
Dan Jarvis asumió como nuevo ministro de Defensa del Reino Unido tras la renuncia de John Healey, quien dejó el cargo en protesta por la asignación presupuestaria para el área militar. El movimiento también desencadenó la salida del secretario de Estado de Defensa, Al Carns, junto con otros altos funcionarios.
El funcionario, de 53 años, llegó al gabinete de Keir Starmer como secretario de Estado sin cartera y se desempeñó como alcalde en Yorkshire Sur hasta 2022. Además, se graduó como oficial en la Academia Militar de Sandhurst. Su trayectoria política y militar lo posicionó como una figura relevante dentro del Partido Laborista.
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“Me complace nombrar a Dan Jarvis como ministro de Defensa mientras reforzamos nuestras fuerzas armadas y hacemos frente así a las amenazas contra nuestro país”, mencionó Starmer.
Además, el primer ministro defendió el plan de su Gobierno, que plantea el mayor aumento de gasto en Defensa desde la Guerra Fría: el presupuesto debería alcanzar el 2,5% del PIB en 2027 y llegar al 3% en la próxima legislatura, a partir de 2029.
John Healey justificó su dimisión en una carta dirigida a Starmer. Allí destacó que el presupuesto actual no permitiría cubrir las necesidades del país ante las crecientes amenazas, en referencia a Rusia. Healey sostuvo que Starmer resultó “incapaz” de encontrar los fondos suficientes para cubrir el déficit presupuestario y consideró que el plan de inversión “queda muy por debajo de lo que se requiere para la defensa y el país en este momento peligroso”.
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Tras eso, Starmer respondió en otra carta. Indicó que un gasto militar superior al presupuestado obligaría a realizar ajustes significativos en otros departamentos y recordó la importancia de mantener el equilibrio fiscal y el control del déficit público. También señaló que la estrategia vigente permitiría “grandes inversiones estratégicas a largo plazo” y garantizaría que los recursos “se gasten de forma sensata y se utilicen para respaldar el empleo y el crecimiento”.
El debate sobre la financiación de la Defensa no se limitó al ámbito nacional. En junio de 2025, durante una cumbre en La Haya, los países miembros de la OTAN, incluido el Reino Unido, se comprometieron a destinar el 3,5 % del PIB al gasto en defensa para 2035. Sin embargo, la carta de Healey indicó que el plan de inversión del Gobierno prevé alcanzar el 2,68 % del PIB en 2030, lo que representa 0,08 % más que el compromiso existente para el próximo año.
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La dimisión de Healey agravó las tensiones dentro del Ejecutivo, en particular por el estancamiento de las negociaciones entre los departamentos de Defensa y Finanzas sobre la expansión del gasto militar. Ese desacuerdo retrasó la presentación formal del Plan de Inversión en Defensa.
Por otro lado, Starmer destacó el papel del Reino Unido en la Coalición de Voluntarios en Ucrania, la defensa de sus aliados en el Golfo y la colaboración en un plan estratégico para el estrecho de Ormuz. Sostuvo que estos esfuerzos contribuyeron a mejorar la seguridad global, en especial después de asumir el Gobierno en 2024, cuando describió a las Fuerzas Armadas británicas como “en ruinas”.
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(Con información de EFE y Europa Press)
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