
El éxito comercial de los medicamentos para bajar de peso ha dado origen a una industria paralela en China que exporta compuestos no regulados a consumidores occidentales, muchos de ellos prohibidos por las autoridades sanitarias.
Vendedores chinos están capitalizando la popularidad de los fármacos basados en GLP-1 como Ozempic para comercializar una amplia gama de péptidos inyectables a través de redes sociales y plataformas de mensajería, según una investigación del Financial Times publicada este jueves.
La operación involucra a cientos de comerciantes que ofrecen estos compuestos a precios significativamente más bajos que los canales médicos legítimos, aprovechando el creciente interés en terapias peptídicas promovidas por influencers en línea.
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Los péptidos son moléculas formadas por cadenas cortas de aminoácidos que influyen en diversos procesos corporales. Mientras que algunos, como la insulina, tienen aplicaciones médicas establecidas, otros permanecen en fases experimentales o están prohibidos para consumo humano en varios países.
De la venta de papel al comercio ilegal
Un vendedor que anteriormente trabajaba en la industria papelera explicó al diario británico cómo la recesión económica lo llevó a cambiar de rubro. “Escuché que personas en Shenzhen estaban ganando mucho dinero vendiendo péptidos al exterior”, relató bajo condición de anonimato, ya que comercializar estos productos sin prescripción médica es ilegal.
El mercado ha crecido exponencialmente en meses recientes. Especialistas estiman que operan alrededor de mil vendedores dirigidos al mercado internacional, con precios que han caído debido a la competencia. Un vial de BPC-157, apodado la “droga Wolverine” por sus supuestas propiedades curativas, se ofrece por 65 dólares en lotes de diez unidades, mientras que la semaglutida cuesta 70 dólares por la misma cantidad, una fracción de lo que cuestan en sitios estadounidenses.
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Max Marchione, fundador de Superpower, una plataforma de salud enfocada en longevidad, señaló al Financial Times que la Generación Z muestra particular interés en estos productos. Comunidades en línea dedicadas a mejorar la apariencia física intercambian información sobre dosificación y aplicación de estos compuestos.
Cadena de suministro opaca

Aunque abundan los vendedores, la producción está concentrada. Aproximadamente una docena de fábricas en Shenzhen y Changsha producen la mayoría de estos péptidos, instalaciones que originalmente generaban compuestos farmacéuticos para la industria legítima antes de reorientarse hacia este mercado gris.
“Nunca manipulamos el producto. No sabemos quién lo fabrica”, admitió un comerciante al diario. Esta estructura deliberadamente opaca incluye múltiples intermediarios entre productores y consumidores finales.
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La promoción ocurre abiertamente en plataformas como Facebook, Telegram y WhatsApp, pero localizar físicamente a los vendedores resulta casi imposible. Periodistas del Financial Times visitaron direcciones registradas de ocho proveedores y descubrieron que la mayoría eran falsas, sin contactos verificables.
En una oficina china visitada por reporteros del FT, empleadas utilizaban inteligencia artificial para redactar mensajes de venta en diferentes idiomas y colaboraban con influencers occidentales que promueven los productos en TikTok a cambio de comisiones. Un vendedor describió un pedido reciente de un médico brasileño que planeaba revender los péptidos en su consultorio privado.
Los pagos iniciales se procesan típicamente vía PayPal, migrando después a criptomonedas para evitar comisiones y límites transaccionales.
Riesgos sanitarios

Las autoridades chinas han intensificado acciones contra vendedores domésticos de medicamentos GLP-1 no autorizados. Registros judiciales muestran al menos 40 casos procesados, con sanciones que alcanzan diez veces los ingresos obtenidos. Paradójicamente, esto ha hecho que estos péptidos sean prácticamente inaccesibles para consumidores chinos mientras fluyen libremente hacia occidente.
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El Dr. Mohammad Enayat, quien opera una clínica de longevidad en Londres, advirtió al Financial Times sobre los peligros de adquirir medicamentos de fuentes no reguladas. Aunque los vendedores presentan certificados de pureza, estos no detectan contaminantes ni garantizan condiciones apropiadas de almacenamiento y transporte.
“Comprar péptidos en línea sin prescripción significa desconocer problemas potenciales de pureza, contaminación o manejo”, explicó Enayat, quien únicamente prescribe péptidos obtenidos mediante canales regulados.
A pesar de manejar estos productos, un vendedor confesó al diario que nunca los consumiría personalmente. “Tengo sobrepeso, pero no me atrevería a usarlos”, dijo. “Los occidentales son quienes están obsesionados. Yo simplemente los vendo”.
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