
Celeste Caeiro, la mujer que con sus claveles dio el nombre a la Revolución de 1974 en Portugal, murió este viernes a los 91 años en la localidad de Leiria. La noticia fue confirmada por su nieta Carol, quien informó que desde hacía tiempo padecía de problemas respiratorios.
“Por siempre, mi abuela Celeste. Cuídame”, escribió en sus redes sociales.
Celeste Caeiro, de madre española, trabajaba en el restaurante “El Sifire”, en el centro de Lisboa, allá por 1974, cuando se produjo el levantamiento. Según ella misma comentó en una entrevista, aquel 25 de abril, los dueños del local habían organizado una celebración por su primer aniversario y habían comprado flores para decorar el espacio y dar a los clientes.
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Sin embargo, a raíz de la revuelta, ese día el restaurante decidió no abrir, algo que Caeiro se enteró al llegar al sitio y ver las puertas cerradas. Los dueños le dieron parte de los claveles para que no se echasen a perder y le recomendaron regresar a su casa por seguridad.

Caeiro decidió no seguir el consejo y, en su lugar, tomó varios ramos de flores rojas y blancas y salió a recorrer la capital, para enterarse de qué estaba ocurriendo.
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Eran ya cerca de las nueve de la mañana. Se tomó el metro hasta la plaza del Rossio, justo al inicio del Lago do Carmo, y vio allí los tanques de los sublevados, a la espera de órdenes desde la madrugada.
“Los miré y le dije a un soldado: ‘¿Qué es esto? ¿Qué están haciendo aquí?’”, recordó la mujer, que sumó a su relato la respuesta de los oficiales: “Vamos para el Cuartel del Carmo, donde está Marcello Caetano, el presidente (heredero del régimen de Salazar)”.
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En ese intercambio, uno de los soldados le pidió un cigarrillo, que Caeiro no pudo darle porque no fumaba. En su lugar, la mujer, que iba cargada de flores, le ofreció una, a modo de disculpa por no poder ayudarlo.
“Tomé un clavel, el primero fue rojo, y él lo aceptó. Como soy así, tan pequeñita, y él estaba encima del tanque, tuvo que estirar el brazo. Agarró el clavel y lo colocó en su fusil”, contó.
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De inmediato, el resto de los militares siguieron a su compañero y le pidieron también una flor, para poner en la punta de sus armas.
La imagen se volvió un símbolo de la Revolución -que se recuerda por la ausencia de derramamiento de sangre- y un ícono de libertad, que la entonces militante del Partido Comunista jamás hubiera imaginado.
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“Hay gente que todavía piensa que (Celeste) fue una florista, pero mi abuela no era florista”, dijo su nieta al recordar este noble gesto que pasó a la Historia.
A pesar de su relevancia para el país, Caeiro nunca ha sido homenajeada en vida, algo que su familia lamenta. El Ayuntamiento de Lisboa, sin embargo, tomó una propuesta del Partido Comunista portugués y aprobó por unanimidad honrarla con la concesión de la medalla de la ciudad y con una “intervención evocadora” en “un lugar público de la capital”, aunque se desconoce cuándo ocurrirá.
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Caeiro falleció el mismo año en que se cumplió el 50° Aniversario de la revuelta que puso fin a la dictadura en el país.
(Con información de EFE y Europa Press)
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