Cientos de personas se congregaron esta semana en la playa de St Kilda, al sur de Melbourne, en Australia, para presenciar el sorprendente brillo azul y rosa provocado por un inusual brote de algas bioluminiscentes en la bahía de Port Phillip.
El fenómeno, popularmente llamado “sea sparkles” o “marea roja”, es producido por la especie noctiluca scintillans, que en condiciones óptimas despliega una luminiscencia visible al contacto con el agua, generando un efecto iridiscente que iluminó el litoral con haces de luz que cambiaban de color según las olas.
El primer aviso llegó el domingo, cuando Richard Pensak, biólogo marino de la asociación ambiental Earthcare St Kilda, detectó una nube de tonalidad rosada flotando en la zona costera. “Inmediatamente supe lo que era”, relató Pensak, quien regresó al lugar tras la puesta del sol y encontró a varios grupos de curiosos admirando el “espectáculo realmente bonito y resplandeciente”. Según Pensak, la experiencia resulta “algo que ilumina a las personas”.
Esta microalga genera bioluminiscencia gracias a proteínas especiales llamadas luciferasa, explicaron expertos. La luminiscencia nocturna se activa por el movimiento de las olas y el roce de cuerpos en el agua, formando destellos de luz azulada que se distinguen a simple vista, especialmente en noches claras. Aunque la presencia de noctiluca scintillans no es inédita en Port Phillip, su aparición sigue siendo poco frecuente y causa expectación cada vez que ocurre.
“Es como estar dentro de una galaxia en movimiento”, describió Ryan Abramowitz, escritor e ilustrador local que se acercó el lunes por la noche para ver el fenómeno. Abramowitz relató que se adentró en el agua a pesar de las bajas temperaturas para “sumergirse en las asombrosas y rítmicas estelas de luz”. Asegura que, aunque había visto algas bioluminiscentes antes en Sídney y Bali, nunca había presenciado algo tan intenso en Melbourne. “Definitivamente fue lo más cósmico y mágico, una apertura exquisita para el primer día de la primavera”, dijo.
Desde la perspectiva científica, la proliferación de noctiluca scintillans se ha documentado en Australia desde el siglo XIX, con registros iniciales en la bahía de Sídney en 1860. Shauna Murray, profesora y bióloga marina de la Universidad de Tecnología de Sídney, explicó que los “sea sparkles” son un componente natural de los ecosistemas costeros australianos. La investigadora subraya que la bioluminiscencia responde a la presencia de luciferasa, una proteína que reacciona químicamente con el oxígeno para emitir luz en la superficie del agua durante la noche.
Murray detalló que, aunque este espectáculo es habitual en las costas de Sídney y Tasmania desde los años noventa, su expansión más al sur hasta Tasmania y hacia la bahía de Port Phillip está vinculada con el calentamiento de las aguas causado por corrientes oceánicas recientes. “La distribución de esta alga está directamente relacionada con el aumento de la temperatura en el agua, lo que la lleva a colonizar nuevas zonas”, precisó.

A pesar de la belleza del fenómeno, los especialistas advierten que la proliferación de noctiluca scintillans puede tener efectos adversos sobre la fauna marina. Altos niveles de amoníaco y el descenso de oxígeno en el agua —provocados por grandes concentraciones de algas— pueden irritar o impactar la vida de peces y otros animales. Las autoridades recomiendan precaución a quienes entren en contacto directo con el agua durante estas floraciones masivas, aunque aclaran que no representan un peligro inmediato para los seres humanos.
La aparición de bioluminiscencia en Melbourne se suma a una tendencia observada en diversas costas australianas, en la que los “sea sparkles” se registran con mayor frecuencia debido a condiciones climáticas y oceanográficas cambiantes. El fenómeno ha convertido las noches de St Kilda en un destino inesperado tanto para científicos como para visitantes, que buscan asistir a un espectáculo natural de luz y color en el entorno costero de la ciudad.
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