El primer ministro y canciller de Qatar, Mohamed bin Abdulrahmán Al Thani, reprochó este lunes al ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, la “falta de consideración” de Teherán por la seguridad de los estados del Golfo Pérsico. En una llamada telefónica iniciada por el lado iraní, el jefe de la diplomacia catarí condenó los ataques continuos de Irán contra Qatar y la región, y reclamó una salida negociada como “única opción” para resolver la crisis desatada hace más de un mes por la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica.
Según el comunicado del Ministerio de Exteriores de Qatar, Abdulrahmán subrayó que la escalada iraní “hacia países que se han mantenido al margen de la guerra constituye una temeraria falta de consideración por la seguridad de la región y una actitud irresponsable”. Recalcó que atacar “infraestructuras civiles y las capacidades de los pueblos es un comportamiento rechazado y condenado por cualquier parte bajo cualquier circunstancia”, y llamó a todas las partes a respetar el derecho internacional. “Una solución diplomática integral y permanente sigue siendo la única opción para resolver la crisis”, insistió.
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La llamada se produjo en el momento de mayor tensión entre Doha y Teherán desde el inicio del conflicto. A lo largo de las últimas semanas, Qatar acumuló una serie de agravios directos que llevaron la relación bilateral a un punto de quiebre. El más grave fue el ataque del 18 de marzo, cuando misiles iraníes impactaron en dos ocasiones en menos de doce horas la Ciudad Industrial de Ras Laffan, el principal complejo de gas natural licuado del mundo, gestionado por QatarEnergy y ubicado a 80 kilómetros al norte de Doha. El incendio causó daños significativos en la planta Pearl GTL, aunque sin víctimas mortales, según confirmaron las autoridades qataríes.
Ras Laffan concentra prácticamente la totalidad de las exportaciones de gas licuado de Qatar, que representa alrededor del 20% del suministro mundial de GNL, segundo mayor productor global tras Estados Unidos. El yacimiento que alimenta la instalación —campo North Dome para Qatar, South Pars para Irán— es el mayor reservorio de gas del planeta, lo que convierte los ataques sobre esa infraestructura en una agresión con consecuencias energéticas que trascienden la región. La producción en Ras Laffan se encontraba ya suspendida desde principios de marzo a causa del cierre efectivo del estrecho de Ormuz, y los daños causados por los bombardeos amenazaron con prolongar aún más esa paralización.
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La base aérea de Al Udeid, la mayor instalación militar estadounidense de Medio Oriente con unos 10.000 efectivos, también fue blanco de ataques iraníes en varias ocasiones. El 3 de marzo, un misil balístico iraní impactó en la base y causó daños en equipos de radar y comunicaciones, según imágenes satelitales publicadas posteriormente por medios especializados.
Qatar respondió a estos ataques con una de las medidas más contundentes del derecho diplomático. El 18 de marzo, el Ministerio de Exteriores convocó al embajador iraní en Doha, Ali Abadi, y le entregó un memorándum que declaraba persona non grata al agregado militar y al agregado de seguridad de la embajada, así como a todo su personal, con un plazo máximo de 24 horas para abandonar el territorio. El director de Protocolo, Ibrahim Yusef Fajro, comunicó al embajador que la medida respondía a la “brutal agresión iraní” y a la violación de la soberanía qatarí, en “flagrante contravención” de los principios del derecho internacional y la resolución 2817 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Qatar advirtió que, si la actitud hostil persistía, adoptaría “medidas adicionales”.
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El contexto es el de un Golfo sometido a una presión sin precedentes. Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una operación conjunta contra Irán que causó la muerte del líder supremo Ali Khamenei en los primeros bombardeos, Teherán respondió con una ofensiva masiva contra los estados árabes de la región. Según datos aportados por gobiernos regionales, Irán disparó más de 400 misiles balísticos y más de 1.000 drones contra Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. La mayoría fueron interceptados, pero seis militares estadounidenses murieron cuando un proyectil alcanzó un centro de operaciones en el puerto kuwaití de Shuaiba.
La posición catarí en este conflicto es estructuralmente contradictoria. Qatar alberga la mayor base militar estadounidense de la región, pero mantiene relaciones funcionales con Irán —ambos comparten el mayor yacimiento de gas del planeta— y ha ejercido durante años como mediador en disputas clave, desde las conversaciones nucleares hasta los acuerdos de alto el fuego en Gaza. El reclamo de Abdulrahmán a Araqchí no es solo una protesta por los daños materiales sufridos: es también la señal de que Qatar, árbitro indispensable de la diplomacia regional, está siendo arrastrado hacia un rol que contradice su razón de ser geopolítica.
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