
El arte se ha relacionado siempre con la izquierda. Se cree que la izquierda es lo sensible, lo humano, y por ende que pertenece a una especie de “bando de los buenos”. Esta creencia es totalmente falsa. El arte más virtuoso de la época contemporánea es el que ha emergido de una base liberal.
El mismo Hollywood que, sin haber estado creado ni subvencionado por ningún Estado, ha fundado la cultura más impresionante del cine, la televisión y de la música del último siglo. Una cultura que nos ha hecho a tantas generaciones disfrutar y apreciar el más noble arte visual e interpretativo sin ninguna manipulación ideológica ni moral. El artista libre, que crea al fin su deseada obra, es capaz de proyectar y realizar su trabajo gracias a un mercado libre; el espectador, sin ninguna ideología ni valor impuesto por la sociedad, es capaz de consumir, apreciar y opinar libremente ese arte realizado.
¿Por qué esto funciona en Estados Unidos y no tanto en España?
La razón es sencilla: el hombre libre, que es libre de crear desde su pureza y verdad más intrínseca, es el único capaz de hacer llegar su voz hacia lo más hondo de aquellos que tienen una predisposición moral libre. El individuo corrompido por un intervencionismo absoluto del Estado, que regula su dinero, le atraca con ingentes cantidades de impuestos y le dice lo que ha de pensar y lo que no, vive en una constante resistencia que le impide brindarse el privilegio de abrirse emocionalmente y aumentar sus cualidades artistas y sensibles.
El liberalismo pretende que cualquier persona pueda cumplir todos sus deseos (obviamente sin que ello interfiera en la dignidad de otras personas), y que ninguna idea sea rechazada si un artista quiere llevarla a cabo por el mero hecho de que el Estado opine que moralmente no está bien.

También cabe hablar de los artistas que desean proyectar su arte y se encuentran imposibilitados por un obstáculo económico y social por parte del Estado.
Por ejemplo, una obra que un pintor plástico quiera proyectar en una sala de arte y que según el Estado ese arte no cumpla con su moralidad ideológica, el artista encontrará muy dificultosa la posibilidad de proyectar su obra, puesto que, al estar subvencionadas, inevitablemente la mayoría de otras galerías que desean proyectar obras plásticas sin tener en cuenta ningún tipo de moralidad ideológica, se encontrarán eclipsadas totalmente por aquellas que el Estado considere y termine publicitando como galerías “oficiales” del Estado.
A fin de cuentas, siguiendo las bases del austríaco F. A. Hayek, la cultura también es un orden espontáneo. En definitiva: el artista ha de ser libre, y ninguna institución puede manipular de ninguna forma su libertad de expresión creativa y comercial.
El autor es músico y actor en Merlí (Netflix), The Young Pope (HBO), Knightfall (HBO) y La fossa.
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