
Las mujeres soldados juegan un papel importante en el ejército israelí, un hecho que es particularmente evidente entre el batallón “Caracal”.
Se estableció en 2004 con el propósito de incorporar mujeres en servicio a las unidades de combate y hoy dos tercios de sus miembros son mujeres.
El nombre del batallón es una referencia al gato caracal, común en la región de Aravá. Su misión principal es realizar patrullas de rutina en la frontera de Israel con Egipto y Jordania.
Durante una década, siguió siendo el único batallón de infantería de género mixto en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), hasta que se formaron otros tres entre 2014 y 2017, elevando el número de mujeres combatientes de unos pocos cientos a varios miles en la actualidad.
Para conocer más sobre este batallón, Infobae habló con la capitán Michal-Lee Eliel, comandante Operacional del batallón, la capitán Jazz Reagan, comandante de Fusileros, y la capitán Gal Shidlo, quien comandó la primera compañía de tanquistas mujeres en las FDI.
“Un privilegio”

Jazz Reagan, de 23 años y quien fue comandante de compañía para el entrenamiento de combatientes, explica que la principal tarea del batallón es proteger la frontera con Egipto y, a veces, con Jordania.
“Lo que hacemos en general son patrullas ya sea en vehículos o a pie en la frontera”, cuenta en una entrevista por Zoom. “Estamos preparadas para impedir que cualquier organización pueda ingresar”.
“Nuestra misión principal es proteger a los ciudadanos de Israel de la frontera”, agrega Gal Shidlo, una oficial condecorada que se desempeñó como comandante de pelotón, teniente coronel y oficial de operaciones en la brigada y comandó la primera compañía de tanquistas mujeres en las FDI.

Michal-Lee Eliel ahonda en las razones que motivaron a ella y a sus compañeras a ingresar al batallón.
Eligió este puesto, dice, debido a lo que representa: el 33, el número del batallón, indica las 33 mujeres del Palmach, la unidad de élite del ejercito no oficial de la comunidad judía durante el Mandato Británico de Palestina, que cayeron en la Guerra de la Independencia del Estado de Israel.
“Servir en el batallón es un privilegio”, resume.
Hoy, con su compañía, se encuentra en una línea avanzada en la frontera de la Franja de Gaza, en medio del la tensión de la situación actual.

Contrabando y terroristas
En la zona fronteriza donde opera el Batallón Caracal el problema principal en los últimos años fue el contrabando, con el ingreso ilegal de drogas y mercancías por un valor de miles de millones de séqueles cada año, según estimaciones oficiales. En algunos casos, los contrabandistas pueden volverse violentos abriendo fuego contra las fuerzas que intentan detenerlos.
“Es el problema más grande porque pasa todos los días”, asegura Gal Shidlo.
La capitán explica que cada intento de contrabando involucra un número muy alto de personas armadas y, por ende, peligrosas.
“Los contrabandistas están dispuestos a disparar y usar sus armas. Las fuerzas tenemos que lidiar con ellas como si fueran un grupo terrorista, ya sea con arrestos o respondiendo al fuego”, explica.

Cada noche, dice, logran detener grupos armados de contrabandistas. Explica que, en algunas ocasiones, incluso dejan pasar a los contrabandistas a Israel para arrestarlos y poder secuestrarles la mercadería, algo que los daña más a largo plazo. La última vez que ocurrió fue hace una semana.
“Logramos detener una acción de contrabando por un valor de 2,4 millones de seques (casi 750 mil dólares)”, dice Shidlo.
El trabajo del batallón en los últimos años fue especialmente exitoso.
“La precisión e innovación de la brigada en general ha logrado que en los últimos años el contrabando de la frontera bajara del 80 por ciento”, explica.
Por otro lado, si bien en su día a día el Batallón Caracal se ocupa del contrabando, no es la única preocupación de la unidad.
Otro grande desafío en la zona fronteriza es la presencia de terroristas vinculados al Estado Islámico con base en el Sinaí.
“No hay una confrontación en el día, pero sabemos que es una organización seria, peligrosa. Nuestras fuerzas están listas para confrontarlos de necesario”, dice.
Aún así, operar en defensa fronteriza en un entorno desértico no es una tarea fácil.
Según Jazz Reagan, la primera cualidad necesaria para desempeñarse con éxito en el batallón el “carisma”. También, agrega, se requieren “capacidad de razonamiento, saber usar la lógica, saber usar las armas”.

Otra cualidad necesaria es la capacidad liderazgo. “Un soldado tiene que saber que si su comandante cae en fuego, tiene que estar listo para tomar el cargo”, asegura.
“Las mujeres ya no tienen que demostrar nada”
Las tres capitanas coinciden en que ser un batallón mixto conlleva numerosas ventajas.
“Cuando los hombres y las mujeres se complementan, crean un ambiente mucho más diverso”, asegura Michal-Lee Eliel. “Lo que hace que el Caracal sea un batallón que tanto destaca es que conviven varios tipos de personas”.

De hecho, un estudio de 2015 realizado por el Cuerpo de Marines de los EE. UU. sobre la eficacia de las unidades de género mixto encontró que sobresalían en la toma de decisiones complejas y tenían menos problemas disciplinarios.
Sin embargo, en Israel algunos sectores conservadores consideran la integración de género en como un “experimento social peligroso” con ramificaciones potenciales para la seguridad nacional. Otro de los argumentos más comunes en contra de la participación de las mujeres en el ejército es que, en promedio, son físicamente más débiles que los hombres.
Unos argumentos que las tres rechazan con fuerza.
“Invito a todas las personas que creen que las mujeres no son suficientemente fuertes a visitar al batallón para ver que la realidad no es así”, dice Jazz Reagan. “Esto no es un experimento porque ya ocurre en el día a día”.
“Hay mujeres de todo tipo que aprenden a ser líderes, combatientes”, destaca. Y agrega: “Es ese tipo de ideas que es en sí mismo peligroso para la sociedad”.
“El ejército está compuesto de gente que quiere cuidar a sus familias y cuidar al país”, dice por su parte Gal Shidlo, mientras Michal-Lee Eliel cree que las las mujeres “ya no tienen que demostrar nada a la sociedad”.
“Lo que aprendí en mi servicio militar como oficial”, concluye Jazz Reagan, “es que cualquier persona que cree en sí misma y trabaja para ello, sin importar su genero, religión o etnia, puede lograr cualquier objetivo que se proponga”.
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