
Una historia de esclavitud moderna ha conmocionado a Inglaterra tras la condena de Amanda Wixon, madre de 10 hijos, quien fue hallada culpable de mantener a una mujer cautiva en su casa durante más de 20 años. El caso, investigado por la Policía de Gloucestershire y ventilado ante el Tribunal de la Corona de Gloucestershire, reveló una serie de delitos que sacaron a la luz una realidad de crueldad, explotación y privación de derechos fundamentales.
Según informó PEOPLE, Amanda Wixon, de 56 años, fue declarada culpable por un jurado el miércoles 21 de enero de varios delitos relacionados con esclavitud moderna. La Fiscalía de la Corona informó que los cargos incluyen dos delitos de trabajo forzado u obligatorio, uno de encarcelamiento falso y tres de agresión. Wixon, según las autoridades, sometió a su víctima a una vida de trabajos domésticos forzados, privaciones y violencia, aprovechándose de su vulnerabilidad y de la falta de apoyo familiar o institucional.
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Según información de The Times, la víctima, cuya identidad se mantiene en reserva, fue puesta bajo el cuidado de Wixon a los 16 años. En 1996, la joven se mudó a la vivienda familiar de Wixon después de que esta “asumió la responsabilidad” de su bienestar. Desde el inicio, la adolescente quedó bajo un régimen de control total. Según el comunicado policial, la víctima fue encerrada en la vivienda, privada de libertad y obligada a vivir en condiciones precarias durante más de dos décadas.

Según informó Sky News, la explotación a la que fue sometida la víctima fue constante y sistemática. La joven fue obligada a realizar tareas domésticas durante horas cada día, siempre bajo la amenaza de violencia física y psicológica. El trabajo incluía limpiar, barrer los pisos y preparar a los hijos de Wixon para la escuela.
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Las autoridades describieron que la víctima era forzada a pasar largas jornadas de rodillas, lo que le generó callos y lesiones permanentes. Además, se le impedía asearse, aunque debía bañar a los niños y preparar los baños para Wixon. Su alimentación era insuficiente: solo podía comer una vez al día, generalmente restos de comida, y tenía que ocultar dulces para calmar el hambre.
Las condiciones de vida de la víctima eran deplorables. No tenía acceso a atención médica ni dental; vestía ropa usada y vivía en la pobreza, a pesar de que Wixon recibía desde el año 2000 las prestaciones sociales que le correspondían a la joven. La policía, tras publicar imágenes del interior de la vivienda, mostró las condiciones insalubres y la extrema precariedad en la que se encontraba la víctima.
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El cautiverio incluyó una secuencia prolongada de maltratos físicos y psicológicos. La víctima fue golpeada repetidamente cuando Wixon consideraba que las tareas no se hacían de acuerdo a sus exigencias. Los testimonios recabados por la policía detallan que, entre enero de 1997 y marzo de 2021, Wixon estranguló a la víctima, le metió la cabeza en el inodoro y vertió líquidos de limpieza en su rostro y garganta. En otras ocasiones, la pisoteó, la golpeó en la cara con un palo de escoba —provocándole la pérdida de dientes— y le afeitó el cabello a la fuerza, a pesar de que la víctima prefería llevarlo largo.

Los castigos también incluyeron la confiscación de pertenencias personales. Cuando la mujer logró conseguir un teléfono móvil, Wixon se lo arrebató, la golpeó en la cara con el aparato y luego lo destruyó con un martillo, causándole un ojo morado. Los informes médicos posteriores confirmaron que la víctima presentaba cicatrices alrededor de la boca, secuelas de los líquidos de limpieza, y lesiones en los tobillos compatibles con las largas horas de trabajo en el suelo.
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La situación llegó a su fin el 15 de marzo de 2021, cuando la víctima logró pedir ayuda utilizando un teléfono móvil secreto. Según la policía, uno de los hijos de Wixon también alertó a las autoridades por preocupaciones sobre el bienestar de la mujer. Los agentes llegaron a la vivienda esa misma noche y encontraron a la víctima asustada, demacrada y con un fuerte olor corporal. Había perdido todos los dientes y presentaba signos evidentes de desnutrición y maltrato.
Tras el rescate, la víctima fue finalmente atendida por un dentista, quien señaló que había sufrido dolores intensos durante años a causa de infecciones y abscesos nunca tratados. Los médicos constataron el estado de abandono y las heridas físicas que corroboraban el testimonio de la víctima sobre los años de abuso.
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La detective Emma Jackson, de la Policía de Gloucestershire, calificó el caso como uno de los más atroces de servidumbre doméstica y explotación de una persona extremadamente vulnerable. Subrayó la valentía de la víctima al pedir ayuda, pese a conocer las posibles represalias. Laura Burgess, Fiscal Principal de la Corona, destacó la “crueldad, explotación y control inimaginables” ejercidos por Wixon, y elogió la fortaleza de la víctima para recuperarse tras su liberación.
Actualmente, la víctima se encuentra en proceso de recuperación, recibiendo la atención que durante años le fue negada. Wixon, por su parte, ha sido puesta en libertad bajo fianza y espera la sentencia definitiva el 12 de marzo, aunque ha negado todos los cargos. Las autoridades reiteran que el caso representa una muestra alarmante de esclavitud moderna y explotación en pleno siglo XXI.
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