Un teléfono móvil encendido en la oscuridad. Dos adolescentes y su abuela heridas, sentadas en un hueco estrecho entre muros derrumbados y escombros. El video, grabado el sábado por una de las jóvenes atrapadas, documenta desde adentro el encierro forzado en los restos del edificio Sky Villa, colapsado tras el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el centro-norte de Myanmar el viernes pasado.
Las imágenes muestran el interior del derrumbe: fragmentos de paredes, vigas partidas y cables sueltos. Una de las niñas golpea los escombros y grita pidiendo ayuda. En el fondo se escucha a otras personas, apenas audibles, desde el otro lado de las ruinas.
La abuela aparece con el rostro y la ropa ensangrentados. La cámara la enfoca mientras permanece sentada en el espacio reducido que comparten con las adolescentes. A pesar de las heridas y la precariedad, no se detiene el registro. La cámara sigue funcionando.

En una de las grabaciones, se ve a una de las adolescentes filmándose a sí misma, a su hermana y a su abuela detrás. No hay sonido. Solo las imágenes: el encierro, la espera, el polvo, el calor.
Los trabajadores en el lugar confirmaron posteriormente el rescate de las tres sobrevivientes.

Desde que ocurrió el terremoto el viernes, el más fuerte en impactar Myanmar en más de un siglo, se han confirmado al menos 2.719 víctimas fatales, una cifra que, según el jefe militar Min Aung Hlaing, podría superar las 3.000. En un discurso televisado este martes, también detalló que 4.521 personas resultaron heridas y 441 permanecen desaparecidas.
Los hospitales, tanto públicos como privados, están desbordados. Muchas personas han abandonado sus casas por miedo a réplicas y se refugian en monasterios, campos abiertos y canchas de fútbol.
En ese contexto, otra joven de Mandalay, una estudiante de 16 años identificada como Yoon May (nombre ficticio), relató a través de la ONG Save the Children: "No podía procesar lo que estaba pasando. Simplemente corrí. Escapé a duras penas. En el momento en que salí, los ladrillos comenzaron a caer del techo". Había estado comiendo en su casa cuando comenzó el sismo. “Todos corrimos al campo cerca de nuestra casa. Este fue el primer terremoto que experimenté. Fue aterrador”.

La familia de Yoon May perdió su vivienda y ahora duerme al aire libre, sin electricidad ni agua corriente. La adolescente lamentó que el desastre haya ocurrido justo antes de la celebración del Año Nuevo birmano, conocido como Thingyan. “Acababa de terminar mis exámenes y estaba deseando celebrar ‘Thingyan’ con mis amigos y visitar la casa de mi tía. Pero ahora, todo lo que quiero hacer es llorar”.
A tres días del terremoto, la llegada de ayuda sigue siendo limitada. Las zonas más afectadas, en las regiones de Sagaing y Mandalay, presentan daños severos en caminos, lo que dificulta las tareas de rescate y asistencia humanitaria.
Mientras tanto, los registros como el video captado en Sky Villa dan cuenta de una realidad que hasta ahora había quedado bajo tierra. Un testimonio visual del instante en que la vida cotidiana se transforma en resistencia.
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