El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, lanzó el miércoles una advertencia directa al régimen de Irán para que tome “en serio” la posibilidad de una acción militar estadounidense, un día después de que el presidente Donald Trump utilizara su discurso sobre el Estado de la Nación ante el Congreso para construir el argumento político que podría justificar un ataque. Las declaraciones, hechas en Fox News a pocas horas de una nueva ronda de negociaciones nucleares en Ginebra, elevan la presión sobre Teherán en el momento de mayor tensión bilateral desde los bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes el año pasado.
“No se puede dejar que el régimen más peligroso y extremista del mundo tenga armas nucleares”, dijo Vance, quien subrayó que Trump cuenta con “otras herramientas a su disposición” más allá de la diplomacia y que “ha demostrado voluntad de usarlas”. El vicepresidente precisó que la administración espera “poder llegar a una buena resolución sin recurrir a lo militar”, pero dejó abierta esa vía de forma explícita: si la diplomacia no bastara, el presidente tiene “ese derecho”.
La advertencia llega en un contexto de movilización militar significativa. Washington ha desplegado dos portaaviones en la región y tiene cazas F-22 estacionados en Israel. Según fuentes citadas por CNN, la Casa Blanca ha sido informada de que el ejército podría estar listo para un ataque en cuestión de días si las negociaciones fracasan. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó públicamente que las fuerzas estadounidenses se preparan para el caso de que los contactos diplomáticos no den resultado.

En su discurso del martes ante el Congreso, Trump acusó a Irán de poseer ya misiles capaces de alcanzar Europa y bases militares estadounidenses en el exterior, y de estar desarrollando proyectiles de largo alcance que podrían llegar al territorio continental de Estados Unidos. También calificó de “siniestras” las ambiciones nucleares de la República Islámica y afirmó que Teherán trabaja para reconstruir el programa nuclear golpeado por los ataques estadounidenses en 2025. El propio mandatario señaló en una reunión previa al discurso que el régimen iraní quiere un acuerdo “más que Estados Unidos”, pero exigió escuchar las palabras que aún no ha oído: “Nunca tendremos un arma nuclear.”
Irán rechazó las acusaciones de Trump sobre su programa de misiles tachándolas de “grandes mentiras” y reiteró que no persigue la obtención de armas nucleares, posición que mantiene desde hace décadas ante organismos internacionales. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, mostró sin embargo una actitud conciliadora antes de la cita en Ginebra, describiendo un “panorama favorable” para las conversaciones mientras el canciller Abbas Araghchi viajaba a Suiza al frente de la delegación negociadora.
El contexto de la tercera ronda es complejo. Las dos anteriores —celebradas en Mascate el 6 de febrero y en Ginebra el 18 de febrero— arrojaron resultados modestos. Según fuentes citadas por The Jerusalem Post, las conversaciones han sido “productivas” pero persisten “brechas significativas”. Araghchi habló de entendimiento en “principios rectores”, mientras Vance sostuvo después de la segunda ronda que Irán no está dispuesto a reconocer las “líneas rojas” de Trump, en particular la exigencia de una renuncia verificable e indefinida al desarrollo de armamento nuclear.
El enviado presidencial Steve Witkoff, según el medio Axios, planteó también que cualquier acuerdo futuro debe tener vigencia permanente, a diferencia del pacto de 2015 —el JCPOA, que Trump abandonó en su primer mandato en 2018— que establecía limitaciones con fecha de caducidad.
La tensión se extiende más allá de la mesa de negociaciones. Irán realizó maniobras navales en el Estrecho de Ormuz durante la semana pasada, llegando a cerrar parcialmente ese paso estratégico durante varias horas. Cerca del 31% de los flujos mundiales de petróleo crudo por vía marítima transitan ese estrecho, según datos de la firma de inteligencia de mercados Kpler, lo que convierte cualquier escalada en una amenaza directa para los precios globales de la energía.
Irán también anunció ejercicios conjuntos con Rusia en el Mar de Omán, una señal dirigida a Washington y a sus aliados en el Golfo. En paralelo, el Departamento de Estado ordenó la evacuación del personal no esencial de la embajada de Estados Unidos en Beirut ante la posibilidad de ataques aéreos.
La tercera ronda de Ginebra llega, por tanto, con las posiciones alejadas y el reloj corriendo. Si la diplomacia no entrega resultados tangibles en las próximas semanas, la administración Trump habrá construido ya el relato político que necesita para justificar ante la opinión pública una opción que, hasta ahora, sigue siendo la última sobre la mesa.
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