En Dinamarca, la proporción de electricidad procedente de fuentes renovables alcanza casi el 90% y, entre 2021 y 2025, la energía solar triplicó su participación en la matriz eléctrica, pasando del 4% al 13%.
Este crecimiento acelerado intensificó el debate público: la expansión de los parques solares generó una resistencia creciente en diversas regiones rurales, lo que afectó el respaldo político a nuevos proyectos y presionó a los partidos a reconsiderar su apoyo. La tensión surge del equilibrio entre el impulso a la transición ecológica y las preocupaciones de las comunidades locales, según informó el periódico británico The Guardian.
El escepticismo hacia la energía solar propició que expresiones como “campos de hierro” (jernmarker), elegida palabra del año en diciembre, sean ampliamente utilizadas en el debate. De acuerdo con cifras citadas de la asociación industrial danesa Danish Solar Association, apenas 0,2% (cero coma dos por ciento) del suelo agrícola danés está cubierto por paneles solares, mientras que cerca de un tercio de la capacidad se instala sobre tejados.
No obstante, la movilización de comunidades rurales y figuras políticas como Inger Støjberg, líder de Los Demócratas de Dinamarca, llevó a varios municipios—entre ellos Køge, Viborg y la isla de Samsø, reconocida por su papel pionero en energía renovable—a cancelar o modificar planes de instalación de parques solares.
Según Lukas Slothuus, investigador de política climática en la Universidad de Sussex, los Demócratas de Dinamarca fueron claves para canalizar este descontento local hacia el debate nacional, al identificar en el conflicto solar un eje de disputa electoral relevante.

El avance de la energía solar reconfigura el panorama político danés
Durante la campaña para las elecciones nacionales, la expansión de la energía solar se convirtió en uno de los ejes del discurso de grupos como Los Demócratas de Dinamarca. En el primer debate televisivo de 2024, Støjberg planteó: “Decimos sí a los campos de trigo y no a los campos de hierro”, e instó a que la transición verde contemple los intereses de quienes viven fuera de las ciudades.
Su compañero de partido, Mads Fuglede, según el medio británico, señaló que los paneles solares “se han convertido en un símbolo de la élite política que quiere una transición verde y no se preocupa por lo que ocurre en el campo, porque ese no es su lugar de residencia ni el de sus electores”.
A diferencia de otros partidos —donde se cuestiona el cambio climático y se rechazan de manera frontal las medidas de reducción de contaminantes—Los Demócratas de Dinamarca no se oponen a la transición ecológica, sino a la forma en la que se implementa sobre el terreno agrícola. “Pueden tener paneles solares, pero instálenlos donde viven, en las ciudades. No hay necesidad de cubrir tierras de cultivo”, afirmó Fuglede.
Impacto social y económico de la resistencia a la energía solar
El rechazo no es homogéneo en la sociedad danesa. Según una encuesta publicada en noviembre, el 77% de los ciudadanos que tienen en cuenta los proyectos de energía verde al votar se declara a favor de estos desarrollos. En contraste, entre los electores de los dos principales partidos populistas de derecha, con base electoral en áreas rurales, más del 80% se pronuncia en contra.
Entre los motivos de los opositores, destacan el impacto visual de los paneles, la preocupación por la posible disminución de los precios inmobiliarios y la percepción de pérdida de vínculo con el entorno agrario. La proliferación de imágenes aéreas de viviendas rodeadas por instalaciones solares ayuda a instalar la idea de que la infraestructura urbana avanza sobre tierras rurales.
La reacción de los habitantes implicó un ajuste en la estrategia municipal. De acuerdo con Camilla Holbech, vicepresidenta de energías renovables en la organización sectorial eléctrica Green Power Denmark, varios políticos locales han optado por avanzar con proyectos solares “sin demasiada publicidad”, método al que describió como “green hushing”.
La paradoja del éxito y dificultades económicas de la energía solar danesa
Más allá de la oposición social, el crecimiento acelerado de la energía solar generó desafíos económicos inesperados. Torsten Hasforth, economista jefe de Concito, el principal centro de estudios climáticos de Dinamarca, expresó: “En los próximos 10 años, la expectativa oficial es un incremento muy grande en la producción solar. Pero eso choca con la realidad: no pueden obtener beneficios”.
El aumento en el número de paneles provocó que se multipliquen los días con precios de electricidad negativos, debido a la sobreoferta temporal de energía solar respecto a la demanda, lo que complica la rentabilidad de los proyectos. Factores como la baja cantidad de días soleados, la electrificación lenta del consumo y la congestión en las redes eléctricas contribuyen a agravar el problema.
El inventor Henrik Stiesdal, referente de la energía eólica en Dinamarca, señaló la influencia actual de las redes sociales: “Lo que ha cambiado desde los primeros años es Facebook. Aunque la mayoría de la población vea las cosas con buenos ojos”, afirmó.
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