
En una declaración pública inusualmente abierta, el jefe de la agencia de inteligencia exterior israelí, Mossad, David Barnea, calificó como “históricos” los días que siguieron a la ofensiva israelí contra Irán, y agradeció públicamente a la Agencia de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) por su cooperación.
El mensaje, difundido desde un centro de mando operativo de la agencia, refuerza la idea de que la operación marcó un punto de inflexión en el conflicto estratégico entre ambos países.
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“El peligro iraní, que ha amenazado nuestra seguridad durante décadas, ha sido significativamente neutralizado”, declaró el Mossad, tras una campaña aérea sin precedentes que, según autoridades israelíes, ha dejado el programa nuclear de Teherán severamente dañado.
La operación, denominada Rising Lion, combinó ataques aéreos, ciberoperaciones y acciones encubiertas en territorio iraní. Según revelaron las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), comandos israelíes operaron dentro del país enemigo, y no solo lanzaron ataques, sino que también facilitaron las condiciones para que la aviación israelí obtuviera supremacía aérea. “Logramos una libertad operativa en los cielos de Irán y en todos los lugares donde decidimos actuar”, afirmó el jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir.
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Barnea expresó que el éxito de la ofensiva se basó en la articulación entre inteligencia, tecnología y acción táctica, y subrayó la importancia del respaldo internacional. “Gracias a todo este aparato de seguridad, Israel hoy se siente como un país diferente, un país más seguro, un país más valiente preparado para el futuro”, señaló, en un tono poco frecuente en sus apariciones públicas. También aprovechó la ocasión para reconocer el rol de Washington. “La cooperación con la CIA ayudó a que la operación fuera posible”, afirmó.
En paralelo, la CIA emitió un comunicado firmado por su director, John Ratcliffe, en el que confirmó que “el programa nuclear iraní ha sido severamente dañado por los recientes ataques selectivos”. La agencia estadounidense respaldó sus afirmaciones en nuevas fuentes de inteligencia “históricamente confiables”, las cuales indican que varias instalaciones clave fueron completamente destruidas y deberán ser reconstruidas “en el curso de años”.
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Uno de los elementos más significativos de la operación fue el uso de drones suicidas que, según reportes, fueron introducidos en Irán por agentes del Mossad mediante camiones, contenedores de carga e incluso valijas. Los equipos locales ensamblaron y desplegaron los drones desde dentro del país. Estos dispositivos fueron utilizados para eliminar sistemas de defensa aérea iraníes y misiles tierra-tierra destinados a atacar Israel. “Objetivos que antes parecían imaginarios ahora han sido alcanzados”, sostuvo Barnea, reafirmando la voluntad de la agencia de continuar vigilando el desarrollo nuclear iraní.
Además de los ataques con drones, vehículos cargados con sistemas de armas también fueron ingresados clandestinamente en territorio iraní, lo que otorgó a la aviación israelí una ventaja clave. La combinación de estos factores permitió neutralizar decenas de lanzadores de misiles y retrasar significativamente los planes de expansión militar de Irán.
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Zamir fue aún más tajante. “Tras doce días de combates sin precedentes, puedo decir que las FDI actuaron en su máxima capacidad y cumplieron plenamente los objetivos de la operación”, dijo en una declaración por video. Según su evaluación, el programa nuclear de Teherán “sufrió un daño severo, amplio y profundo y fue retrasado por años.” Añadió que las fuerzas especiales israelíes ejecutaron operaciones en el terreno que permitieron al país sostener su ofensiva con autonomía táctica.
Aunque no se detalló con precisión si estas fuerzas pertenecían al Mossad o a las FDI, las declaraciones de Zamir sugieren una coordinación entre ambos cuerpos. En palabras del jefe militar, los comandos “operaron encubiertos en lo profundo del territorio enemigo y llevaron a cabo operaciones que nos otorgaron libertad de acción”.
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La ofensiva comenzó el 13 de junio con un bombardeo nocturno sorpresa sobre territorio iraní. En sus primeros compases, Israel atacó infraestructuras nucleares, científicos, líderes militares y programas de misiles balísticos. El objetivo declarado fue desmantelar lo que el gobierno israelí considera una “amenaza existencial” proveniente del régimen islámico.
La respuesta iraní no se hizo esperar. Más de 550 misiles balísticos y cerca de 1.000 drones fueron lanzados contra territorio israelí. El saldo fue trágico: 28 muertos y miles de heridos, además de importantes daños en edificios residenciales, universidades, hospitales e infraestructura crítica.
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“Seguiremos atentos a todos los proyectos iraníes conocidos —los conocemos íntimamente— y estaremos ahí, como lo hemos estado hasta ahora", concluyó Barnea.
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