
Enfrentar la pérdida de un ser querido es devastador y puedo identificarme con su dolor. En Brasil se han perdido más de 500.000 vidas a causa del COVID-19. Eso es medio MILLÓN de personas. Madres y padres, hermanos y hermanas, hijos e hijas, hasta amigos y amantes, todas pérdidas irrefutablemente insoportables. Todos hemos experimentado individualmente una pérdida profunda, pero también atravesamos una catástrofe colectiva. Todo el país está atravesando una situación de duelo permanente, con el sistema de salud al borde del colapso. Mientras tanto, todavía estamos lejos de ver una respuesta efectiva, centralizada y coordinada contra el COVID-19 por parte de las autoridades brasileñas.
Como organización humanitaria, desde Médicos Sin Fronteras tenemos la obligación de condenar con indignación la falta de medidas. Y como organización médica, es nuestro deber señalar que muchas de estas muertes se pudieron prevenir. Algunas autoridades se niegan rotundamente a implementar medidas de salud pública basadas en la ciencia, como el distanciamiento social y el uso de mascarillas que deberían recomendarse incluso para las personas que ya han sido vacunadas o que han padecido la enfermedad. La falta de medidas preventivas ha provocado muertes prematuras y un riesgo creciente de nuevas variantes del virus, potencialmente más transmisibles y mortales. En un país donde solo una pequeña parte de la población ha sido completamente vacunada, el COVID-19 sigue infectando y matando a miles de personas todos los días en Brasil.
Al ser testigos del sufrimiento de los brasileños que han perdido a sus seres queridos, y de los profesionales de la salud que están agotados, enfrentando una carga psicológica y emocional debido a las duras condiciones laborales, también notamos la gran cantidad de noticias falsas que circulan en todo el país, alimentando un ciclo de muerte y enfermedad.
Es impactante aceptar que esa información errónea a menudo es difundida por quienes tienen la responsabilidad de proteger a la población. Es inaceptable que, con más de 500.000 muertes, aún haya funcionarios que engañen al público promoviendo métodos de tratamiento inapropiados, subestimando lo que dice la ciencia y negándose a adoptar medidas preventivas. Actuar de esa manera, en el estado de situación en el que se encuentra Brasil, es nada menos que inhumano.
Si bien puede resultar obvio, es necesario reiterar que Brasil se encuentra ahora en un estado crítico, con altas tasas de transmisión del virus y con una gran necesidad de aumentar la cobertura de vacunación. Negarse a tomar medidas preventivas como no usar una máscarilla contribuirá a mantener alta la incidencia de COVID-19, lo que podría resultar en más personas hospitalizadas y más muertes.
La pandemia impacta más fuerte entre aquellos que están más expuestos, en situación de vulnerabilidad y con menos acceso a la atención médica. El COVID-19 ha puesto en evidencia las desigualdades históricas de Brasil en el acceso a la atención médica.
Varios estudios publicados desde el inicio de la pandemia muestran que el COVID-19 y sus impactos en el sistema de salud han tenido graves consecuencias para las comunidades negras e indígenas, así como para los migrantes y refugiados.
Desafortunadamente, el COVID-19 aún está lejos de ser controlado. La vida de nuestros padres, hijos, hermanos, amigos y seres queridos seguirá estando en peligro. En este momento, a pesar de toda la fatiga, la ansiedad y la esperanza de que esto termine lo antes posible, debemos permanecer unidos y fuertes. Por favor, cuidése y proteja a sus seres queridos.
*La autora de esta columna es la directora de Médicos Sin Fronteras Brasil
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