El presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó este martes que Rusia está ganando la guerra en Ucrania y calificó a los líderes de Kiev de “terroristas” con los que Moscú no puede negociar. Las declaraciones del mandatario sobre el conflicto se produjeron en una rueda de prensa tras la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Bishkek, capital de Kirguistán.
Putin reconoció que los ataques ucranianos dentro de territorio ruso han causado daños y admitió que los drones representan un desafío para las defensas rusas, en una de las pocas veces en que el mandatario admite públicamente ese costo.
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Pese a ello, insistió en que sus fuerzas avanzan en el campo de batalla. “No tengo ninguna duda de que el enemigo se derrumbará”, dijo ante periodistas, sin precisar un plazo. También calificó de “una auténtica tontería” los rumores sobre una nueva movilización militar en Rusia, escenario que circula desde hace semanas entre analistas occidentales ante el desgaste de tropas.
Según Putin, las fuerzas rusas capturaron 270 km² de Donetsk durante agosto y lograron rodear a un numeroso grupo de soldados ucranianos. Reuters señaló que no pudo verificar de forma independiente esa cifra ni la situación de cerco atribuida por el Kremlin.
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El mandatario ruso añadió que sus tropas avanzan hacia Sloviansk y Kramatorsk, las dos últimas ciudades del “cinturón de fortalezas” del Donbás que permanecen bajo control ucraniano. Su toma permitiría a Moscú reclamar el control total de Donetsk, región que Rusia anexionó unilateralmente en 2022 sin reconocimiento internacional. Putin adelantó, además, que sus fuerzas se preparan para lanzar ataques masivos contra la infraestructura energética ucraniana de cara al invierno boreal.
El contexto militar respalda solo en parte la narrativa del Kremlin. Según EFE y el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), centro de estudios con sede en Washington, las tropas rusas se encontraban a mediados de agosto a pocos kilómetros de Sloviansk y Dobropillia, con avance lento pero sostenido pese al elevado número de bajas. Analistas ucranianos advirtieron que las primeras infiltraciones en el Donbás podrían llegar hacia fines de 2026, aunque el ISW suele cuestionar la magnitud de los avances que reivindica Moscú.
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Putin también respondió a la advertencia lanzada días atrás por el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, quien alertó a las aerolíneas de que los drones ucranianos podrían cerrar de facto el espacio aéreo ruso. Calificó ese anuncio de “terrorismo de Estado” y aseguró que Moscú “encontrará la forma de responder” si la amenaza se materializa. En ese marco defendió la imposibilidad de negociar con Kyiv, a la que describió como una dirigencia “terrorista”.
No obstante, Putin matizó su postura al señalar que Moscú permanece abierto a conversaciones “concretas” para poner fin al conflicto, siempre que se genere un impulso diplomático. Esa combinación de discurso beligerante y puerta entreabierta al diálogo “concreto” ha sido una constante en sus intervenciones públicas a lo largo de los más de cuatro años y medio de guerra a gran escala, iniciada con la invasión de febrero de 2022.
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Kiev, por su parte, ha reforzado su defensa en Donetsk con nuevas agrupaciones de fuerzas, mientras intensifica los ataques con drones y misiles contra la retaguardia rusa. Ese pulso —avance terrestre ruso lento pero sostenido frente a una campaña ucraniana cada vez más profunda dentro de Rusia— define un conflicto que ninguna de las partes parece en condiciones de resolver por la vía militar en el corto plazo.
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