
Australia arde. En estos días han circulado fotos desgarradoras sobre la tragedia. Te animo a verlas, aunque algunas redes sociales han advertido a los usuarios sobre su crudeza. No con actitud morbosa, sino para constatar la profundidad del problema. Son fotos que duelen: personas adentrándose en el mar o lanzándose a los ríos, con hijos y mascotas en brazos, para evitar las llamas; canguros y koalas calcinados, aferrados a cercas que les impidieron escapar a tiempo...
Un año cierra y otro abre, pero el fuego continúa. En Sídney, tradicional enclave de uno de los mejores espectáculos de fuegos artificiales del mundo, estas han sido unas fiestas distintas. Han muerto al menos 18 personas, y unos 500 millones de animales. El humo, incluso, ya llega a Chile y Argentina.
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Australia es un país increíble, enorme, con una gran singularidad en cuanto a flora y fauna. Justo en 2019, visitamos Sídney con nuestro Influencers Circle, un grupo de líderes que entienden que, cultivando su imperio interior, elevarán su maestría de vida y trascendencia, en un legado de servicio al mundo.
Aquella experiencia fue renovadora. Sídney es una ciudad populosa y moderna. Vale la pena descubrir el ritmo amable de sus habitantes, completamente alejado del estrés. Los australianos tienen obsesión con los parques naturales y con el turismo al aire libre, un mindfulness de convivencia plena con la naturaleza.
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La principal pregunta es si los poderes públicos hacen lo suficiente para evitar las tragedias medioambientales. Los incendios en la selva amazónica, Siberia o California forman parte de las notas desastrosas de 2019. Habrá que recordar otros fuegos que arrasaron ciudades históricas —Roma, Lisboa, Londres, Chicago...—, cada uno con sus propias causas. ¿Podrían producirse actualmente catástrofes similares?
Según una encuesta del Pew Research Center en 26 países, el calentamiento global es el problema más grave del planeta para el 67% de las personas. Existe una evidente preocupación medioambiental, que debería concretarse en mejores acciones de protección y conservación.
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Pero, como siempre digo, no pongamos toda la responsabilidad en los hombros de los gobiernos. Sus omisiones y errores están a la vista. ¿Y los nuestros qué?
El gobierno australiano ya ha detenido a una veintena de personas por supuestamente provocar incendios forestales de forma intencionada. Entre la mano del hombre y el cambio climático, valga la redundancia, ¿hacia dónde vamos?
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