
El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, dijo el viernes que había mantenido conversaciones con sus homólogos del G7 en Alemania y que éstas habían sido “útiles, fructíferas, muy honestas y orientadas a resultados”.
Además, instó a los partidarios de Ucrania a suministrar más armas, incluidos múltiples sistemas de lanzamiento de cohetes y aviones militares, y a ejercer más presión sobre la economía de Rusia aumentando las sanciones y confiscando los activos soberanos rusos para pagar la reconstrucción del país.
Kuleba elogió a sus aliados por el apoyo financiero y militar que han brindado hasta ahora a Ucrania, mientras que el jefe de asuntos exteriores de la Unión Europea anunció un plan de ayuda para dar a Ucrania otros 500 millones de euros (520 millones de dólares) para comprar armas pesadas para defenderse de la invasión rusa.
“Proporcionaremos un nuevo tramo de 500 millones más para apoyar a las fuerzas armadas de Ucrania”, dijo Josep Borrell, alto representante de política exterior de la UE, en la reunión del G-7 en Weissenhaus, en la costa alemana del Mar Báltico.

Los fondos se destinarían a la compra de armas pesadas y llevarían el apoyo financiero total de la UE a Ucrania a 2.000 millones de euros (2.100 millones de dólares), agregó.
Los diplomáticos de la UE advirtieron, sin embargo, que cualquier desembolso requiere el respaldo de los 27 miembros del bloque, mientras que algunos países están expresando sus dudas por lo que es poco probable que se apruebe antes de la próxima semana.
Kuleba añadió que su país está dispuesto a entablar conversaciones diplomáticas con Rusia para desbloquear el suministro de granos y lograr una solución política a la guerra en Ucrania, pero aclaró que no aceptará ultimátum de Moscú.
El ministro dijo que, hasta ahora, el gobierno ucraniano no había recibido “ninguna respuesta positiva” de Rusia, que, según él, “prefiere las guerras a las conversaciones”.

“Estamos listos para hablar, pero estamos listos para una conversación significativa basada en el respeto mutuo, no en los ultimátum rusos arrojados sobre la mesa”, dijo Kuleba a los periodistas, al margen de una reunión de ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de las Siete principales economías del mundo.
Borrell también expresó la esperanza de lograr pronto que los estados miembros del bloque acuerden un embargo petrolero contra Rusia, a pesar de la resistencia de Hungría, que depende en gran medida de las importaciones rusas.
Kuleba dijo que planea unirse a una reunión de diplomáticos de la Unión Europea en Bruselas el lunes, donde se discutirá el tema. “Es un momento crítico, en el que veremos si sigue habiendo unidad de la UE o no”, dijo, y afirmó que las preocupaciones de Hungría eran “más argumentos políticos que económicos”.
“(El presidente ruso, Vladimir) Putin ha estado trabajando durante muchos años en ese objetivo, el de romper la unidad de la Unión Europea”, agregó.

La reunión de tres días del G7, que finaliza el sábado, ofreció una oportunidad para que los principales diplomáticos de Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Estados Unidos discutieran las implicaciones geopolíticas más amplias de la guerra de Ucrania, así como otros problemas del mundo. Se invitó a representantes de Moldavia e Indonesia a participar en algunas de las conversaciones.
Los funcionarios del G7 consideraron cuestiones como cómo pagar la eventual reconstrucción de Ucrania y las futuras relaciones con China durante sesiones informales en el balneario costero, que fue aislado de posibles manifestantes por la presencia de unos 3.500 policías.
El grupo emitió una serie de declaraciones el viernes por la noche, comprometiéndose a apoyar el lanzamiento de vacunas contra el COVID-19 en los países pobres y enfatizando la necesidad de prepararse mejor para las emergencias humanitarias.
Señalaron el riesgo de que el cambio climático aumente la inestabilidad política, social y económica, lo que dificulta que los países vulnerables aborden las causas y los impactos del calentamiento global.

La anfitriona de la reunión, la ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, destacó los vínculos entre la guerra en Ucrania y otras crisis al advertir que si no se desbloquean millones de toneladas de granos atrapados en el país, podría causar una grave escasez de alimentos en otros lugares.
“Solo podemos ver la punta del iceberg en este momento”, dijo. “Todos sabemos que (...) si la crisis climática golpea en verano en todo el mundo, la situación empeorará aún más”.
(Por Frank Jordans - AP)
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