
Capri impondrá nuevas restricciones a los turistas durante el verano, una decisión que marca un cambio en la gestión de la afluencia masiva que caracteriza a este destino italiano en temporada alta. Cada año, la isla recibe hasta 50.000 visitantes diarios, una cifra muy superior a la población residente, que oscila entre 13.000 y 15.000 habitantes, según detalló Euronews.
Límites estrictos para grupos turísticos
A partir de este verano boreal, Capri limitará el tamaño de los grupos turísticos y prohibirá el uso de ciertos elementos distintivos de los guías como los paraguas y altavoces. Las autoridades locales han decidido que solo podrán desembarcar en la isla aquellos grupos que no superen las 40 personas. Además, para los grupos de más de 20 integrantes, los guías no podrán utilizar altavoces y deberán proporcionar a cada visitante auriculares o receptores individuales, con el objetivo de reducir la contaminación acústica en las estrechas calles y miradores.
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Los guías turísticos, a partir de ahora, se identificarán únicamente con un pequeño cartel o la paleta reglamentaria, y tendrán expresamente prohibido el uso de elementos llamativos como paraguas o banderas. Esta medida busca evitar el colapso de los espacios públicos y la incomodidad tanto para los residentes como para otros viajeros que recorren la isla.
La decisión responde a un fenómeno que, según las autoridades, ha puesto en jaque la atmósfera exclusiva y elegante que caracteriza a Capri desde hace décadas.
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El presidente de la asociación de hoteleros de la isla, Lorenzo Coppola, celebró la medida afirmando que se trata de “un acto de responsabilidad que refleja nuestra visión de una isla por fin más habitable”. Y añadió que “las nuevas normas para los grupos organizados son herramientas indispensables para descongestionar las zonas críticas y devolver aire a nuestros recorridos peatonales”.
Un modelo de turismo sostenible
Capri no es ajena a las restricciones en busca de preservar su identidad. En la década de 1950, el destino ya había impuesto normas de etiqueta para los visitantes, prohibiendo los zuecos de madera y el uso excesivo de radios en público. Ahora, la presión de los grupos turísticos, que pueden llegar a ser ruidosos y mal organizados, ha llevado a las autoridades a endurecer las reglas para garantizar la seguridad y la comodidad de todos los transeúntes.
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Las nuevas disposiciones también obligan a los grupos turísticos a mantenerse compactos y no comprometer la movilidad ni la seguridad de quienes circulan por los espacios comunes. Los guías tendrán que supervisar que sus grupos no ocupen más espacio del necesario, permitiendo el paso y la estancia de otros visitantes.
La iniciativa ha sido bien recibida tanto por los habitantes como por los operadores turísticos. Gianluigi Lembo, propietario de la reconocida taberna Anema e Core, frecuentada por celebridades internacionales, subrayó que la decisión “beneficia a todos los visitantes, no solo a los VIP”.
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En declaraciones al diario italiano Corriere del Mezzogiorno, Lembo explicó: “Turistas, todos, pero no todos a la vez. No creo en visitantes de primera o de segunda, y nadie debería quedar excluido. Pero también debe haber un límite para los grupos, porque el espacio en la isla es reducido. Por eso celebro este tope, que no veo como una protección solo para el turismo VIP, sino para todos”.
Medidas adicionales
El impacto de la llegada masiva de turistas no se limita a las calles de Capri. El alcalde Paolo Falco anunció que el ayuntamiento trabaja en nuevas estrategias para gestionar el tráfico de embarcaciones en el puerto de Marina Grande, el principal punto de acceso a la isla. Allí es donde se concentran los viajeros para tomar el funicular o los autobuses hacia el centro de Capri o hacia la más tranquila Anacapri, situada al oeste.
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Falco indicó ante los medios italianos que el municipio analiza la posibilidad de limitar los desembarcos a determinadas franjas horarias con el propósito de evitar aglomeraciones y mejorar la seguridad. “Estamos analizando en profundidad este asunto y la seguridad del puerto, y podremos resolverlo mucho antes del verano”, explicó el alcalde, anticipando que las soluciones estarán listas antes del inicio de la temporada alta.
Estas acciones forman parte de una tendencia creciente en Europa, donde los destinos más demandados buscan regular el flujo de turistas para proteger tanto el patrimonio local como la calidad de la experiencia de los visitantes. Capri, al igual que otras ciudades y enclaves turísticos del continente, se enfrenta al desafío de equilibrar su atractivo internacional con la necesidad de mantener la convivencia pacífica y ordenada en sus espacios más emblemáticos.
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