El Departamento de Estado de Estados Unidos condenó este miércoles la presión ejercida por China sobre tres naciones africanas para que bloquearan el espacio aéreo al avión del presidente de Taiwán, Lai Ching-te, lo que obligó a cancelar su visita oficial a Eswatini —el único aliado africano de la isla—. Un portavoz de la secretaría de Estado calificó la maniobra de abuso del sistema de aviación civil internacional y exigió a Beijing que cese su presión militar, diplomática y económica contra Taiwán. Fue la primera vez en la historia que un presidente taiwanés debió suspender un viaje al exterior por la negativa de terceros países a abrir su espacio aéreo.
Seychelles, Madagascar y Mauricio revocaron sin previo aviso los permisos de sobrevuelo concedidos al avión presidencial de Lai, que tenía previsto partir el miércoles hacia Mbabane para asistir a los actos del 40º aniversario de la coronación del rey Mswati III. El secretario general de la Oficina Presidencial de Taiwán, Pan Meng-an, anunció la cancelación en una rueda de prensa y precisó que la revocación fue unilateral y sin notificación anticipada. Habría sido el primer viaje de Lai al exterior desde noviembre de 2024, cuando visitó las Islas Marshall, Tuvalu y Palau con escalas en Hawái y Guam.
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El portavoz del Departamento de Estado afirmó, según Reuters, que los países implicados actuaron “a instancias de China al interferir en la seguridad y la dignidad del viaje rutinario de funcionarios taiwaneses”. El funcionario subrayó que la responsabilidad de gestión del espacio aéreo internacional que ejercen esas naciones existe “exclusivamente para garantizar la seguridad de la aviación, no para servir como herramienta política de Beijing”. Varios legisladores estadounidenses también condenaron la maniobra. El Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes publicó en X que el Partido Comunista Chino “una vez más intenta intimidar a Taiwán”. El senador Ted Cruz fue más allá y advirtió que Mauricio “parece decidido a aliarse con el Partido Comunista Chino a expensas de los intereses de Estados Unidos”.

Un alto funcionario de seguridad de Taiwán declaró a Reuters que Beijing amenazó a los tres países con sanciones económicas, incluida la revocación de alivios de deuda, si permitían el paso del avión presidencial. Bloomberg, citando la misma fuente, precisó que la coerción incluyó también la paralización de fondos de financiamiento. China negó haber ejercido presión alguna. Su Oficina de Asuntos de Taiwán rechazó las acusaciones, aunque expresó reconocimiento a las tres naciones por adherirse al principio de una sola China. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, felicitó a esos gobiernos y afirmó que “apoyar la reunificación es el lado correcto de la historia”.
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Las respuestas de los países africanos implicados fueron dispares. Madagascar confirmó haber denegado la solicitud de sobrevuelo: un funcionario de su cancillería declaró que “la diplomacia malgache solo reconoce una China” y que la decisión se tomó “en pleno respeto de la soberanía” del país sobre su espacio aéreo. El ministerio de Exteriores de Seychelles indicó que el avión presidencial taiwanés no recibió autorización, en línea con su “política de larga data de no reconocer la soberanía de Taiwán”, y añadió que la decisión “se tomó de forma independiente y de acuerdo con los procedimientos establecidos”. Mauricio no respondió a las solicitudes de comentario. Eswatini, por su parte, lamentó que Lai no pudiera visitar el reino, aunque aclaró que el incidente “no cambia el estatus de nuestras relaciones bilaterales de larga data”.
Eswatini, conocido hasta 2018 como Suazilandia y con una población de aproximadamente 1,3 millones de habitantes, es uno de solo doce países en el mundo que mantienen relaciones diplomáticas formales con Taipéi. La última visita de una presidenta taiwanesa al reino fue en 2023, cuando Tsai Ing-wen realizó el trayecto sin incidentes. China tiene una animadversión particular hacia Lai, a quien llama “separatista” por rechazar las pretensiones de soberanía de Beijing y defender el derecho de los taiwaneses a decidir su propio futuro. El bloqueo aéreo de esta semana marca un salto cualitativo en esa estrategia: ya no basta con presionar a los aliados directos de Taiwán, sino que Beijing extiende su influencia a terceros países para cerrar físicamente las rutas por las que viajan sus líderes. Si esa táctica prospera, el margen diplomático de Taiwán —ya reducido a una docena de reconocimientos formales— podría verse limitado incluso en el plano logístico.
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