
Un estudio internacional liderado por la Universidad de Lausana y publicado en Science revela que el comercio de vida silvestre incrementa hasta en un 50% el riesgo de transmisión de patógenos de animales a humanos, en comparación con especies no comercializadas. Por cada década que una especie de mamífero permanece en el comercio mundial, comparte al menos un patógeno adicional con las personas.
El comercio de vida silvestre —legal e ilegal— afecta al 25% de las especies de mamíferos y supone una vía directa para el salto de virus, bacterias, hongos y parásitos desde los animales hasta las poblaciones humanas.
Según la Universidad de Lausana, la manipulación y transporte de fauna para fines como mascotas, medicina tradicional, investigación, carne o pieles multiplican las oportunidades de contagio a lo largo de toda la cadena comercial.

El papel del comercio ilegal y los mercados de animales vivos en el riesgo de zoonosis
El análisis, publicado en Science, concluye que el comercio ilegal y la venta de animales vivos acrecientan el peligro de transmisión zoonótica. Los controles sanitarios suelen estar ausentes en canales ilegales, lo que facilita la circulación de patógenos. De acuerdo con el estudio, el 41% de las especies de mamíferos comercializadas comparten al menos un patógeno con los humanos, frente al 6,4% de las especies no sometidas a comercio.
Investigadores como Cleo Bertelsmeier y Jérôme Gippet identifican mercados de animales vivos y el tráfico ilícito como puntos críticos para el surgimiento de brotes, entre ellos la COVID-19 o la viruela del mono en Estados Unidos en 2003. La manipulación y el traslado son fases determinantes en la emergencia de estos casos.
Ejemplos documentados incluyen infecciones de ántrax asociadas al uso de pieles para instrumentos musicales, brotes de Salmonella vinculados a reptiles exóticos y la transmisión de viruela del mono por perros de la pradera vendidos como mascotas.

El riesgo zoonótico acumulado por años en el comercio de mamíferos silvestres
La variable temporal es clave en el fenómeno. “El tiempo que un animal está en el mercado resulta decisivo: de media, una especie comparte un patógeno adicional con los humanos por cada diez años que permanece en el comercio”, explica Gippet en el comunicado de prensa compartido por la universidad. El riesgo se acumula, lo que implica que las especies con mayor permanencia llegan a compartir más agentes infecciosos con las personas.
El propio análisis indica que cada década en los mercados incrementa la cantidad de patógenos compartidos. Además, señala que especies vendidas vivas en mercados o comercializadas ilegalmente comparten 1,5 y 1,4 veces más patógenos, respectivamente, que aquellas vinculadas solo al comercio legal o a productos derivados. El auge reciente de mascotas exóticas, incentivado por las redes sociales, y la expansión del tráfico internacional agravan este escenario.

Biovigilancia y reformas regulatorias ante el comercio de vida silvestre
En materia regulatoria, el acuerdo internacional CITES se orienta principalmente a evitar la extinción de especies, sin considerar de forma directa los riesgos sanitarios derivados de la transmisión zoonótica. La investigación subraya la necesidad de fortalecer la biovigilancia y de incorporar un enfoque de salud pública en la normativa sobre el comercio de especies.
Bertelsmeier puntualiza que las elecciones de compra influyen indirectamente en el traspaso de patógenos a los humanos y cuestiona tanto los hábitos como la regulación vigente. Los científicos consideran imprescindible disminuir la frecuencia y el volumen de animales en los mercados internacionales y mejorar los sistemas de monitoreo sanitario para reducir la aparición de nuevas enfermedades.

Las recomendaciones del equipo incluyen reformar acuerdos multilaterales, reforzar la cooperación internacional y aumentar la capacidad de vigilancia en toda la cadena de comercio de especies. Según Gippet, “el número de contactos es determinante; limitar estas oportunidades de encuentro y el volumen total del comercio es esencial para reducir la emergencia de enfermedades”.
El comercio de vida silvestre constituye uno de los principales vectores para la transmisión de patógenos de animales a humanos, y el riesgo crece cuanto más tiempo están las especies involucradas en los mercados, especialmente en contextos ilegales o de venta de animales vivos.
Para frenar futuras epidemias, los expertos proponen integrar la salud pública como eje central en la regulación global de la biodiversidad y fortalecer la biovigilancia. Comprender cómo las interacciones comerciales abren nuevas vías para la transmisión zoonótica resulta fundamental para anticipar y evitar brotes, y así proteger la salud colectiva y los ecosistemas.
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