
La llegada de lluvias monzónicas transformó la vida diaria en el centro de Tailandia. Calles anegadas, barrios intransitables y una comunidad movilizada ante la emergencia sintetizan estos días, en los que la fuerza del agua obligó al despliegue extraordinario de recursos materiales y humanos.
Según Bangkok Post, en el primer balance oficial tras los episodios más críticos, el Departamento de Mitigación y Prevención de Desastres de Tailandia informó que más de 260.000 personas resultaron gravemente afectadas en las provincias cercanas al río, y que hubo deterioros considerables en la infraestructura pública y privada.
Además, se contabilizaron siete fallecidos a causa directa de las inundaciones y el arrastre en corrientes intensas, conforme a datos del mismo organismo y cifras publicadas por la agencia AFP.
En ese contexto, el primer ministro Anutin Charnvirakul, en sus primeras intervenciones durante una crisis, visitó la localidad de Ayutthaya, una de las más perjudicadas.
Allí, instruyó a los equipos municipales y nacionales para distribuir asistencia inmediata, compuesta por raciones básicas y materiales de supervivencia, y ordenó refuerzos para el monitoreo en zonas de colinas con riesgo de deslizamiento, según relataron las agencias citadas.
“Tenemos un equipo completo para ayudar a la población afectada a hacer frente a sus necesidades más inmediatas”, afirmó Anutin Charnvirakul ante los habitantes y cuerpos de emergencia, como reportó Europa Press.
La expansión de las aguas provocó daños en rutas de transporte, redes eléctricas y sistemas sanitarios, lo que motivó la instalación de albergues temporales y la reorganización logística a nivel local. En la capital provincial, las escenas de vehículos sumergidos, cosechas perdidas y escuelas cerradas reflejaron la urgencia del momento y el esfuerzo conjunto desplegado.

El monitoreo meteorológico nacional descartó que el temporal estuviera vinculado a la tormenta Bualoi, que recientemente impactó Filipinas, aunque la acumulación de lluvias se asocia al régimen estacional habitual en el sudeste asiático.
Las catástrofes hídricas han dejado huellas profundas en Tailandia. Persiste el recuerdo del tifón Kajiki, que el mes pasado causó víctimas en el norte, y de la gran inundación de 2011, con centenares de fallecidos y millones de damnificados, según reporta Bangkok Post. La excepcionalidad de la situación actual ha puesto a prueba tanto a las instituciones estatales como a las redes de voluntariado en las comunidades más vulnerables.

En paralelo a la asistencia, el Ministerio de Salud activó protocolos sanitarios para proteger la salud pública en los refugios y prevenir enfermedades transmitidas por el agua.

A medida que los servicios de emergencia identifican y enfrentan los riesgos directos, los meteorólogos mantienen la alerta y prevén más lluvias en los próximos días. Las autoridades nacionales y provinciales evaluarán la construcción de nuevas infraestructuras y mejoras tecnológicas para el monitoreo, según adelantó el primer ministro en su última reunión con funcionarios y líderes locales.
La experiencia actual representa un desafío para el Estado y la ciudadanía, obligados a responder conjuntamente a una de las manifestaciones climáticas más severas de la región. El objetivo inmediato permanece en la recuperación gradual de la normalidad, la reconstrucción de zonas dañadas y la prevención de futuras complicaciones, mientras los equipos de emergencia continúan desplegados en el terreno.
Un socavón de 50 metros de profundidad colapsó parte de una avenida céntrica en Bangkok
En una semana marcada por emergencias, Tailandia suma a las inundaciones masivas un incidente que alteró el pulso de su capital.
Según detalló Associated Press (AP), un socavón de grandes proporciones sorprendió a vecinos y trabajadores de Bangkok la mañana del miércoles 24 de septiembre, al colapsar una sección de la avenida Samsen, justo frente al Hospital Vajira. El cráter alcanzó los 50 metros de profundidad y se expandió sobre unos 900 metros cuadrados, en una zona de intenso tránsito y actividad hospitalaria.

El colapso ocurrió a las 7:13, durante trabajos de construcción de la estación de metro Vajira Hospital, una obra clave de la expansión de la MRT Purple Line. El gobernador Chadchart Sittipunt explicó a la prensa que el hundimiento se produjo tras el derrumbe de un túnel ferroviario, generando un vacío que aspiró tierra y estructuras cercanas. Tres vehículos, incluido un patrullero, resultaron dañados, mientras otros quedaron peligrosamente cerca del borde del cráter.
El incidente no dejó víctimas fatales, pero generó efectos inmediatos en servicios y seguridad. El Hospital Vajira suspendió consultas externas por dos días y trasladó a unos 3.500 pacientes hospitalizados, pese a que la estructura principal no sufrió daños severos.
(Con información de AP, Europa Press y AFP)
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