
La periodista italiana Cecilia Sala describió su encarcelamiento de 21 días en la prisión iraní de Evin, detallando su experiencia de aislamiento, interrogatorios diarios y duras condiciones en un podcast de Chora Media, el medio por el que la reportera trabaja.
“Tengo que volver a acostumbrarme a las cosas, necesito descansar. Anoche no pude dormir de la emoción y la alegría, la noche anterior de la angustia. Estoy bien, muy contenta”, dijo Sala al presentador del podcast, Mario Calabresi, en el episodio titulado “Mis días en Evin, entre interrogatorios y aislamiento”.
La periodista expresó sentimientos encontrados sobre su liberación. “Siento un poco de culpa por la suerte que tuve. Tuve mucha suerte o todos fueron muy buenos: Daniele [Raineri, su pareja], mis padres, tú [refiriéndose a Mario Calabresi], la gente con la que trabajo y para la que trabajo, evidentemente el gobierno, la diplomacia, los servicios de seguridad. Las condiciones eran realmente complicadas... fue muy difícil sacarme en 21 días, dadas las circunstancias“.
Sala contó que, cuando la detuvieron el 19 de diciembre, estaba trabajando en un episodio de su podcast en la habitación de su hotel: llamaron a su puerta y pensó que eran limpiadores. Afirmó que antes de ser conducida a la prisión de Evin la llevaron a otro lugar, donde le hicieron preguntas, de las que dedujo que “no iba a ser breve”.
Durante su detención, Sala estuvo recluida en una celda sin una cama adecuada, disponiendo únicamente de mantas sin almohadas ni colchones. Sólo consiguió reír dos veces durante sus 20 días de aislamiento: “La primera vez vi el cielo y luego un pajarito que hacía un ruido gracioso. El silencio es otro enemigo en ese contexto”.
El aspecto más difícil, según Sala, fue el psicológico. “Tu cabeza, cuando no tienes nada que hacer, no se cansa, no te da sueño, no duermes..... Allí, una hora parece una semana“. Quería desesperadamente material de lectura, en particular solicitó una versión en inglés del Corán, que le fue denegada durante muchos días.
Las autoridades iraníes también le confiscaron las gafas y las lentes de contacto, alegando motivos de seguridad. “No puedo ver sin mis lentes de contacto y mis gafas”, explicó, señalando que los anteojos se consideraban peligrosos como posibles herramientas para autolesionarse. Los utensilios de escritura también estaban restringidos.
Cuando se le preguntó qué era lo que más extrañaba durante su detención, Sala mencionó a su compañero, el periodista del Post Daniele Raineri, y un libro, que finalmente recibió en su penúltimo día: una versión en inglés de “Kafka en la orilla”, de Haruki Murakami. “Lo que más quería era un libro”, dijo, “la historia de otra persona, algo que me llevara lejos”.

Durante las dos primeras semanas, Sala fue sometida a interrogatorios diarios, aunque nunca se le explicó el motivo concreto de su detención.
“Comprendí que me acusaban de delitos que ellos llaman ‘propaganda contra la República Islámica’”, dijo, y añadió que había otras acusaciones más graves.
Sala dijo que que días antes había leído sobre el arresto del empresario iraní Mohammed Abedini Najafabadi en Italia y especuló con que ese podía ser el motivo de su detención. “Pensé, entre otras hipótesis, que ese podía ser el motivo, que podía haber una intención de utilizarme”. Abedini, quien había sido arrestado en Milán a pedido de EEUU, fue liberado este domingo.
Aunque mantiene que su integridad física no se vio amenazada, reconoció temer por su vida, sobre todo teniendo en cuenta las penas definitivas del país.

En sus últimos días, Sala compartió celda con una mujer iraní llamada Farzaneh. Sólo se enteró de su liberación horas antes de que la llevaran al aeropuerto. “No me lo creía, pensaba que era un truco”, dijo.
Tras su liberación, Sala describió haber experimentado un “sentimiento de culpa de los afortunados”, sobre todo en relación con su compañera de celda. “Empecé a pensar en cómo decirle que me liberarían, en el hecho de que volvería a estar sola, como yo lo había estado durante tantos días, la condición psicológicamente más difícil de soportar.”
Un guardia con el que había desarrollado una relación limitada le informó de su liberación, tras lo cual la llevaron directamente al aeropuerto. Durante su último viaje por Teherán, Sala reflexionó sobre la posibilidad de que fuera su última visión de Irán, país con el que mantiene profundos vínculos.
De hecho, a pesar de su terrible experiencia, la periodista expresó que sigue sintiendo afecto por Irán.
“Sigo queriendo a Irán y quiero a las mujeres iraníes que llevan con orgullo sus velos pero no quieren que nadie castigue a las chicas que no quieren hacerlo”, dijo. "Amo a Irán en su complejidad, amo a mis amigos. Mi comprensión y afecto por el país no han cambiado”.
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