
Irán y Estados Unidos inician este martes en Ginebra una segunda ronda de negociaciones nucleares y de seguridad con el objetivo de disipar el riesgo de una intervención militar de Washington, en medio de nuevas advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre “las consecuencias de no alcanzar un acuerdo”.
Los dos países, considerados adversarios históricos, retomaron el diálogo el 6 de febrero en Mascate, capital de Omán, tras una etapa marcada por amenazas mutuas y una creciente tensión regional. En esta nueva instancia, Teherán mantiene su postura de limitar las conversaciones al programa nuclear, mientras Washington exige también restricciones sobre el programa de misiles balísticos iraní y el cese del apoyo a grupos armados en la región.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, intentó moderar las expectativas antes del inicio de las reuniones. “Podemos concluir con cautela que la postura estadounidense sobre la cuestión nuclear iraní se ha vuelto más realista”, afirmó el lunes, citado por la agencia IRNA.
Trump volvió a presionar públicamente a Teherán la noche del lunes y confirmó su implicación indirecta en el proceso. “Quieren llegar a un acuerdo (...). No creo que quieran las consecuencias de no alcanzar un acuerdo”, advirtió el líder republicano.
En paralelo a la vía diplomática, los Guardianes de la Revolución iraníes desplegaron barcos y helicópteros y probaron drones y misiles en un ejercicio militar en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo. La televisión estatal informó que las maniobras buscaban preparar a esa fuerza “para posibles amenazas militares y de seguridad” y difundió imágenes de las operaciones. La duración de los ejercicios no se precisó.
Washington también mantiene una señal de presión militar en la zona. Un portaviones permanece frente a las costas iraníes, a unos 700 kilómetros de distancia, mientras otro buque se prepara para zarpar. La Casa Blanca mantiene abiertas sus opciones en caso de que las conversaciones no arrojen resultados.
La reunión en Ginebra se desarrolla con mediación del sultanato de Omán. El jefe de la diplomacia iraní, Abás Araqchi, llegó el lunes a la ciudad suiza y mantuvo un encuentro con su homólogo omaní, Badr al Busaidi, con el objetivo de exponer “el punto de vista y las consideraciones de la República Islámica sobre la cuestión nuclear y el levantamiento de las sanciones”, según informó la Cancillería iraní.
En un comunicado oficial, Araqchi destacó la “determinación” de Irán de avanzar en una “diplomacia centrada en los resultados para garantizar los intereses y derechos de los iraníes y la paz y la estabilidad en la región”.
Los países occidentales e Israel, considerado por expertos como la única potencia nuclear de Oriente Medio, sospechan que Irán busca dotarse de armas nucleares. Teherán rechaza esas acusaciones y sostiene su “derecho inalienable” a desarrollar un programa nuclear civil y enriquecer uranio para fines energéticos, conforme a las disposiciones del Tratado de No Proliferación.
Trump incrementó las advertencias tras la represión de las manifestaciones antigubernamentales de enero en Irán, aunque dejó abierta la puerta a una salida diplomática sobre el programa atómico. Ante la posibilidad de un fracaso en las conversaciones, el mandatario mencionó consecuencias “traumáticas” e incluso aludió a la hipótesis de un cambio de poder en el país.
“Parece que sería lo mejor que podría pasar”, respondió a periodistas cuando le consultaron sobre un eventual “cambio de régimen”.
Desde Teherán, Araqchi reafirmó su postura antes de iniciar las conversaciones en Suiza. “Lo que no está sobre la mesa es la sumisión ante las amenazas”, subrayó el canciller, quien aseguró que llegó a Ginebra “con ideas reales para llegar a un acuerdo justo y equitativo”.

Por parte estadounidense, el emisario Steve Witkoff y el asesor Jared Kushner se dirigen al encuentro, según informó el secretario de Estado Marco Rubio. “Veremos qué pasa. Esperamos que haya un acuerdo”, declaró el jefe de la diplomacia estadounidense.
En medio de las diferencias, Irán expresó disposición a alcanzar un pacto sobre sus reservas de uranio altamente enriquecido, estimadas en más de 400 kilogramos y con un destino aún incierto. A cambio, exige el levantamiento de las sanciones que afectan su economía.
(Con información de AFP)
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