
A comienzos de esta semana, un enfrentamiento militar entre China y la India en el Himalaya provocó la muerte de al menos 20 soldados indios en la disputada frontera entre ambos países, los dos más poblados del mundo y ambos poseedores de armas nucleares.
El incidente parece haber surgido a partir de la instalación por parte de tropas del Ejército de Liberación China (PLA, por sus siglas en inglés) de tiendas de campaña en el valle de Galwan, una zona bajo una disputa de larga data, ante lo cual militares indios desmontaron esas facilidades. Como reacción, tropas chinas habrían reprimido el accionar indio provocando una seria confrontación física entre ambos, generando varias muertes y heridos, a pesar de que no se habrían utilizado armas de fuego. Según fuentes de Delhi, piedrazos y palos de bambú con clavos y alambres tejidos habrían sido empleados por los chinos para atacar a los indios. Un vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores indio informó que hubo bajas “de ambos lados” y que el incidente se había producido a partir de un intento chino por “modificar el statu quo”. Las autoridades de Beijing, en tanto, optaron por una estrategia comunicacional que combinó ambigüedad y hermetismo, una fórmula habitual en sus informaciones y no reconocieron muertos. El pensamiento de los jerarcas de Beijing, sin embargo, se dejó conocer a través de un editorial del Global Times, el miércoles 17, en el que calificó el carácter “arrogante” e “irresponsable” del accionar de India como responsable de las tensiones en la frontera. En tanto, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, acusó a India de haber “provocado” el enfrentamiento.
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El del lunes pasado se trató del primer incidente con bajas mortales en más de cuatro décadas, pero ciertamente no el primero. Los casi 3500 kilómetros de frontera que dividen a China e India han sido escenario de numerosos contrapuntos a lo largo de las últimas siete décadas, prácticamente desde que India obtuvo su independencia del Reino Unido en 1947 y a partir de que Mao fundó la República Popular en 1949. Casi inmediatamente, a la enojosa cuestión del Tibet para China siguió a fines de la década del 50 una serie de escaramuzas que funcionaron en los hechos como antesala de la breve pero peligrosa guerra que enfrentó a China e India en 1962 en su frontera en el Himalaya. La conflagración provocó un grave daño en las pretensiones de Mao de convertirse en líder del Tercer Mundo, a pesar de que China reclamó para sí la victoria militar en el conflicto.
El incidente del lunes 15 debe ser interpretado a la luz de las pugnas geopolíticas globales, que tienen a China como un de los dos actores centrales del mundo actual. En los últimos años, los Estados Unidos buscaron un acercamiento con India, en un intento de contrarrestar el ascenso de China en la escena global, a través de la llamada Indo-Pacific Strategy. Como indicó hace pocas semanas el experto de asuntos internacionales y defensa Fabián Calle en Infobae: “A medida que el poder económico y militar chino crecía, las sucesivas administraciones estadounidenses buscaban incrementar más y más su aproximación estratégica con la India. El último y más significativo paso en este sentido data de febrero de 2020, cuando el presidente Trump -recibido en India con masivas manifestaciones populares de respaldo- demostró estar en plena sintonía con el gobierno nacionalista de Modi, el poderoso e hiperactivo primer mandatario de esta potencia emergente”.
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Por su parte, Beijing ha desplegado una activa política de acercamiento con Pakistán, un histórico rival de India. Una expresión clave de esa relación está constituida por el llamado "China-Pakistan Economic Corridor" que consiste en una red de infraestructura de autopistas, líneas férreras y gasoductos que unen la conflictiva provincia china de Xinjiang -donde habita una población musulmana muy relevante- con la estratégica ciudad portuaria de Gwadar, asentada sobre el Océano Indico, a sólo quinientos kilómetros del Estrecho de Ormúz.
A su vez, mientras que durante la Guerra Fría la Unión Soviética fue un aliado próximo de India, en su intento de debilitar a China Popular, con quien mantenía relaciones muy complicadas, en la actualidad la Federación Rusa busca sostener un vínculo estratégico tanto con China como con India. Otros actores, como Australia, Japón, Filipinas y Vietnam han reforzado sus relaciones con Delhi, con el objeto de contener el avance de Beijing en la región.
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En las condiciones presentes, además, ambas naciones tienen al frente liderazgos nacionalistas como el de Xi Xinping y el de Narenda Modi, que expresan, cada uno a su manera, las formas de gobierno más robustas de las últimas décadas tanto para China como para India.
En las últimas horas, los ministros de Asuntos Exteriores de China e India mantuvieron un diálogo telefónico en procura de apaciguar el conflicto y llamaron a reducir las tensiones en la frontera. Sin embargo, la historia está plagada de ejemplos de conflictos desatados por involuntarios errores de cálculo que desembocan en situaciones no buscadas. En momentos en que en el escenario internacional se advierte la falta de un liderazgo occidental legitimado globalmente en condiciones de ejercer una mediación, un agravamiento en la compleja relación bilateral entre China e India, dos potencias dotadas de armas nucleares, contiene el peligroso germen que eventualmente podría provocar una amenaza a la paz y la seguridad global.
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El autor es especialista en relaciones internacionales. Sirvió como embajador argentino en Israel y Costa Rica.
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