidente que la tiene y que es eficaz-, la guerra no le favorece.
No es un disparate pensar que Xi Jinping ha sido uno de los primeros sorprendidos por el ataque ruso a Ucrania -por lo menos en el grado de temeridad utilizado- y también es sensato pensar que sería el primer favorecido si Putin saliera mal parado de esta guerra. La Rusia de Putin puede que sea el amigo incómodo pero necesario para la China de Xi Jinping
¿Cómo quedará el mundo después de la invasión a Ucrania?, este es el último acto del período de transición entre la vieja bipolaridad (EUA – URSS) y la que viene; que es claramente la del Occidente Atlántico (EUA-UE) y la China “moderna” del, hasta ahora, prudente Xi Jinping. En este nuevo ordenamiento mundial, el peso específico de Europa será más importante que en la anterior, dado el gran poder económico que ha consolidado.
Siempre habrá conflicto porque en la relación entre las personas y entre las organizaciones -sean países o corporaciones-, siempre habrá intereses. La idea no es eliminar el conflicto; la idea es lograr un equilibrio en el juego de intereses que oscilan entre el conflicto y la cooperación. En ese juego que se plantea a partir de este nuevo reacomodamiento de alianzas, la Rusia violenta de Putin está sobrando.
Es seguro que no habrá multilateralismo -con el que sueñan los globalistas-, pero será un mundo mejor porque –y esto es más deseo que teoría-, posiblemente, en ese nuevo tablero mundial, si triunfa la prudencia, se podría ir diluyendo la categoría de enemigo a la de adversario, y de esta a la de competidor. La Economía será el eje estratégico sobre el que girará el próximo escenario global. En Ucrania no solo se está jugando la libertad e independencia de los ucranianos; sobre todo, se está debatiendo la última fase del conflicto global. Un ciclo que empezó hace treinta años cuando se derrumbó la Unión Soviética y los Estados Unidos salieron victoriosos de la Guerra Fría.
Derrotada la Unión Soviética a principios de los 90´, el mundo ingresó a un período de juego de poder que, finalmente, permitiera a las potencias encontrar a los grandes socios con quienes compartir la alianza adecuada según sus intereses. El producto resultante de esa búsqueda es la próxima bipolaridad que veremos con más claridad, una vez que termine la inconcebible guerra que ha desatado Putin.
Los estudiosos de la “teoría del conflicto” afirman que todo conflicto tiende a bipolarizarse, y esto es así. Durante los treinta años que duró el reacomodamiento de alianzas -desde el fin de la Guerra Fría hasta que Vladimir Putin decidió, con la invasión a Ucrania, mostrar al mundo con toda crudeza el poder real de la Rusia de hoy-, se fue gestando el escenario en el que viviremos los próximos años.
Es por eso que, en todo este tiempo, tres décadas de confusión política global, han surgido insólitas teorías geopolíticas: el globalismo y su multilateralismo es una de ellas.
Estamos asistiendo a la última fase de ese reacomodamiento de alianzas y todo parece indicar que Rusia quedará relegada a un tercer puesto en el podio de potencias mundiales y, después de esta mala experiencia, preferirá ser aliada de China. De este lado de los Estrechos existe un bloque muy poderoso desde el punto de vista económico y militar (Estados Unidos y la Unión Europea).
Vladimir Putin deberá enfrentar a partir de los próximos días la respuesta de occidente. No, no me estoy equivocando. Lo que se viene es una ofensiva militar al estilo del nuevo paradigma de la guerra; ya están ingresando a Ucrania las tropas de operaciones especiales que las potencias europeas y los Estados Unidos han puesto a disposición del presidente Volodimir Zelensky para contribuir a la resistencia del pueblo y el ejército ucraniano.
Al planteo anacrónico que hizo Moscú -la guerra a través de un ejército invasor de ocupación-, Ucrania le está oponiendo la estrategia de guerra de resistencia híbrida, asimétrica, de guerrillas. Zelensky y su obstinado patriotismo, está obligando a las fuerzas rusas a defender cada metro cuadrado que conquistan; y ahora, las naciones occidentales no se atienen solo a asistirla proporcionándole el apoyo económico y político que necesita para resistir, sino que, además y aunque no esté a la vista, hacen uso de todos los recursos del nuevo concepto de la guerra; han movilizado combatientes y logística a través de Empresas Militares Privadas, paramilitares y fuerzas especiales que llevarán a cabo operaciones militares de baja intensidad, esas que se desarrollan en las sombras o al amparo de modernas maquinarias de guerra subrepticia y furtiva, apoyadas con modernos sistemas de comunicaciones e informática.
Una vez que se haya corrido el telón de esta época de incertidumbres geopolíticas, quedará a la vista una nueva bipolaridad de uno y otro lado de los Estrechos -para seguir con la metáfora-: Estados Unidos y sus Aliados y China y sus aliados.
Por cierto, que en este momento surgen muchas dudas; por ejemplo, sobre la sociedad entre China y Rusia. La Rusia actual no será confiable mientras la gobierne Putin. China ha construido una forma de expansión basada en los negocios que ha sido muy exitosa. No ha necesitado disparar un solo tiro para hacerse con mercados en Asia, África y América. Y, aunque su poder militar es enorme, está claro que a su política exterior expansionista -y es evidente que la tiene y que es eficaz-, la guerra no le favorece.
No es un disparate pensar que Xi Jinping ha sido uno de los primeros sorprendidos por el ataque ruso a Ucrania -por lo menos en el grado de temeridad utilizado- y también es sensato pensar que sería el primer favorecido si Putin saliera mal parado de esta guerra. La Rusia de Putin puede que sea el amigo incómodo pero necesario para la China de Xi Jinping
¿Cómo quedará el mundo después de la invasión a Ucrania?, este es el último acto del período de transición entre la vieja bipolaridad (EUA – URSS) y la que viene; que es claramente la del Occidente Atlántico (EUA-UE) y la China “moderna” del, hasta ahora, prudente Xi Jinping. En este nuevo ordenamiento mundial, el peso específico de Europa será más importante que en la anterior, dado el gran poder económico que ha consolidado.
Siempre habrá conflicto porque en la relación entre las personas y entre las organizaciones -sean países o corporaciones-, siempre habrá intereses. La idea no es eliminar el conflicto; la idea es lograr un equilibrio en el juego de intereses que oscilan entre el conflicto y la cooperación. En ese juego que se plantea a partir de este nuevo reacomodamiento de alianzas, la Rusia violenta de Putin está sobrando.
Es seguro que no habrá multilateralismo -con el que sueñan los globalistas-, pero será un mundo mejor porque –y esto es más deseo que teoría-, posiblemente, en ese nuevo tablero mundial, si triunfa la prudencia, se podría ir diluyendo la categoría de enemigo a la de adversario, y de esta a la de competidor. La Economía será el eje estratégico sobre el que girará el próximo escenario global.
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