
El 7 de octubre de 2023 cuando Hamas penetró territorio israelí para masacrar y secuestrar inocentes no sólo selló su sentencia, sino la de la mano que lo alimentó durante décadas: Irán. Fue por eso, quizás, que Teherán intentó despegarse de aquel ataque terrorista y avisar que nada había tenido que ver en esa sangrienta incursión. Tarde. El régimen de los ayatolás había engendrado el monstruo.
Hoy, Israel está ejecutando la última etapa del plan que trazó el día después de aquella matanza. Primero eliminó a la cúpula y la estructura militar de Hamas; después descabezó a Hezbollah en el Líbano y dejó su esqueleto severamente dañado; y ahora está enfocando al verdadero enemigo.
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Los iraníes y gran parte del mundo -no sólo Israel- están ante una oportunidad histórica. Quizás haya llegado el momento de preguntarse si no llegó la hora final de la Revolución Islámica que sembró de terror no sólo a su población sino también a otros países de la región y el planeta al intentar exportar su revolución a todas partes.
El régimen conducido primero por el ayatollah Ruhollah Khomeini -desde 1979 a 1989- y por su sucesor Alí Khamenei -desde 1989 a la actualidad- es un adversario hostil y común de los Estados Unidos, de Israel, de Europa y de los países árabes. “Muerte a...”, era un eslogan repetido en cada manifestación que alzara las banderas de la revolución.
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Ese sistema de gobierno -fundamentado en una estructura religiosa y represiva- eliminó cualquier síntoma de oposición o libertad dentro del país. Supo, en sus primeros años -y aún hoy, en su ocaso-, conquistar a intelectuales occidentales que defendieron esa revolución sin compartir los amargos resultados internos de ella.
El régimen está en la actualidad en su momento de mayor debilidad desde 1979. Sus amenazas sobre hacer desaparecer a Israel y a los Estados Unidos parecerían haber quedado en consignas: Israel domina el espacio aéreo de la mitad del país; los sistemas antimisiles o de defensa no impiden que los bombardeos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) hagan blanco una y otra vez; los depósitos subterráneos, sus centrales nucleares, todo, son golpeados incesantemente; para peor, sus contraataques son repelidos en su inmensa mayoría.
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Si el régimen conducido por Khamenei hubiera querido hacer “desaparecer” a su mayor enemigo ya lo hubiera hecho. No parece el caso. En cambio sólo pueden continuar con sus consignas. Las mismas que ya tienen 46 años.
En los primeros días de la “Operación León Naciente”, quedó claro que los blancos que son apuntados por las FDI están relacionados con estructuras militares y nucleares. No hay civiles involucrados. La población lo percibe.
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Las manifestaciones contra el régimen ya comenzaron tibiamente y aumentarán con en los próximos días. La opresión, sienten, debe llegar a su fin: libertad, justicia y democracia son conceptos que sienten más próximo si el régimen sigue debilitándose. Lógicamente que -de concretarse ese cambio histórico- debería adaptarse a su rica cultura, tradiciones y religión.
¿Volvería un Pahlavi al poder de iniciarse una transición? Este sábado, el príncipe heredero Reza Ciro Pahlavi, emitió un mensaje a todo el pueblo iraní: “La República Islámica y sus líderes incompetentes y criminales han arrastrado a Irán a la guerra”. El mayor de los hijos del depuesto Sah de Persia no busca los lujos de la realeza que ostentó su padre. Ni siquiera se hace llamar por sus títulos honoríficos en el exilio.
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En Occidente, algunos ya lo ven como una alternativa de posible unión nacional si el actual régimen fundamentalista cae por peso propio o empujado. Algunos creen que podría asumir el mismo papel que Juan Carlos I en la España de 1975, cuando el abdicado rey jugó un papel clave en la transición democrática del país europeo.
Ante la inminencia de su precipitación, el régimen intentará no ya salvar su programa nuclear, sino su propia subsistencia. Es posible que busque por todos los canales posibles sentar a la mesa de negociación a Estados Unidos -cuyo diálogo y posible trato dilató hasta el hartazgo- para que convenza a Israel de cesar en sus ataques. Pero ese tiempo terminó: Washington puso ante los negociadores iraníes -principalmente su canciller, Abbas Araghchi- un paper con puntos entendibles que hubieran permitido un acuerdo. Pero fue y vino, una y otra vez.
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Ese entendimiento -al que no se arribó y que aceleró los planes israelíes- chocaba con el principal objetivo de Teherán que era contar con la capacidad para enriquecer uranio a niveles que permitieran desarrollar un arma nuclear. De acuerdo a información de inteligencia, ya estaban próximos no a una, sino a quince de ellas.
Tal situación hubiera permitido al régimen teocrático poner en jaque a sus vecinos -y enemigos- más próximos: Israel, Jordania, Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes, entre otros. Pero no sólo esas naciones cercanas podrían verse amenazadas por una detonación nuclear. Las organizaciones terroristas alimentadas y financiadas por Irán, ¿podrían hacerse con un arma semejante?
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Hezbollah, sobre todo, ya probó en otros años su poder de daño muy lejos de Medio Oriente. Pero existen otros grupos que se desplazan por todo el mundo: los hutíes en Yemén, las milicias iraquíes y células en el resto de los países árabes y hasta en América Latina.
La Revolución Islámica ya no goza del entusiasmo inicial que pudo tener hace 46 años, en plena Guerra Fría. Se convirtió en una máquina opresora que despilfarró recursos de los iraníes en guerras y terrorismo. Es por eso que la administración de los ayatolás cuenta con apenas un 15 por ciento de apoyo.
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A diferencia de Siria -que tardó en cambiar su régimen de Bashar Al Assad más de una década, con cientos de miles de muertos y millones de desplazados-, la impopularidad de Khamenei, del actual jefe de estado Masoud Pezeshkian, de las cúpulas militares y de la Guardia Revolucionaria Islámica, podrían hacer más rápida su caída.
De ocurrir un hecho histórico semejante -algo impensado previo al infame 7 de octubre de 2023- un nuevo gobierno de transición podría recibir ayuda de Occidente y de sus vecinos que hoy desconfían, con razón, del ex imperio. Sólo unos pocos extrañarían o intentarían sostener a ese sistema de gobierno: aquellos que se nutren de su petróleo, sus drones o simplemente comulgan con el odio a la libertad.
X: @TotiPI
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