León Trotski y la vigencia de su pronóstico sobre el capitalismo

La II Guerra Mundial fue como lo pronosticó el revolucionario ruso, la “solución” que encontró el capitalismo para superar la crisis de 1930. Hoy asistimos a una depresión económica mundial comparable a aquella. De ahí la actualidad de su pensamiento

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León Trotski en 1932
León Trotski en 1932

En 1938, dos años antes de su asesinato por un agente stalinista el 20 de agosto de 1940 en México, León Trotski escribió el Programa de Transición, cuyo título se completaba con una bajada que sostenía “la agonía mortal del capitalismo”. El mundo ingresaba en la II Guerra Mundial, que produciría la muerte de más de 60 millones de personas, centenares de millones de heridos y la destrucción de países enteros. Nunca antes la humanidad se había visto contrastada con una barbarie de esa dimensión, que superaba incluso la matanza de la I Guerra Mundial. Si la guerra era “la continuidad de la política por otros medios” como afirmaba Von Clausewitz, la política debía ser interpretada como “economía concentrada”, según lo había conceptualizado Lenin. La II Guerra Mundial era justamente eso: la “solución” que había encontrado el capitalismo para superar la crisis de la década de 1930. León Trotski se había destacado entre los políticos y teóricos en la época por pronosticar desde mediados de la década de 1920 la inevitabilidad de una nueva guerra mundial si no triunfaba antes la revolución socialista en los principales países europeos.

Muchos de sus críticos afirman que Trotski se equivocó en sus pronósticos ya que, luego de la guerra, en vez de la revolución socialista vinieron los “30 años gloriosos del capitalismo”. Estas miradas desconocen las revoluciones triunfantes en China, Cuba, Yugoslavia, guerra de Corea, la ocupación de media Europa continental por el Ejército Rojo y que el “crecimiento económico” estuvo basado en la destrucción de fuerzas productivas sin precedentes ejecutada por la guerra. La precariedad de ese proceso de crecimiento económico explica las revoluciones triunfantes, y que su agotamiento se avizoró con fuerza en la década del 60`, abriendo un ciclo de crisis económicas que ha ido en ascenso hasta nuestros días.

La restauración capitalista en la ex URSS tampoco contradijo los pronósticos de Trotski. Él fue pionero en anticipar que la burocracia estalinista buscaría restaurar las relaciones sociales capitalistas para asegurarse con derechos de propiedad los privilegios que usurpaba por su manejo del aparato del Estado. O los trabajadores derribaban a la burocracia por medio de una revolución política y restablecían su propio gobierno o la burocracia avanzaría en la restauración del capital reforzando sus pactos con el imperialismo mundial. El ciclo de rebeliones populares que comenzó dentro del llamado “bloque soviético” en Hungría y Alemania Oriental en 1953 y siguió con la Primavera de Praga en 1968 fueron parte de los intentos de los trabajadores de llevar adelante la revolución política que había planteado Trotski. Cuando los tanques estalinistas entraban en Checoslovaquia para aplastar la revuelta popular, en París las masas obreras y juveniles se enfrentaban al gobierno de De Gaulle. Las rebeliones a ambos lados del Muro de Berlín fueron la expresión de una crisis capitalista de fondo que llevaría, años después, a lo que se llamó la “crisis del petróleo” y a la declaración de la inconvertibilidad del dólar resuelta por el gobierno de Richard Nixon, que produciría un crecimiento desenfrenado del capital especulativo.

A 80 años de su asesinato, asistimos a una depresión económica mundial que, según la mayoría de los analistas, sólo puede compararse con la del ´30. Y se produce luego de más de dos décadas de restauración capitalista en los ex estados obreros, que se suponía abriría un terreno de crecimiento inédito para el capital al punto que varios de sus teóricos anunciaban el “fin de la historia”. Los resultados, sin embargo, están a la vista. Este año se estima que la economía de los EEUU caerá un 30% por ciento y otro tanto ocurrirá con las economías centrales.

Si aquella crisis llevó a la II Guerra Mundial, la actual depresión económica es la partera directa del crecimiento de las guerras comerciales, los choques entre los Estados y los conflictos bélicos que se expanden por el mundo, como lo prueban los choques en Ucrania, Libia, Siria, India, Pakistán, Armenia, entre otros. Lejos de guerras de carácter local, estamos en presencia de conflictos por procuración que representan intereses de las grandes potencias.

Pero las crisis producen también las grandes acciones de las masas, las rebeliones populares y las revoluciones. Fue así en los años 30, cuando se destacó la revolución española y el levantamiento francés de 1936. Ahora, asistimos a rebeliones a lo largo de América latina, como vimos en Chile, en Bolivia, en Ecuador y en países centrales, como Francia y en los propios Estados Unidos, donde 20 millones de personas participaron de movilizaciones populares. Y más cerca aún, en el Líbano. Un repaso por las mismas muestra que, aun con las diferencias de cada país, son motivadas por las situaciones intolerables que deben vivir los pueblos. La desocupación y los niveles de pobreza han saltado a escala de todo el planeta. En Estados Unidos millones de personas deben recurrir a la ayuda estatal para alimentarse.

La agonía mortal del capitalismo caracteriza la etapa histórica actual. Pero a diferencia de lo que sucede con las personas, el capitalismo no “muere” solo, sino que debe ser sepultado por la acción consciente de los pueblos. De no ocurrir ello, se repetirán de modo más intenso las crisis, las guerras, las hambrunas, las pandemias, la destrucción ambiental del planeta. De allí, la enorme actualidad del pensamiento de Trotski y de la estrategia que defendió: el socialismo internacional como vía para que la humanidad supere la crisis que amenaza su existencia. La enorme labor política que desarrolló, aun en las condiciones personales más adversas, fueron vitales para la continuidad del programa socialista, ante la degeneración monstruosa que representó el estalinismo. En 2020, los pueblos que se levantan contra toda forma de opresión y explotación encuentran en Trotski una fuente inagotable de orientación e inspiración para llevar su lucha a la victoria.

El autor es dirigente del PO y diputado de CABA por el Frente de Izquierda