Las autoridades de Alemania detectaron 850 vuelos de drones sospechosos entre enero y octubre de este año, según información divulgada por la revista Der Spiegel, que citó fuentes de la Oficina de Investigaciones Criminales (BKA). Estos sobrevuelos ocurrieron principalmente sobre instalaciones militares, empresas de armamento e infraestructuras críticas.
Der Spiegel destacó el caso de cuatro drones observados el 13 de octubre sobre una instalación del Ejército alemán en Gnoien, en el este del país. En ese lugar, soldados ucranianos recibían formación de especialistas alemanes en defensa antiaérea.
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Las sospechas de vinculación rusa persisten, aunque demostrar la autoría directamente resulta complejo. “Si algo tiene la apariencia de un pato, nada como un pato y hace los ruidos de un pato es probable que sea un pato”, señaló un funcionario de los servicios de seguridad.
Tras la sucesión de incidentes similares en los últimos meses, el ministro de Interior, Alexander Dobrindt, anunció la creación de un centro especial para la defensa antidrones. Las autoridades atribuyen estos vuelos a una presunta estrategia rusa para generar inseguridad, junto con otros presuntos actos de sabotaje.
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“Sabemos que algunos de estos drones también son controlados por potencias extranjeras. Rusia desempeña naturalmente un papel en ello y queremos equiparnos lo mejor posible contra ello”, dijo el ministro en una comparecencia ante la prensa, al subrayar la importancia de la nueva ley de seguridad aérea para que Alemania pueda defenderse contra el sabotaje y el espionaje.
La nueva ley de seguridad aérea permite por lo tanto a las Fuerzas Armadas en el marco de la asistencia “combatir, interceptar e incluso derribar en Alemania drones” que escapen al control de la policía. Afirmó que “no todos los avistamientos de drones suponen automáticamente una amenaza”, pero sí que cada avistamiento “puede convertirse en una amenaza” y, por lo tanto, es necesario reaccionar en consecuencia.
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En el marco de esta investigación, la Fiscalía de Rostock examina si un incendio ocurrido en mayo en el puerto de esa ciudad, ubicada al noreste de Alemania, fue un acto de sabotaje. Documentos sobre amenazas híbridas a los que tuvo acceso Der Spiegel sitúan al puerto de Rostock como punto clave en la exportación de cereales ucranianos, ruta que cobró relevancia después de que el tránsito por el mar Negro se viera comprometido por la guerra en Ucrania. Ahora, el grano ucraniano llega en tren a Rostock y se distribuye desde ahí a nivel global.
Por el momento, la BKA y la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (servicios secretos del interior) monitorean 143 casos bajo sospecha de ser sabotajes orquestados por un estado extranjero.
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(Con información de EFE)
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